EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ HOY 14 DE SEPTIEMBRE.

Templo y Convento de la Santa Cruz, Ciudad de Santiago de Querétaro
Pbro. Francisco F. Gavidia Arteaga
Colegio de Propaganda Fide de América
En la epopeya de la evangelización de las tierras americanas, los Colegios de Propaganda Fide jugaron un papel preponderante como relevos de las primeras empresas cristianizadoras. El de La Santa Cruz de Querétaro, tiene “la singular prerrogativa de ser […] el primer Colegio de Propaganda Fide, acrecentando sus glorias el haber sido fecundo Seminario de otros muchos Colegios, fundados no solo en estos reinos, sino también en la Europa”, según relata José María Zelaa en sus Glorias de Querétaro.
Según relata el cronista franciscano Fray Isidro Félix de Espinosa, para la mitad del siglo XVII, la conquista espiritual de la Nueva España estaba prácticamente cubierta; sólo algunas apartadas regiones del norte no eran sujetas de misión. Solían ser, por lo general, lugares habitados por grupos nómadas o seminómadas, que, ya fuera por su difícil localización geográfica, como por su índole arisca y agresiva, habían resultado inaccesibles al contacto de los religiosos.
Tal vez los logros obtenidos en la tarea evangelizadora de la primera hora, concretada en el establecimiento de conventos, curatos y doctrinas, hicieron decaer, cuando no paralizar el ánimo misionero de los franciscanos. Esta situación, llevó a varios frailes a tomar la decisión de imprimir un nuevo impulso a la acción cristianizadora. De este modo es como nacen en el Nuevo Mundo los Colegios de Propaganda Fide.
El franciscano Antonio Linaz de Jesús María, hijo de la provincia de Mallorca y que había trabajado en la provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán, en un viaje a Madrid, confió al Ministro General de la Orden franciscana, Ximénez Samaniego, su intención de crear un centro misionero y pidió permiso para reclutar a algunos frailes europeos para la empresa.
A partir del 12 de marzo de 1682, comenzaron los trámites de fray Antonio Llinás en Madrid y en Roma para la fundación del Colegio de la Santa Cruz de Querétaro, el cual fue autorizado con los siguientes documentos: Breve del papa Inocencio XI «Sacrosancti apostolatus officium», del 8 de mayo; Decreto de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, del 15 de junio y confirmación del mismo por la Sagrada Congregación del Santo Oficio, el 16 de julio; Letras Patentes del Comisario General de Indias, del 1º. de abril; Decreto del Capítulo General de Toledo, del 23 de mayo, y tres cédulas reales firmadas entre el 18 de abril y el 8 de mayo de 1682.
Al padre Linaz le fue asignado el convento de la Santa Cruz de Los Milagros de Querétaro, perteneciente a la provincia de Michoacán, del cual tomó posesión el 15 de agosto de 1683, junto con otros 24 frailes, entre los que destacan Antonio Margil de Jesús, Francisco Frutos, Antonio de los Ángeles y muchos más. Se erigió, entonces, el primer colegio de Propaganda Fide dedicado a la Santa Cruz, en Querétaro. El provincial ordenó la entrega del Convento de la Cruz y, luego de recibido, se inició la construcción de un claustro más amplio y de la iglesia con las aportaciones del primer conde de Regla, Pedro Romero de Terreros, y de Juan Caballero y Ocio. Los frailes del colegio, cuyo deseo era seguir el ejemplo de los primeros misioneros franciscanos del siglo XVI, tenían que perfeccionar sus estudios de filosofía y teología, y muy especialmente aplicarse al conocimiento de las lenguas aborígenes.
El Colegio de Propaganda Fide de La Cruz de Querétaro, como tal, fue un expresivo centro de irradiación misionera desde 1683 hasta 1860, año en que se dio la exclaustración de los frailes. Fernando Maximiliano de Austria fue puesto preso en el convento de La Cruz del 15 al 17 de mayo de 1867, se convirtió en su primera prisión y después trasladado al de Capuchinas.
