PALABRA DOMINICAL: Domingo XXIII del tiempo Ordinario Lc 21, 5-19.

Domingo XXIII

del tiempo Ordinario

«Si se mantienen firmes, conseguirán la vida»

Lc 21, 5-19

Estamos en la recta final del año litúrgico, pronto iniciaremos el tiempo de Adviento que nos preparará para celebrar la Navidad, hoy en el penúltimo domingo del año, la santa Palabra de Dios nos invita a recordar el fin del mundo y de la historia. Algo que puede parecer bastante ajeno a nuestra mentalidad y cultura, pero que fue esencial para los primeros cristianos y que ofrece materia interesante de reflexión.

Para poder sacar una reflexión provechosa para nuestra realidad, les propongo recordar la gran tragedia que el pueblo judío había vivido en el siglo VI a.C. Cuando este fue deportado a Babilonia, la ciudad fue reducida a ruinas y el pueblo sometido. Este ambiente genero el surgimiento de profecías que anunciaban la vuelta de los desterrados, la prosperidad y esplendor de Jerusalén, la gloria futura del pueblo de Dios. Así la gente, durante siglos, alentó aquellas esperanzas. Hasta que la realidad se impuso, dando paso a una gran decepción: ni independencia, ni riqueza, ni esplendor. La decepción fue tan fuerte, que algunos grupos vieron la solución en la desaparición del mundo presente, radicalmente malo, y la aparición de un mundo futuro maravilloso, del que sólo formarían parte los buenos israelitas. Esto es lo que se nos anuncia en la primera lectura: “Ya viene el día del Señor …”

A esta forma de pensar se le agrupo dentro de una corriente denominada “apocalíptica”, ella entre otras cosas, consideraba el inminente fin del mundo, y por ende deseaba calcular el momento exacto en que tendrá lugar y las señales que lo anunciarán. Las dos preguntas que se le hacen a Jesús en el Evangelio que hemos escuchado recogen muy bien ambos aspectos: ¿Cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?

El peligro de esta mentalidad es que resulta estéril. Todo se queda en cálculos y señales, sin un compromiso directo con la realidad. Y eso es lo que pretenden evitar el Evangelio cuando ponen en boca de Jesús un largo discurso apocalíptico que hemos escuchado en parte.

Las palabras de Jesús de este domingo recogen un buen catálogo de las señales habituales en la apocalíptica: 1) a nivel humano, guerras civiles, revoluciones y guerras internacionales; 2) a nivel terrestre, epidemias y hambre; 3) a nivel celeste, signos espantosos.

Pero nada de esto anuncia el fin del mundo. Antes, y aquí radica la novedad del discurso, ocurrirán señales a nivel personal y comunitario: persecución religiosa y política, cárcel, juicio ante tribunales civiles; incluso la traición de padres y hermanos, la muerte y el odio de todos por causa de Jesús. Esta parte abandona la enumeración de catástrofes apocalípticas para describir la dura realidad de las primeras comunidades cristianas. En todas ellas habría algunos juzgados y condenados injustamente, traicionados incluso por sus seres más queridos. Y aquí es donde Jesús introduce algo interesante y muy práctico: “Con esto ustedes darán testimonio de mí”. La persecución, la cárcel y los juicios injustos no se deben ver como algo puramente negativo. Pues ellos nos ofrecen la posibilidad de dar testimonio de Jesús, y así lo interpretaron los numerosos mártires de los primeros siglos y los mártires de todos los tiempos.

La situación actual de nuestro país, nos muestra que muchas cosas no están bien, podría hacer una lista interminable de los males que nos aquejan, pero es mejor recordar que somos un pueblo bendecido y lleno de esperanza, somos testigos del Señor Resucitado. La realidad que vivimos es una oportunidad para mostrar al mundo que el Reino de Dios no es una promesa futura para después de la muerte sino una realidad que ha comenzado ya en la persona de Cristo y de esto nosotros hemos sido constituidos testigos.

Hoy debemos asumir la responsabilidad misionera y entrar con decidida convicción a la construcción de la Iglesia que Jesucristo nos invita a formar. Este es el desafío de todos los hijos de Dios que domingo a domingo nos congregamos para profesar nuestra fe, pues Si se mantienen firmes, conseguirán la vida». Amén.

+ FAUSTINO ARMENDÁRIZ JIMÉNEZ

Administrador Diocesano de Querétaro

Arzobispo Electo de Durango