Palabra Dominical: Jesús condena el pecado y ama al pecador

V Domingo de Cuaresma
Del santo Evangelio según san Juan: 8, 1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos y al amanecer se presentó de nuevo en el templo, donde la multitud se le acercaba; y él, sentado entre ellos, les enseñaba.

Entonces los escribas y fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola frente a él, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú que dices?» Le preguntaban esto para ponerle una trampa y poder acusarlo. Pero Jesús se agachó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían en su pregunta, se incorporó y les dijo: «Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra». Se volvió a agachar y siguió escribiendo en el suelo.

Al oír aquellas palabras, los acusadores comenzaron a escabullirse uno tras otro, empezando por los más viejos, hasta que dejaron solos a Jesús y a la mujer, que estaba de pie, junto a él.

Entonces Jesús se enderezó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Nadie te ha condenado?» Ella le contestó: «Nadie, Señor». Y Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar». Palabra del Señor.

 

JESUS CONDENA EL PECADO Y AMA AL PECADOR

20130317La Eucaristía es celebración de muerte y resurrección del Señor, misterio de fe que se ha de anunciar a todas las gentes para perdón de los pecados. Nos acercamos ya a la gran semana en que vamos a celebrar con mayor intensidad la fe en estos misterios. Y hoy nos habla el evangelio  del pecado y de la gracia del perdón para vivir en gracia. El perdón que Dios ofrece no pone mayor condición que la voluntad de aceptarlo. En este pasaje se trata de un tema no fácil tratado a puertas abiertas y Jesús debe decidir entre la aplicación de la ley o la misericordia. ¿Ejecución o absolución?

Según la ley esa mujer debe morir. Pero Jesús ha venido a cumplir la ley perfeccionándola desde las exigencias del amor, y según esta nueva perspectiva esa mujer debe vivir. La sentencia de Jesús concilia la santidad de los principios con la indulgencia práctica: condena el pecado y ama al pecador. Por eso dice a la mujer: “yo no te condeno, pero no peques más”. Jesús no trata de minimizar la falta porque el pecado existe, por eso condena el pecado y absuelve al pecador. Esto nos da la certeza de que siempre “tenemos remedio”. Por eso el evangelio es inspirador del verdadero humanismo que debe basarse en la comprensión y amor. La respuesta de Jesús es sumamente instructiva: existe el pecado personal y para ese pecado siempre es posible el perdón.

Esta ley que aniquilaba a la adultera era parte del sin número de leyes que el pueblo de Israel tenia, de tal manera que vivía asfixiado por ellas. Unas eran penales, otras sociales y otras litúrgicas. Jesús derriba este rígido esquema, ya que para él lo que vale es el hombre, inclinado al pecado y capaz de fallar. Pero el hombre es llamado a la vida y a vivir plenamente.

Desde el amor Jesús nos enseña a distinguir entre pecador y pecado. Si nos sentimos amados por Dios que nos perdona, podremos amar a quienes han fallado y ayudarles a rehabilitarse.

La actitud de Jesús nos ayude a recordar que todos somos hermanos, que no  nos destrocemos unos a otros y que empleemos cada instante de nuestra existencia para bendecirnos unos a otros.

Señalando que Dios no se cansa de perdonar a pesar de la gravedad de nuestro pecado, el Papa Francisco dice: “Él te quiere perdonar, pero no podrá si tienes el corazón cerrado, y la misericordia no puede entrar… perdonando abrimos nuestro corazón para que la misericordia de Dios entre y nos perdone, a nosotros. Porque todos nosotros tenemos que pedir perdón, todos. Perdonamos y seremos perdonados. Tenemos misericordia con los otros, y sentiremos esa misericordia de Dios que, cuando perdona olvida… Cuando Dios perdona, su perdón es tan grande que es como si olvidase… Todo lo contrario a lo que hacemos nosotros, las habladurías: Este ha hecho esto, este ha hecho lo otro, ha hecho eso… y no olvidamos… pide al Señor que te ayude a olvidar”.

† Faustino Armendáriz Jiménez
Obispo de Querétaro