Mensaje de Pascua 2015

| abril 4, 2015

Santiago de Querétaro, Qro., abril de 2015

 

Muy queridos hermanos y hermanas todos en Cristo,  nuestro Salvador y Redentor:

 

  1. «No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. No está aquí, ha resucitado. Miren el lugar donde lo habían puesto» (Mc 16, 1−7). Con el saludo del Ángel a los discípulos la mañana de la resurrección, les saludo de corazón, esperando que la fuerza saludable de la Pascua del Señor Resucitado irrumpa constantemente en sus vidas, llenándolas con su gracia vivificante.
  1. El Evangelio que ha resonado en esta Noche Santa, precisamente nos presenta la Pascua como un cruce de dos largos caminos que se entrelazan, la Cuaresma con su itinerario bautismal sumergiéndonos en la vida nueva que Dios nos ha donado en Jesucristo, y el Tiempo Pascual que con su espíritu propio nos pone en contacto directo con este inmenso misterio de vida nueva y de gracia, que es Jesucristo mismo, nuestra verdadera Pascua.
  1. El relato del Evangelio de San Marcos nos narra la visita que las mujeres hacen al sepulcro y el anuncio de la Resurrección de Jesús, y que al mismo tiempo es la conclusión de su Evangelio. La finalidad que pretende el evangelista con esta narración es poner en guardia a los cristianos de su comunidad y a los demás lectores y creyentes de su Evangelio, del peligro de traicionar el anuncio pascual, y exhortarlos a dar un testimonio alegre de la victoria de Jesucristo.
  1. Quiero hacer esta reflexión con el fin de animar nuestro testimonio cristiano en este tiempo de Pascua, haciendo algunas alusiones al texto bíblico para captar un poco su atención. La referencia temporal: pasado el Sábado, que era el día obligatorio del reposo en la tradición judía, y que el texto señala como un tiempo ya transcurrido, parece indicarnos que la función religiosa del sábado como día santo en la fe de los hebreos, ha sido ya superada por Domingo, día del Señor, día de la resurrección. También la referencia al salir el sol, tiene relación con la tinieblas que han acompañado la muerte del Señor y que simbólicamente señala la luz de la resurrección, deseo que la Pascua nos haya ayudado a pasar todos a esta nueva luz. Y la referencia a las tres mujeres que observan la crucifixión de lejos y la sepultura del Señor, rescata a los discípulos que han huido, abandonado al maestro en el momento crucial de su misión; mi deseo es que también nosotros lleguemos a ser fieles al Señor Jesús en nuestra vida personal y en el anuncio evangelizador.
  1. Los sentimientos que expresan las mujeres recalcados en el texto son muy semejantes a los sentimientos de los discípulos de Emaús, que caminan por la vida desolados y sin esperanza,; vivir así nuestra condición de discípulos es traicionar a Jesús y al mensaje mismo de la resurrección. El sepulcro y la enorme piedra que lo cubre, nos parecen indicar que la muerte es algo casi absoluto y definitivo, pero hay una gran sorpresa: la piedra está retirada, aquello que parecía imposible y definitivo ha sido superado por el poder de Dios; ellas esperan ver el cadáver del maestro y encuentran a un joven vivo vestido de blanco y sentado sobre la piedra, clarísimas alusiones a la resurrección.
  1. Finalmente el joven les confía a las mujeres una misión, decir a los discípulos  y en modo particular a San Pedro que deben ir a Galilea donde verán al Señor Resucitado, así como Jesús lo había dicho. Este joven que nos presenta el relato es sin duda un indicativo del discípulo que debe anunciar el Evangelio y la Resurrección de Jesús, a partir de una experiencia personal; como este joven cada discípulo es llamado a hacerse portavoz de esta Buena Noticia, manifestando en la vida y en las palabras la fuerza viva de la salvación ya experimentada.
  1. Así, San Marcos termina su Evangelio retomando una lectura del Profeta Isaías: «haré caminar a los ciegos por caminos que no conocen, los guiaré por senderos desconocidos, transformaré delante de ellos las tinieblas en luz, los lugares ásperos en llanura» (Is 42, 16). La ceguera de los discípulos será disipada por la fuerza que tiene la luz de la resurrección para convertirse en una visión de Jesús resucitado allí en Galilea. Así para nosotros cada domingo, Pascua semanal, participando en la liturgia eucarística, vivimos esta maravillosa realidad de nuestra salvación y nos fortalece para dar un testimonio siempre alegre de la resurrección del Señor.
  1. En la Diócesis estamos llamados a vivir la alegría de la victoria de Cristo resucitado, la cual nos permite superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón. Sólo así haremos de nuestro corazón uno semejante al de Cristo, que es fuerte y misericordioso, vigilante y generoso. (cfr. Mensaje de Cuaresma, del Santo Padre Francisco, 2015).
  1. Que este santo tiempo de la Pascua, nos anime a todos a renovar firmemente nuestro propósito de santidad a ejemplo del Señor resucitado. Envío un cordial saludo a todos y a cada uno de ustedes, especialmente a quienes sufren por la enfermedad, el dolor, la soledad y la tristeza. Sepan que el Señor resucitado es el Camino, la Verdad y la Vida.

¡Felices pascuas de resurrección!

 

† Faustino Armendáriz Jiménez

Obispo de Querétaro

 

Etiquetas:

Categiría: Destacados, Documentos, Mensajes, Multimedia, Varios

Cerrada la admisión de comentarios