Homilía en la Festividad de Santa Cecilia, patrona del Conservatorio y Escuela de Música Sacra

Homilía en la celebración eucarística en la Festividad de Santa Cecilia, Virgen y Mártir,
Patrona del Conservatorio y Escuela de Música Sacra J. Guadalupe Velázquez
Santa Iglesia Catedral, viernes  22 de Noviembre de 2013.
Annus fidei – Año de la Pastoral Litúrgica – Año Jubilar Diocesano

 

 

Queridos alumnos y profesores,

Hermanos y hermanas todos en el Señor:

1. Con júbilo y alegría les saludo a cada uno de ustedes en esta tarde y les acojo en la Santa Iglesia Catedral, congregados por la Palabra de Dios y motivados por la devoción que nos invitan celebrar a Santa Cecilia, Virgen y Mártir, Patrona de los músicos y de la honorable Escuela de Música Sacra y Conservatorio “J. Guadalupe Velázquez”. La celebración de esta fiesta patronal es una oportunidad que la Iglesia nos ofrece en el aniversario del día de la pasión de Santa Cecilia, es decir, el día en el cual manifestó públicamente su fe en la máxima asimilación a Cristo mediante el martirio y con ello, su nacimiento para el cielo. Las fiestas de los Santos, reconducidas a su razón de ser más profunda, iluminan las realizaciones concretas del designio salvífico de Dios y proclaman las maravillas de Cristo en sus servidores; las fiestas de los Santos, son en definitiva fiestas de la Cabeza, Cristo.

2. Me alegra mucho encontrarles y celebrar juntos la Santa Misa, pues esta celebración nos ayuda a palpar el misterio de Dios, no sólo por la escucha de su Palabra y la contemplación del  Cuerpo y la Sangre de su Hijo Jesucristo, presentes en la Santa Eucaristía, sino también por la extraordinaria belleza de la música sacra que nos conduce a la sublimidad del misterio encarnado, mediante la bellísima “Misa Brevis” que Wolfgang Amadeus Mozart compuso en 1775, a la edad de 19 años, titulada “Misa de los pájaros”  por su semejanza con el canto de los pajaros.

3. Como ustedes saben, este año en la Iglesia celebramos el año de la fe, el cual en los próximos días concluiremos, agradeciendo a Dios la infinidad de sus bondades espirituales en la vida y en la persona de muchos creyentes. Por tal motivo, quiero reflexionar con ustedes ― alumnos y profesores ― algunas líneas que nos ayuden a lo largo de nuestra vida, “a vivir  ―como pedimos en la oración de la Misa― con alegría  nuestra fe,  para que merezcamos cantar las alabanzas del Señor en el  cielo” (cf. Or. Colecta de la Misa).

4. En la carta a los Hebreos leemos que dice: “La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. Por ella fueron alabados nuestros mayores” (Heb 11, 1-2). Esta realidad que Dios nos reveló en su Palabra, la podemos comprender y valorar de manera personal, cuando cada uno de nosotros pensamos en la propia naturaleza que se orienta al Ser Supremo y en la que encuentra sentido y fundamento nuestra dignidad como persona (cf. Gaudium et Spes, 12). Pues el hombre lleva en sí un misterioso deseo de Dios. El deseo de Dios está inscrito en el corazón de cada uno de nosotros, porque hemos sido creados por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraernos hacia sí, y sólo en Dios encontraremos la verdad y la dicha que no cesa de buscar nuestro corazón. Por ello, la fe la podemos comprender como la respuesta de cada uno de nosotros a Dios que se revela y se entrega a él, dando al mismo tiempo una luz sobreabundante para que busquemos el sentido último de nuestra vida” (cf. Catecismo de la Iglesia Católica,  26 – 27). Sin embargo, esta realidad para muchos contemporáneos nuestros podría ser  objetada, con la convicción de que en su vida no advierten en absoluto un deseo tal de Dios.

5. Queridos jóvenes, considero que en ustedes, no es sólo el amor a la música lo que los trae aquí, sino también la respuesta de sentirse miembros de la Iglesia y de esta familia de bautizados. Por el contrario, sería un vacío y un hueco, que quedaría en su preparación y formación profesional. La grandeza de la dignidad y de la comunión a la que pertenecemos después del bautismo, se fundamenta en la gracia que éste nos regala, pues como dice la Escritura: “Fiel es Dios, por quien han sido llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo” (I Cor 1,9). Por tanto, si a Dios se le llama «fiel», también tú recibes este calificativo al haber crecido en dignidad. Pues así como a Dios se le llama bueno, justo, omnipotente y creador de todas las cosas, también se le llama «fiel». Piensa, por tanto, a qué dignidad eres promovido, puesto que habrás de participar de este apelativo divino. (cf. San Cirilo de Jerusalén, Catequesis sobre la fe, 1). De aquí surge una grande enseñanza para cada uno de nosotros, a que vivamos como “hijos de Dios”, como “fieles de Dios”. De hecho de aquí nace el nombre que en la Iglesia les damos a ustedes el llamarles “los fieles cristianos”.

