Homilía en la Misa con motivo del VII Encuentro Diocesano de Laicos

Auditorio “Josefa Ortiz de Domínguez”,
Ciudad Episcopal de Santiago de Querétaro., Qro., 22 de junio de 2014
Año de la Pastoral Litúrgica

 

Queridos hermanos y hermanas todos en el  Señor:

 

1. Me complace poder encontrarme con cada uno de ustedes en esta tarde y celebrar juntos nuestra fe en el Señor, en esta Eucaristía que quiere ser la conclusión del VII Encuentro Diocesano de Laicos. Un encuentro que ha centrado la reflexión en torno al tema:  “La Eucaristía,  fuente de comunión y de misión” en el contexto del año de la Pastoral Litúrgica que nuestro Plan Diocesano de Pastoral nos va señalando. Saludo de manera muy especial al Pbro. Mauricio Ruiz Reséndiz, delegado de la Dimensión Diocesana de Laicos; así como  al Equipo Diocesano , quienes haciendo muchísimos esfuerzos han preparado y hecho posible esta jornada de reflexión y de trabajo. Valoramos  los esfuerzos y trabajos de todos ustedes, queridos laicos, que viniendo desde sus comunidades parroquiales, aprovechan la formación  y se dan tiempo para la reflexión de “Aquella realidad” que en el bautismo  el Señor les ha confiado. Es necesario que hoy caigamos en la cuenta  que la Eucaristía, como misterio que se ha de vivir, se nos ofrece a cada uno en la condición en que nos encontremos, haciendo que vivamos diariamente la novedad cristiana en nuestra situación existencial.

2. La Eucaristía, alimenta y acrecienta en nosotros lo que ya se nos ha dado en el Bautismo, por el cual todos estamos llamados a la santidad, esto debería aflorar y manifestarse constantemente en las situaciones o estados de vida en que nos encontremos los cristianos.  Pues como nos enseñaba el Papa Benedicto XVI: “Es viviendo la propia vida como vocación, que la Eucaristía se convierte, día tras día, en culto agradable a Dios. Ya desde la reunión litúrgica, el Sacramento de la Eucaristía nos compromete en la realidad cotidiana para que todo se haga para gloria de Dios” (Sacramentum Caritatis, 79). Es el mundo «el campo» (Mt 13,38) en el que Dios nos pone a cada uno de nosotros como buena semilla, y que en virtud del Bautismo, la Confirmación, y la Eucaristía, que estamos llamados a vivir la novedad radical traída por Cristo en las condiciones comunes de la vida. Necesitamos  cultivar el deseo de que la Eucaristía influya cada vez más profundamente en nuestra vida cotidiana, convirtiéndonos en testigos visibles en el propio ambiente de trabajo y en toda la sociedad (cf. Sacramentum Caritatis, 79).

3. Queridos hermanos y hermanas, esta tarde quiero invitarles para que juntos meditemos la palabra de Dios que hemos escuchado, especialmente en el santo evangelio según san Mateo (10, 26-33), donde la liturgia retoma una parte del “discurso apostólico” que Jesús dirige a sus discípulos, con la intención de fortalecer anticipadamente, la confianza en Dios  y animarles a no desfallecer ante las adversidades  del anuncio gozoso de su evangelio. “Jesús dijo a sus apóstoles: No teman a los hombres” (v. 26).  Con estas palabras Jesús hace alusión a la fórmula “no tengan miedo” que aparece a menudo en el Antiguo Testamento. La mayoría de las veces es Dios mismo quien con estas mismas palabras,  en situaciones particularmente difíciles, consuela, da ánimo  y garantiza  la seguridad. Jesús consciente que  ninguna tribulación  puede impedir el anuncio, pues Dios mismo es su garante. Esto no significa que los apóstoles se vean exonerados de su labor o que no necesiten comprometerse total y completamente, pues la labor que Jesús les encargó permanece como tal. Además, Jesús recordando la metáfora de la luz, nos enseña que de la misma manera los cristianos debemos iluminar a todos los hombres (5, 14-16), recordando que el anuncio y las acciones de los enviados deben remitir a Dios.

4. Queridos laicos, que hermosa enseñanza del evangelio hemos escuchado en esta celebración.  Jesús es consciente que la misión al principio no es fácil y que puede provocar miedo en os que son enviados, sin embargo, debemos estar seguros que  Dios mismo está con nosotros. En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador… La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados. Esta convicción se convierte en un llamado dirigido a cada cristiano, para que nadie postergue su compromiso con la evangelización, pues si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo, no puede esperar que le den muchos cursos o largas instrucciones. Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos «discípulos» y «misioneros», sino que somos siempre «discípulos misioneros» (cf. EG, 120).

