DESDE LA CEM: Mensaje en la entrega de reconocimiento a nuevas asociaciones religiosas.

CEREMONIA DE ENTREGA DE RECONOCIMIENTOS A NUEVAS ASOCIACIONES RELIGIOSAS, EN EL XXV ANIVERSARIO DE LAS REFORMAS A LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS EN MATERIA DE LIBERTAD RELIGIOSA Y ESTADO LAICO. SEÑOR OBISPO AUXILIAR DE MONTERREY, MONS. ALFONSO G. MIRANDA GUARDIOLA, SECRETARIO GENERAL DE LA CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO.

CIUDAD DE MÉXICO A 6 DE JULIO DEL 2017.

Muy buenas tardes a todos.

Saludo con respeto y aprecio al Señor Secretario de Gobernación, Lic. Miguel Ángel Osorio Chong; al Subsecretario de Población, Migración y Asuntos Religiosos, Lic. Humberto Roque Villanueva, y al Director General de Asociaciones Religiosas, Lic. Arturo Manuel Díaz León.

Manifiesto un reconocimiento a mis hermanos obispos, sacerdotes y ministros de culto aquí presentes, así como a las iglesias por ellos representadas. Les comparto que el Papa Francisco en Azerbaiyán afirmó, en un diálogo interreligioso que: “… las religiones tienen una tarea educativa: ayudar al hombre a dar lo mejor de sí. Y nosotros, como guías, tenemos una gran responsabilidad para ofrecer respuestas auténticas a la búsqueda del hombre… en las vertiginosas paradojas de nuestro tiempo” (2 de octubre de 2016).

Agradezco mucho la oportunidad de participar en este vigésimo quinto aniversario de la reforma a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en materia de libertad de culto y asociaciones religiosas, así como de la publicación de la ley secundaria.

Estos hechos han sido el reinicio de una larga historia que nos llama a contemplar el horizonte, a seguir fortaleciendo nuestros lazos de respeto mutuo y colaboración entre el Estado y las iglesias, para dar respuestas mucho más humanas e integrales a los desafíos históricos vigentes, más aún, considerando el Cambio de Época que vivimos, caracterizado por las exigencias de nuevos paradigmas, entre ellos: el cuidado extremo en los derechos humanos, la sostenibilidad del desarrollo preservando el medio ambiente, la gobernanza, la democracia participativa, la transparencia, la dinámica propia de la globalización, la migración y la responsabilidad social en la actividad económica. Me atrevo a decir que en estos tiempos se pone en debate el todo, la idea misma de humanidad.

El Beato Pablo VI, llamado el Papa de la renovación -por su entrega en la conclusión y aterrizaje del Concilio Vaticano II-, expidió el día 26 de marzo de 1967 una encíclica social llamada el Progreso de los Pueblos (Populorum Progressio). En el numeral 42, afirmó:

Es un humanismo pleno el que hay que promover. ¿Qué quiere decir esto sino el desarrollo integral de todo ser humano, y de todo el ser humano? Un humanismo cerrado, impenetrable a los valores del espíritu y a Dios, que es la fuente de ellos, podría aparentemente triunfar… El humanismo exclusivo (o excluyente) es un humanismo inhumano. No hay, pues, más que un humanismo verdadero que se abre al Absoluto en el reconocimiento de una vocación que da la idea verdadera de la vida humana.

Lo anterior es totalmente vigente. El ser humano no puede permanecer cerrado a los valores trascendentes. Si observamos bien, el drama de muchas cuestiones como la corrupción, la violencia, la explotación irracional de los recursos naturales e incluso del ser humano, nace de personas que no ven otro valor que el de su propio interés, proyecto de vida o fin. Es una humanidad atrapada en sí misma, autorreferencial, sin capacidad de relación, encuentro, participación ni solidaridad.

El Dios de la vida, y todo lo que ello implica, nos invita a salir de nosotros mismos, a romper nuestros egoísmos y pequeños mundos, para vivir en una dinámica de comprensión, de complementariedad, de búsqueda conjunta del bien, la belleza, la verdad, de acuerdo a un orden dado y puesto a nuestra disposición para engrandecerlo.

Cierto, el gran desafío que tenemos las religiones es presentar a toda persona, la experiencia del verdadero acontecimiento religioso, cada vez de una mejor manera, con el fin de integrar la fe y la razón, cuerpo y espíritu, vida individual y social, la vida histórica con el destino y la vocación a la trascendencia.

 Reconocemos que muchos son los avances recientes de nuestra Constitución Política, incluyendo el reconocimiento vinculatorio de muchas disposiciones en los acuerdos y tratados internacionales, especialmente en derechos humanos, libertad religiosa, Estado laico, entre otros, que nos alientan a coadyuvar para actualizar nuestra Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público. Manifestamos nuestro interés y voluntad de diálogo y encuentro para hacerlo.

Agradezco nuevamente esta invitación, y manifiesto mi alegría por este aniversario, que no sólo es una fecha, sino todo un camino de colaboración y respeto entre el Estado y las iglesias.

 

Enhorabuena y muchas gracias.