ORDENACIONES DIACONALES, SEMINARIO CONCILIAR DE QUERÉTARO.

Av. Hércules, Querétaro, 10 de junio de 2021.

Siendo las 11:00 a.m. del día 10 de junio de 2021, Mons. Fidencio López Plaza, Obispo de la Diócesis de Querétaro, presidió la Eucaristía en la cual los seminaristas: Alexis Javier Camacho Flores, Juan Ángel Hernández de Jesús, Alejandro Núñez Montoya y José Alejandro Estrada Moreno, recibieron el Orden del Diaconado, en el Seminario Conciliar de Querétaro de Nuestra Señora de Guadalupe.

Fueron presentados y dio testimonio de que son candidatos idóneos para ser aceptados como diáconos,  el Pbro. Alejandro Buenrostro Gutiérrez, Rector de este Seminario, concelebraron esta Santa Eucaristía Mons. José Martín Lara Becerril, Mons. Sacramento Arias Montoya y algunos otros sacerdotes de la Diócesis de Querétaro, que acompañaron a los nuevos diáconos en este día tan importe para su vida. 

En el Momento de la Homilía Mons. Fidencio les exhorto diciendo: “Hermanos sacerdotes, gracias por su presencia en esta hermosa celebración, hermanos del equipo formador de nuestro seminario, cómo ve en su trabajo da frutos, hermanos y hermanas de vida consagrada, familiares, amigos e invitados de nuestros hermanos, que serán ordenados diáconos y fieles laicos, “La paz esté con ustedes”.

“Después de un largo camino recorrido, primero en sus familias y luego en este nuestro querido seminario, nuestros hermanos acólitos Alexis Javier Camacho Flores, José Alejandro Estrada Moreno, Juan Ángel Hernández de Jesús y Alejandro Núñez Moreno, para recibir el orden del diaconado”.

 “La palabra diácono, significa siervo, significa ministro y también significa mensajero, tres palabras que según el diccionario tiene que ver con el polvo que se levanta en la solicitud y el gusto por servir, siervo para lavar los pies de los hermanos, ministro siendo el último y el servidor de todos y mensajero para llevar buenas noticias”.

 “Siervos, ministros y mensajeros no, de cualquier modo, si no a la manera de Jesucristo nuestro Señor, en este contexto el Evangelio que hemos escuchado tomado del capítulo 12 de San Juan, narra lo ocurrido después de la unción en Betania y de la entrada triunfal de Jesús, en Jerusalén como acabamos de escuchar dice que, uno griegos  se acercaron a Felipe con una petición muy concreta, le dijeron: queremos ver a Jesús y Jesús con un lenguaje altamente conmovedor responde a la petición, con la parábola del grano de trigo, una hermosa parábola que podríamos llamar la “parábola del diácono”.

“Para explicar la fuerza que encierra el diaconado y que culmina en la cruz, Jesús se emplea una imagen sencilla que todos podemos entender, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere queda infecundo, pero si muere da mucho fruto y al grano muere y germina hace explotar la vida, pero si se encierra en su pequeña envoltura guarda para sí mismo su energía vital y permanece estéril, este hermanas y hermanos es el corazón del mensaje de Jesús, dar, y dar la vida como siervo, como ministro y como mensajero”.

“La vida sólo se comunica aceptando la muerte, la vida es fruto del amor y el egoísmo es la cáscara que impide germinar esa vida, amar es romper la cáscara y darse “deshilachándose”, palabra que le encanta al Papa Francisco en el servicio a los hermanos”.

 “Hoy sabemos que el grano de trigo no muere más que en apariencia, como decimos en el prefacio de los difuntos: “la vida se transforma no se acaba”, sólo desaparece lo accidental para hacer alimento de lo esencial, en la semilla siempre hay vida, pero está latente esperando la oportunidad para desplegarse, por eso hay que morir para vivir”.

“Se trata de una condición que no podemos soslayar, para dar fruto tenemos que gastar y desgastarnos sirviendo a los demás, la vela sólo tiene sentido cuando está encendida, pero sí está encendida se consume, la rosa sólo tiene sentido sí esparce su fragancia, así los seres humanos solo diaconando, sólo entregando nuestra vida podemos manifestar nuestro verdadero ser”. 

“Esta bella imagen nos descubre una ley que atraviesa misteriosamente la vida entera, es la dinámica que hace fecunda la vida de quién vive movido por el amor, como dicen los obispos en los documentos de aparecida, la vida se acrecienta dándola y la vida se debilita en el aislamiento y la comodidad, de hecho, los que más disfrutan la vida son los que dejan la seguridad en la orilla y se apasionan en la misión de comunicar la vida a los demás”.

“El Evangelio, nos ayuda a descubrir que un cuidado enfermizo de la propia vida atenta contra la caridad humana y cristiana de la misma vida se vive mucho mejor cuando se tiene vida interior para darlo todo, quién aprecie su vida la perderá, así descubrimos pues otra ley de la realidad que, la vida descansa y madura a medida que se entrega, para dar vida a otros eso es en definitiva la vida”.

“El secreto del diaconado está en el descubrimiento de nuestro verdadero ser, en el descubrimiento de que existe en la medida que nos damos a los demás y que nuestra razón de la existencia sólo la encontramos en la entrega del servicio a Dios ya los hermanos, oremos pues hermanos por Alexis Javier Oremos por José Alejandro por Juan Ángel y Alejandro Núñez.

“Dios nuestro, que enseñaste a los ministros de tu iglesia a no buscar alguien que los sirva, si no servir a todos, concede a estos hijos tuyos que han sido elegidos hoy, para vivir el misterio del diaconado, ser infatigables en el don de sí mismos, constantes en la oración y alegres y bondadosos en el ejercicio de su ministerio”. Concluyo.

Momento antes de la bendición el padre Alejandro les dirigió un mensaje a los nuevos diáconos diciendo: “Invitarles a vivir lo que escuchamos en la homilía, que lo que lean en el Evangelio, lo hagan vida, y lo hagan desde lo más profundo de su ser”, y también agradeció a sus familias por la donación de sus hijos y hermanos.

Y finalmente Mons. Fidencio les dio la bendijo y se tomaron la foto del recuerdo.