Homilía en la Misa por los 50 Años de la Erección Canónica de la Parroquia de San Felipe de Jesús

Templo Parroquial de San Felipe de Jesús, Chichimequillas, El Marqués, Qro., viernes 16 de agosto del 2013.
Annus Fidei – Año de la Pastoral Social – Año Jubilar Diocesano

 

Estimado Sr. Pbro. Rodrigo López Cepeda,
Muy queridos miembros de la Vida Consagrada,
Muy apreciados jóvenes y niños,
Hermanos y hermanas todos en el Señor:

 

1. Con el gozo y la alegría de la fe en Jesucristo resucitado, les saludo a cada uno de ustedes queridos fieles de esta comunidad parroquial de San Felipe de Jesús, al celebrar juntos en este día la acción de gracias por los 50 años desde que mi predecesor Don Alfonso Toriz Cobián, decretó la erección canónica de esta comunidad cristiana, el 17 de agosto de 1963. Saludo al P. Rodrigo López Cepeda, quien pastorea temporalmente esta porción del pueblo de Dios. De manera muy especial saludo cada uno de los miembros del Consejo Parroquial de Pastoral. Su presencia es clave en la vida de la parroquia. Gracias por todo el trabajo que desempeñan en favor de la Nueva Evangelización. Me da gusto que estén presentes en este día representantes de las 10 comunidades que forman esta comunidad parroquial.

2. Esta celebración jubilar adquiere un especial significado en este año que como Iglesia celebramos el año de la fe, el año jubilar en la Diócesis y el año de la Pastoral Social; es una oportunidad propicia para recomenzar desde Cristo y tomar conciencia de la importancia de nuestra fe y de nuestro compromiso cristiano en el anuncio gozoso del evangelio; asumiendo nuestra identidad bautismal cada una de las comunidades parroquiales ha de renovarse en sus estructuras y en su dinamismo con el firme propósito de que el Reino de Dios sea una realidad presente entre nosotros.

3. Celebrar este aniversario, es una oportunidad para reafirmar la identidad parroquial, la cual como dice el Concilio Vaticano II, “representa a la Iglesia visible establecida por todo el mundo” (Const. Sobre la Sagrada liturgia Sacrosanctum Concilium, 42). Pues la parroquia es  “la última localización de la Iglesia; es, en cierto sentido, la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas. Es «la familia de Dios, como una fraternidad animada por el Espíritu de unidad», es «una casa de familia, fraterna y acogedora», es la «comunidad de los fieles». En definitiva, la parroquia está fundada sobre una realidad teológica, porque ella es una comunidad eucarística. Esto significa que es una comunidad idónea para celebrar la Eucaristía, en la que se encuentran la raíz viva de su edificación y el vínculo sacramental de su existir en plena comunión con toda la Iglesia” (Exhort. Apost. Post. Christifideles laici, 26).

4.  Es necesario que todos, pastores y fieles, volvamos a descubrir, por la fe, el verdadero rostro de la parroquia; o sea, el «misterio» mismo de la Iglesia presente y operante en ella. Sobre todo en una cultura plurisecular y globalizada, donde la identidad personal y cristiana se ve muchas veces atropellada y menoscabada por las grandes masas. Es importante que la parroquia se convierta cada día más en una comunidad en la que en las que vivan y se formen los discípulos misioneros de Jesucristo. En una célula viva de la Iglesia y en el lugar privilegiado en el que la mayoría de los fieles tengan una experiencia concreta de Cristo y la comunión eclesial. En pocas Palabras en “casa y escuela de comunión” (cf. DA, 170).

5. En la liturgia de la Palabra de este día, hemos escuchado un texto del libro de Josué, donde se narra una síntesis de la prodigiosa historia de la salvación, en la que Dios ha sido el principal artífice de ella (cf. Jos24, 1-13).  Proponiendo a Abraham un proyecto de amor, Dios pacta con el pueblo de Israel una alianza de fidelidad, conduciéndolo por el desierto entre el crisol y la prueba, lo prepara para entrar a la tierra que le dio en herencia y mana leche y miel.

