DESDE LA CEM: Comunicado de los Pueblos Originarios.

| octubre 4, 2017

Ante la sacudida de nuestra Madre Tierra,

que a la unidad nos convocó.

El dolor que, inesperadamente,

a nuestra patria el terremoto sacudió,

nos unimos al dolor.

Como al maíz cuando el molino molió

pero con la esperanza cuando, hecho tortilla,

a su comensal fortaleció”.

(Miguel Mireles Ramírez. Toluca)

 

A nuestros amados hermanos que sufren las consecuencias del Sismo; a nuestro querido Pueblo; a nuestros hermanos  Obispos,  sacerdotes, religiosas; a los Gobiernos Civiles.

Les saludamos con afecto y bendición, nosotras y nosotros, los responsables diocesanos de la Pastoral de Pueblos Originarios que venimos de los cuatro puntos cardinales de México, reunidos en Asamblea los días 18 al 22 de septiembre en Cuautlancigo, Puebla.

Los acontecimientos ocurridos en estos últimos días han sido devastadores y dolorosos para todas las personas que formamos nuestro querido México. Durante nuestra  Asamblea,  hemos vivido en carne propia, los estragos del sismo  que ha afectado a tantas familias.  Desde este espacio, nos unimos a la pena y dolor de quienes sufren la perdida de la vida de sus seres queridos, de sus viviendas y de su tranquilidad.

La Madre Tierra hoy  más que nunca,  nos recuerda que ella es importante para la vida humana,  que es nuestra Casa común;  el altar donde tejemos nuestra vida. Nuestra relación con ella, tiene que ser de mayor comunicación y cuidado. Ella, con los movimientos telúricos, clama y pide una relación de cariño, respeto y ternura.

Siguiendo la exhortación del Papa Francisco, “Como cristianos, queremos ofrecer nuestra contribución para superar la crisis ecológica que está viviendo la humanidad.  (LS 216).

La crisis ecológica nos llama por tanto a una profunda conversión espiritual, una «conversión ecológica,» (LS 217).

Nos duele la situación que están viviendo las Comunidades Originarias de Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Puebla, Morelos, Estado de México y Ciudad de México.

Convocamos a todas las hijas  y a todos los hijos de los Pueblos Originarios,  que en base a nuestras ancestrales costumbres de Tequio, Guelaguetza, Mano Vuelta,  Paclan áanta, Kórima y Faenas, nos solidaricemos con nuestras hermanas y hermanos que sufren. Compartamos nuestro maíz, nuestro frijol, nuestra casa, nuestro vestido y cariño para que nos ayudemos a levantarnos dignamente de la postración en la que nos han dejado los Sismos.

Unidos en un solo corazón, nos despedimos rogando a Tonantzin Guadalupe, que así como ella levantó  al tío Bernardino de sus enfermedades y sufrimientos, de la misma manera, nos ayude a levantarnos del abatimiento y que haga que amanezca entre las flores y los cantos que dieron esperanza a Juan Diego Cuautlatoatzin.

 

Pastoralmente,

 

+ Mons. José de Jesús González Hernández OFM

Obispo de la Prelatura de Jesús, María el Nayar.

Responsable de la Dimensión de Pastoral de Pueblos Originarios y Afromexicanos.

Comisión Episcopal para la Pastoral Social.

Y participantes en el III Encuentro I Asamblea de Responsables diocesanos de la Pastoral de Pueblos Originarios.

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