HOMILÍA EN LA SANTA MISA PARA CONCLUIR LA  XXIX ASAMBLEA DIOCESANA DE PASTORAL.

| noviembre 21, 2017

Plaza Presbyterorum Ordinis, Seminario Conciliar de Querétaro, Hércules 216, Hércules Querétaro., Qro.,  lunes 20 de noviembre de 2017.

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Muy queridos hermanos y hermanas todos en el Señor:

 

  1. Con la esperanza puesta en Dios, terminamos esta XXIX Asamblea Diocesana de Pastoral, que unida al sentir del Santo Padre y de los obispos en México, nos ha permitido profundizar en la conciencia de la necesidad e importancia, de asumir una Pastoral Juvenil mejor estructurada, de tal manera que los jóvenes en la Diócesis de Querétaro, sean los destinatarios y protagonistas prioritarios de la Nueva evangelización en el contexto de la era post-moderna.
  1. Como Iglesia diocesana no queremos ser sordos a las palabras del Papa Francisco que en la Carta que dirigió los jóvenes el pasado mes de enero dicen: “Un mundo mejor se construye también gracias a ustedes, que siempre desean cambiar y ser generosos. No tengan miedo de escuchar al Espíritu que les sugiere opciones audaces, no pierdan tiempo cuando la conciencia les pida arriesgar para seguir al Maestro. También la Iglesia desea ponerse a la escucha de la voz, de la sensibilidad, de la fe de cada uno; así como también de las dudas y las críticas. Hagan sentir a todos el grito de ustedes, déjenlo resonar en las comunidades y háganlo llegar a los pastores. San Benito recomendaba a los abades consultar también a los jóvenes antes de cada decisión importante, porque «muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor» (Regla de San Benito III, 3)” (Francisco, Carta los jóvenes, Vaticano, 13 de enero de 2017). Queremos “reiterar nuestro deseo de encontrar, acompañar y cuidar de todos los jóvenes, sin excepción. No podemos ni queremos abandonarlos a las soledades y a las exclusiones a las que el mundo les expone. Que su vida sea experiencia buena, que no se pierdan en los caminos de la violencia o de la muerte, que la desilusión no los aprisione en la alienación: todo esto no puede dejar de ser motivo de gran preocupación para quien ha sido generado a la vida y a la fe y sabe que ha recibido un gran don” (cf. Documento preparatorio, XV Asamblea General Ordinaria, Los Jóvenes la fe y el discernimiento vocacional).
  1. La palabra de Dios que acabamos de escuchar, de manera providencial en el evangelio (Lc 18, 35-43), nos ofrece algunas pautas que considero nos ayudan a entender el método y la pedagogía que utilizaba Jesús en el anuncio del Reino y que hoy debe ser el método y la pedagogía de la Iglesia, es decir, “La cercanía, la escucha, el discernimiento y la respuesta”. Cuatro pasos muy concretos que harán de la Pastoral Juvenil, una pastoral acorde a la realidad exigencias y necesidades del tiempo presente.
  1. Veamos el texto del evangelio. Cuenta el evangelista que cuando Jesús se acercaba a Jericó, en el camino estaba un ciego pidiendo limosa. Al oír que pasaba gente, preguntó que era aquello y le explicaron que era Jesús el nazareno. Que iba d camino. Entonces él comenzó a gritar. “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!”. Unas voces pretendiera que se callara pero él gritaba más fuerte. “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!”. Esto sin duda atrajo la atención de Jesús, se detuvo, y mandó que lo trajeran. Cuando lo tuvo cerca le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?”. El ciego le respondió: “Señor, que vea”. Y Jesús sin dudarlo le dijo: “Recobra la vista. Tu fe te ha salvado”.

 

Primer paso: La cercanía

La misión se hace «saliendo» y yendo al encuentro de los que en el camino de la vida se han quedado ciegos, han perdido la esperanza y se contentan  con las migajas y limosnas que la vida le pueda ofrecer, renunciando a la vida en plenitud. Jesús nos enseña que la Iglesia tiene que ser una «Iglesia en salida», una Iglesia que “salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo” (EG, 23).

Si realmente queremos hacer resonar el mensaje del evangelio, necesitamos echar mano de nuestra creatividad para que la palabra de Dios resuene en el oído y en el corazón de muchos.  Pues aunque tantos hombres y mujeres hayan perdido la luz de la fe, sin embargo siguen conservando el ‘oído’ del espíritu, es decir, ese deseo natural de conocer y encontrarse con  Dios, su creador. Ante esta realidad es importante que la centralidad de la palabra de Dios sea clara y contundente. “Si pretendemos poner todo en clave misionera, esto también vale para el modo de comunicar el mensaje. En el mundo de hoy, con la velocidad de las comunicaciones y la selección interesada de contenidos que realizan los medios (cf. EG, 34). Las jóvenes generaciones se caracterizan hoy por la relación con las tecnologías modernas de la comunicación y con lo que normalmente se llama “mundo virtual”, no obstante también tenga efectos muy reales. Todo esto ofrece posibilidades de acceso a una serie de oportunidades que las generaciones precedentes no tenían, y al mismo tiempo presenta riesgos. Sin embargo, es de gran importancia poner de relieve cómo la experiencia de relaciones a través de la tecnología estructura la concepción del mundo, de la realidad y de las relaciones personales. A esto debería responder la acción pastoral, que tiene necesidad de desarrollar una cultura adecuada.