5. Jesús nos anima a no tener miedo  ante quienes pueden matar el cuerpo,  sino a tener miedo  sólo a quienes  tienen poder sólo sobre el cuerpo y el alma,  incluso más allá de la muerte, es decir, sólo a Dios. pero este debe ser un temor paternal, no un temor aterrador. El catecismo antiguo diría: “un santo temor”. Ni a la muerte, ni al martirio se les debe atribuir un significado desmesurado, ni deben provocar temor  pues para el creyente en Cristo, no representan el final definitivo. Confiando en el juicio final, los enviados  podemos confesar a Jesucristo sin ningún temor. Los discípulos de Jesús no debemos entregarnos a preocupaciones falsas o exageradas, sino confiar en que Dios nos ayudará; y no sólo porque valemos más que los pájaros del cielo, sino porque es nuestro Padre.  Y tiene en sus manos nuestra vida  y nuestra muerte y controla todo, hasta los cabellos de nuestra cabeza.

6. Hoy queridos laicos, quisiera invitarles a que cada uno haga suyas estas palabras e Jesús. No tengan miedo de anunciar a Jesús en su familia. No tengan miedo de educar a sus hijos en los valores humanos y cristianos. No tengan miedo de evangelizar la cultura. No tengan miedo de evangelizar el mundo de la política. No tengan miedo de salir de si mismos para ser de verdad misioneros en la vida ordinaria. Repito: “No tengan miedo”. No tengan miedo de defender la vida, de luchar para que el bien común y la justicia sean un bien para muchos. No tengan miedo de promover una economía sólida y sustentable. No tengan miedo de ser en la vida ordinaria, “Sal de la tierra y luz del mundo”. No tengan miedo de tocar y entrar en aquellas realidades donde Dios y su mensaje son incomodos. no tengan miedo de anunciar a las jóvenes generaciones que el amor de Dios es para ellos y que si lo aceptan en su corazón tendrán la vida. No tengan miedo porque deben tener la certeza que el Espíritu de la verdad  dará testimonio  de Aquel que les envía (cf. Jn 15, 26.27).

7. Quiero aprovechar para hacer extensivos los saludos y la bendición del Santo Padre  Francisco,  con quien recientemente en la Visita Ad limina Apostolorum me he encontrado, y que me ha pedido saludarles a cada uno de ustedes, a sus Movimientos y Asociaciones.  Él les aprecia y valora mucho. En el mensaje que nos ha entregado, cuando nos encontró a todos los obispos, nos ha dicho: “No tengan reparo en destacar el inestimable aporte de la fe a “la ciudad de los hombres para contribuir a su vida común” (Carta enc. Lumen fidei, 54). En este contexto, la tarea de los fieles laicos es insustituible. Su apreciada colaboración intraeclesial no debería implicar merma alguna en el cumplimiento de su vocación específica: transformar el mundo según Cristo. La misión de la Iglesia no puede prescindir de laicos, que, sacando fuerzas de la Palabra de Dios, de los sacramentos y de la oración, vivan la fe en el corazón de la familia, de la escuela, de la empresa, del movimiento popular, del sindicato, del partido y aun del gobierno, dando testimonio de la alegría del Evangelio. Los invito a que promuevan su responsabilidad secular y les ofrezcan una adecuada capacitación para hacer visible la dimensión pública de la fe. Para eso, la Doctrina social de la Iglesia es un valioso instrumento que puede ayudar a los cristianos en su diario afán por edificar un mundo más justo y solidario” (Discurso del Santo Padre Francisco a los Obispos de la Conferencia del Episcopado Mexicano en la Visita Ad limina Apostolorum, 19/05/2014). Con estas palabras el Santo Padre  nos apremia para vincularles de manera clara en la tarea misionera. En la cual, yo personalmente, estoy convencido ustedes son indispensables. Sigan trabajando con alegría. Me siento muy contento que sean ustedes pioneros en muchas áreas y contextos culturales. Les animo a no desfallecer.

8. Que la Santísima Virgen María nos ayude siempre a confiar en Dios y que siguiendo su ejemplo, tengamos la valentía de defender la vida y el evangelio de su Hijo Jesucristo. Amén.

 

† Faustino Armendáriz Jiménez
Obispo de Querétaro