6. Quizá mucho de ustedes se pregunten ahora ¿Qué sentido tiene creer? La respuesta no es una fórmula establecida; sin embargo, la misma Palabra de Dios nos enseña que la fe es el camino por el que podemos agradar a Dios, pues “sin fe es imposible agradarle” (Heb 11,6). Pero, ¿cómo se resolverá el hombre a servir a Dios si no cree en él como remunerador? ¿Cómo mantendrá una muchacha su propósito de virginidad o será casto un joven si no creen en la corona inmarcesible de la castidad? La fe es el ojo que ilumina toda la conciencia y favorece la intelección, pues dice el profeta Daniel: “Si no crees, no entenderás”. La fe, nos libra del maligno y de sus asechanzas; según Daniel, la fe, cierra la boca de los leones (cf. Heb 11,33), pues de él dice la Escritura: “Sacaron a Daniel del foso y no se le encontró herida alguna, porque había confiado en su Dios” (Dn 6,24). ¿Hay acaso algo más terrible que el diablo? Pues contra él no tenemos otra clase de armas que la fe (cf. 1 Pe 5,9): un escudo incorpóreo frente a un enemigo invisible, que lanza múltiples venablos y acribilla con saetas a quienes, en la noche oscura, no están vigilantes. Pero, aunque reine la oscuridad y el enemigo no esté a la vista, tenemos como armadura la fe, como dice el Apóstol. “embrazando siempre el escudo de la fe, para que puedas apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno” (Ef 6,16). A menudo lanza el diablo el dardo encendido del deseo voluptuoso, pero la fe lo extingue iluminando nuestro juicio y aligerando nuestra mente.

7. Si guardamos esta fe, nos veremos libres de la condenación y adornados de todo género de virtudes. Pues la fe tiene poder para mantener a los hombres andando sobre las aguas. Pedro era un hombre semejante a nosotros, formado de carne y sangre y que se alimentaba con los mismos alimentos. Pero cuando Jesús le dijo: “Ven”, por la fe “se puso a caminar sobre las aguas” (Mt 14, 29-31), teniendo sobre ellas en la fe un cimiento más firme que cualquier otro; el peso del cuerpo era suprimido por la agilidad de la fe. Y mientras creyó, anduvo con paso firme sobre las aguas; pero cuando dudó, comenzó a hundirse (Mt 14,30). Al alejarse y disminuir poco a poco la fe, era arrastrado hacia el fondo. Cuando Jesús se dio cuenta de la dificultad, él, que es capaz de curar las aflicciones íntimas del alma, exclamó: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?” (Mt 14,31). Y con la fuerza de él, que le cogió la mano derecha, con lo que recobró la fe, llevado de esta mano por el Señor, continuó como antes andando sobre las aguas. Indirectamente habla de esto último el Evangelio cuando señala: “Subieron a la barca…” (Mt 14,32). No dice que Pedro subiera después de nadar, sino que nos insinúa que el espacio que recorrió hasta Jesús lo hizo andando y, tras recorrerlo de nuevo, subió a la barca. La fe tiene tanta energía como para no sólo salvar a quien cree, sino para que se salven unos por la fe de otros. La fe obra grandes cosas en el alma en rapidísimos instantes.

8. Queridos artistas jóvenes y niños, la fe es el mejor regalo que hayamos podido recibir, muchos de ustedes se dedicarán a alegrar el corazón de los hombres mediante la música y el canto. Buscarán que al ser escuchados, el alma y en el espíritu de su auditorio se vean fortalecidos; quiero invitarles a no dejar a un lado la fe que profesan y que han recibido como un don en el bautismo. Vivan de esta fe, para que en el camino de la prueba y la incertidumbre permanezcan fieles y seguros. Transmitan los valores del evangelio mediante la música. Ustedes mismos saben que artistas como: W. A. Mozart, A. Vivaldi, G. F. Händel, J. S. Bach, Ch. Gounod, entre otros, mediante la sublimidad de sus obras musicales, han expresado la belleza de la fe. No cabe duda de que la Iglesia necesita del arte para expresar el misterio, pero al mismo tiempo el arte necesita de la Iglesia para encontrar su savia y su meta. El arte en la liturgia encuentra su sentido en la gloria de Dios, y queda por eso íntimamente conectado con la santificación del hombre. Esto sin olvidar que aun con toda su importancia, la belleza sensible no es un fin en sí misma, sino que nos orienta hacia el asombro ante lo inefable. El arte invita a trascender la belleza creada para encontrarse con la increada. San Paulino de Nola, obispo y poeta eximio que vivió entre los siglos IV y V, decía: “Nuestro único arte es la fe y Cristo nuestro canto” (Carmen 20, 31). Inspírense el “Credo” para seguir creando nuevas obras artísticas que trasmitan los contenidos de la fe, y que como un viático, los bautizados los recibamos para todo el tiempo de nuestra  vida y que, fuera de ellos, no recibamos ninguno otro.

9. No profanemos la sacralidad de nuestro cuerpo, templo y casa de Dios, con música y canto que nos sea consagrado a Dios. Esto les garantizará a ustedes trascender, no sólo en el espacio y el tiempo humanos, sino les permitirá llegar a las moradas eternas, donde como a ejemplo de santa Cecilia, podrán “cantar eternamente las misericordias del Señor” (cf. Sal 88).

10. Felicidades a cada uno de ustedes, niños y jóvenes del coro y la orquesta de esta honorable escuela y conservatorio, por dedicarse de su corta edad a la cultura musical. De modo especial, aprovecho para agradecer su labor  y servicio que ofrecen al Obispo, en algunas de las celebraciones más importantes del año. Gracias al P. Benjamín Vega Robles, Director de esta escuela, a sus los maestros directores del coro y de la orquesta Antonio Hernández Chavela y Erick F.Escandón por su empeño, esfuerzo y dedicación.

11. Que santa Cecilia, Virgen y mártir, nos siga enseñando a salmodiar para Dios, con un estilo de vida coherente con la fe que profesamos y que si es posible, estemos dispuestos a entregar nuestra vida en el martirio, con tal de que el amor y la fe en Cristo, venzan contra toda asechanza del enemigo. Amén.

† Faustino Armendáriz Jiménez
Obispo de Querétaro