Isidro Félix de Espinosa, cronista de este primer colegio, dice: «esta prerrogativa de ser en todas las Indias Occidentales el primer Colegio de Propaganda Fide es muy digna de apreciarse, acrecentando sus glorias el haber sido fecundo seminario de seminarios no sólo [de] los que irán expresando [sic] a su tiempo, fundados en estos reinos, sino [de] otros muchos que fundó en la Europa después de éste el mismo V. P. Linaz, propagador heroico del Apostólico Instituto» (Espinosa, 177). Así pues, bajo la influencia del Colegio seminario de Santa Cruz se fundaron otros colegios, como
el de Guadalupe de Zacatecas en 1707,
el de San Fernando de la ciudad de México alrededor de 1731,
el de San Francisco de Pachuca en 1734,
el de San José de Gracia de Orizaba, el de Nuestra Señora de Zapopan en Jalisco, el de San Luis Rey de California, el de Cristo Crucificado de Guatemala, el de Ocopa de Perú y el de Tarija de Bolivia, otros en Chile, llegan estos colegios hasta cerca de Buenos Aires con el Colegio del Rosario, en Argentina,
sin contar las veintiún Misiones de Fray Junípero Serra en la Alta California.
El colegio de Querétaro, vio pasar a innumerables franciscanos, algunos, son célebres por su santidad y apostólicos trabajos, otros por haber regado con su sangre la tierra que misionaban, hasta su ocaso definitivo, a fines del siglo XIX, que vinieron a dar un renovado y fecundo impulso a la evangelización y culturización del norte, centro y sur de América.
Los nombres de los frailes Antonio Linaz, Antonio Margil de Jesús. Francisco Frutos, Antonio de los Ángeles y muchos más, llenan las páginas más gloriosas de este colegio que tiene trascendencia continental.
El convento que albergó el Colegio apostólico fue devuelto a los franciscanos de la provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán en 1946, quienes desde 1957 mantienen su centro de estudios filosóficos. El ideal que lo hizo surgir y los frutos que produjo se convierten en ejemplo digno de admiración e imitación.
La Santa Cruz de los Milagros
Que se mueve, que crece, que convierte pecadores. Se dice, se cuenta entre la gente de aquel tiempo y de este, cuando se refieren a la Santa Cruz de los Milagros, venerada en el Templo del Convento de a Santa Cruz,
Dice la leyenda que en julio de 1531 se desarrolló una gran batalla entre los chichimecas (habitantes de la zona) y españoles en el cerro del Sangremal, los españoles invocaron al Patrón de las Españas: el apóstol Santiago. Al aparecer Santiago en el cielo se escureció gracias a un eclipse y en la oscuridad los indígenas observaron una cruz luminosa y la figura del apóstol Santiago cabalgando en su Corcel Blanco. Sin lugar a dudas, para los indígenas esto fue la señal de su derrota, su Dios los había abandonado, en cambio los cristianos recibieron apoyo de su Dios. Así terminó la batalla y los naturales de conviertan al cristianismo.
Nace Querétaro y con esto los indios sincretizan un patrocinio no planeado por el vencedor, al exigir una réplica de la cruz aparecida junto a Santiago, el día de la batalla, para de allí en adelante hacer de ella un motivo para congregarse, que hasta la fecha conservan y ritualizan cada 14 de septiembre.
Espinas en forma de cruz
Cuenta la leyenda del árbol de la cruz que Fray Margil de Jesús, agotado se propuso descansar bajo la sombra de un árbol por lo que clavó su bastón en uno de los huertos. Al despertar se dio cuenta de que retoñó de éste un árbol raro, quizás de la familia de las rosáceas o de las leguminosas desérticas, que producen una espina en forma de cruz, de tal manera perfectas, que los visitantes y los creyentes se las llevan como recuerdo o como reliquia. El Padre Márgil de Jesús evangelizó durante 14 años Costa Rica, Honduras, El Salvador y Nicaragua , así como la selva Lacandona (Chiapas); lugares donde se consideraba que pudiera haber brotado una planta similar, a pesar de que es propia de tierras áridas. Este famoso árbol, se ubica en un pequeño jardín interior del Convento de la Santa Cruz de los Milagros.
Fuente: Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, Querétaro