Jesús pide a sus discípulos que vayan y le traigan al ciego. Los discípulos de Jesús estamos llamados a esto, también hoy, especialmente hoy a poner al joven en contacto con Jesús. Del que muchas veces ha escuchado en la niñez y en la formación cristiana  inicial pero quizá, no se ha encontrado personalmente con él.  “En la búsqueda de caminos capaces de despertar la valentía y los impulsos del corazón no se puede dejar de tener en cuenta que la persona de Jesús y la Buena Noticia por Él proclamada siguen fascinando a muchos jóvenes”.

Segundo paso: la escucha.

San Lucas nos cuenta como una vez que el ciego se da cuenta que quien está pasando junto a él, comenzó a gritar: « ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mi ¡»” (v. 38). Esto representa para nosotros un gran desafío. Pues requiere que como consecuencia de ser una «Iglesia en salida» seamos una «Iglesia en escucha», capaz de conocer y comprender las necesidades físicas, espirituales y existenciales de los jóvenes. Cuando el grito de la juventud, como el del ciego, resuena con fuerza, no hay otra respuesta que hacer nuestras las palabras de Jesús y sobre todo imitar su corazón. Salir hacia el mundo de los jóvenes requiere la disponibilidad para pasar tiempo con ellos, para escuchar sus historias, sus alegrías y esperanzas, sus tristezas y angustias, compartiéndolas: esta es la vía para inculturar el Evangelio y evangelizar toda cultura, también la juvenil. Cuando los Evangelios narran los encuentros de Jesús con los hombres y las mujeres de su tiempo, destacan precisamente su capacidad de detenerse con ellos y el atractivo que percibe quien cruza su mirada. Esta es la mirada de todo auténtico pastor, capaz de ver en la profundidad del corazón sin resultar intruso o amenazador; es la verdadera mirada del discernimiento, que no quiere apoderarse de la conciencia ajena ni predeterminar el camino de la gracia de Dios a partir de los propios esquemas. Como ha dicho alguno de los jóvenes en la XCIX Asamblea Plenaria del Episcopado Mexicano, en abril de 2015: “Si no logramos pasar de un discurso meramente doctrinal a un discurso – acción que llegue a la vida de los jóvenes y los impulse a generar cambios sociales, económicos, incluso religiosos nos quedaremos en la reflexión. Si seguimos sin estar de lado de los jóvenes, de sus aspiraciones, cuestionamientos, dudas, incertidumbres, sueños y metas entonces seguirán oprimidos y esclavizados, y no tendrán tiempo para escuchar a la Iglesia, porque la Iglesia no los escuchó en su momento, más aún la Iglesia dejará de ser una institución de credibilidad y respuesta … Hoy tenemos la oportunidad de marcar un nuevo rumbo a favor de la evangelización de la juventud, no podemos dejarlo pasar, no podemos simplemente cumplir, el hoy nos exige más que ayer y que el mañana juzgará nuestros aciertos y omisiones” (cf.  Actas, Anexo 10, p. 91).

Tercer paso: el discernimiento.

En este contexto, creo que es posible entonces que como Iglesia hagamos nuestra la pregunta que Jesús le dirige al ciego: “¿Qué quieres que haga por ti?”(v. 41). Podría parecer una petición inútil: ¿Qué puede desear un ciego si no es la vista? Sin embargo, con esta pregunta, hecha «de tú a tú», directa pero respetuosa, Jesús muestra que desea escuchar las necesidades del ciego y a partir de eso  discernir. En este sentido el Documento preparatorio, para la XV Asamblea General Ordinaria, Los Jóvenes la fe y el discernimiento vocacional nos señal tres acciones concretas que podemos en otro momento estudiar y profundizar: reconocer, interpretar y elegir. Tres acciones concretas que pueden ayudarnos a delinear un itinerario adecuado tanto para los individuos como para los grupos y las comunidades, sabiendo que en la práctica los límites entre las diferentes fases no son nunca tan claros.

Cuarto paso: la respuesta.

Jesús no se quedó indiferente. Jesús quiso conocer las necesidades porque  se sientió ansioso de poder dar una respuesta. Conociendo muy bien la necesidad, y tres haber hecho un discernimiento, cura al ciego. No lo deja ir con las manos vacías. Cumple con sus expectativas y recupera lo más deseado por el: la salud. Así deberá ser nuestra pastoral. De manera pro social debemos identificar cuáles son las necesidades concretas y centrarnos en ello. Si bien son importantes los tres pasos anteriores. Este cuarto será indispensable. Que a todos el Plan Diocesano de Pastoral y los planes parroquiales de pastoral,  nos anime y nos conduzcan para dar respuestas evangélicas que realmente curen y lleven a tantos ciegos a dejar el camino y la vida de limosnas.

Gracias a todos ustedes por su generosidad y entrega al servicio de la pastoral, al servicio el reino. Que nuestra Señora de los Dolores de Soriano Nuestra Patrona, nos obtenga de su Hijo, los auxilios necesarios para seguir siendo. Una Iglesia de puertas abiertas y en salida misionera. Amén.

 

+ Faustino Armendáriz Jiménez

Obispo de  Querétaro

 

 

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