6. Queridos hermanos y hermanas, leído este texto a la luz de nuestra celebración jubilar, alcanzamos a descubrir como la Historia de la Salvación es nuestra propia historia, la historia de la parroquia. Un día por el bautismo cada uno de nosotros fuimos llamados a ser parte de los nuevos hijos de Abraham; en el desierto de la vida Dios nos confirma en su gracia mediante los sacramentos; de manera especial nos alimenta con el “verdadero pan del Cielo” en la Eucaristía, y nos purifica de nuestros pecados con el Sacramento de la Reconciliación, cada vez que arrepentidos nos acercamos al trono de la gracia. Como Iglesia, pueblo de Dios, anhelamos el cielo como la tierra prometida, donde veremos a Dios cara a cara. Y mientras peregrinamos por este valle de lágrimas, la presencia protectora de los santos, en especial de la Virgen María y de nuestro santo patrono San Felipe de Jesús, nos acompañan con su intercesión y con su protección.

7. La historia nos relata que en la construcción de la identidad de esta parroquia, han contribuido numerosos sacerdotes y laicos, tanto en lo material como en lo espiritual. En lo material, por ejemplo, los señores hacía faenas y las mujeres y los niños acarreaban piedra, bajo la tutela de su primer Párroco, Don Felipe De Jesús  Ríos, quien durmió en una casa de campaña hasta que le fue posible habitar la casa. Esto nos enseña que es necesario sentirse parte de esta tarea, quizá hoy ya no es necesario construir otro templo parroquial, pero sí es necesario construir la Iglesia en cada familia, la “Iglesia Doméstica”, en las periferias — como dice el Papa Francisco — de los jóvenes, de los ancianos, de  los que sufren por el alcoholismo y al drogadicción, de los matrimonios que han perdido el rumbo de su vida familiar. Es necesario, queridos hermanos, sumarnos cada uno al proyecto misionero de Jesús, para hacer de cada hombre un “enamorado de Jesucristo” y muchos hombres y mujeres puedan así tener sentido su vida. “La transmisión de la fe, que brilla para todos los hombres en todo lugar, pasa también por las coordenadas temporales, de generación en generación” (cf. Lumen fidei, 38). Por eso, es necesario que cada familia sea consciente del papel que representa para hacer que la fe pase a las siguientes generaciones. Este ha de ser el objetivo en los próximos  años de esta parroquia y de toda la Iglesia.

8. Queridos hermanos y hermanas, debemos estar cada vez más convencidos del particular significado que asume el compromiso apostólico en la vida de la parroquia. “La parroquia ofrece un ejemplo luminoso de apostolado comunitario, fundiendo en la unidad todas las diferencias humanas que allí se dan e insertándolas en la universalidad de la Iglesia. Los laicos han de habituarse a trabajar en la parroquia en íntima unión con sus sacerdotes, a exponer a la comunidad eclesial sus problemas y los del mundo y las cuestiones que se refieren a la salvación de los hombres, para que sean examinados y resueltos con la colaboración de todos; a dar, según sus propias posibilidades, su personal contribución en las iniciativas apostólicas y misioneras de su propia familia eclesiástica” (Conc. Ecum. Vat. II, Dec. sobre el apostolado de los laicos Apostolicam actuositatem, 10).

9. Los mejores esfuerzos de la parroquia deben estar en la convocatoria y en la formación de laicos misioneros. Solamente a través de la multiplicación de ellos podremos llegar a responder a las exigencias misioneras del momento actual. Es importante recordar que el campo específico de la actividad evangelizadora laical es el complejo mundo del trabajo, la cultura, las ciencias y las artes, la política, los medios de comunicación y la economía, así como los ámbitos de la familia, la educación, la vida profesional, sobre todo en los contextos donde la Iglesia se hace presente solamente por ellos (cf. DA 174).

10. Les felicito por este aniversario y les invito en esta tarde a renovar el patrocinio de San Felipe de Jesús, su testimonio de vida y su ejemplo, harán de cada uno de nosotros, testigos auténticos del evangelio, inclusive si fuese necesario, entregando la vida con el martirio.

 San Felipe de Jesús,
Protomártir de México,
que llevaste tu espíritu generoso hasta el
extremo del mundo,
enséñanos a medir el valor exacto de las cosas;
que nuestra patria y nuestra parroquia
vuelva a su antigua riqueza espiritual,
y sea Dios el Señor de cada vida.

San Felipe de Jesús,
que aprendamos de ti
a ser como el mundo nos necesita.
¡Glorioso Mártir Mexicano,
ruega por tu Patria y por esta parroquia
y por los que vivimos en ella! Amén.

†  Faustino Armendáriz Jiménez
Obispo de Querétaro