Visita ad limina: Mons. Faustino Armendáriz Jiménez visita al Papa Francisco

(CODIPACSQRO) Monseñor Faustino Armendáriz Jiménez partió el viernes 16 de mayo a Roma, a la Ciudad del Vaticano para realizar la visita ‘Ad Limina’. Es una visita prescrita en el Código de Derecho Canónico, la ley de la Iglesia Católica, concretamente en los cánones 399 y 400 que dicen: “Cada cinco años, el obispo diocesano debe presentar al Romano Pontífice (el Papa) una relación sobre la situación de su diócesis, según el modelo determinado por la Sede Apostólica y en el tiempo establecido por esta” (399).

Además, “el obispo diocesano, llegado el tiempo en que debe presentar la relación al Sumo Pontífice, ha de ir a Roma, de no haber establecido otra cosa la Sede Apostólica, para venerar los sepulcros de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y preséntese al Romano Pontífice” (400).
Tres son, pues, los actos fundamentales de la visita: peregrinación a las tumbas de Pedro y Pablo; presentación al Papa de la “relación quinquenal” de cada diócesis; y el encuentro personal con él. También los obispos mexicanos aprovechan el viaje para una toma de contacto con los colaboradores directos del Papa, que ya previamente han recibido para su estudio la relación quinquenal enviada. Por lo que podemos entender es una visita preparada.
Informar en este caso es contemplar, apreciar, descubrir la providencia de Dios, en pocas palabras ver la presencia de Dios en la vida de la Diócesis de Querétaro. También podemos apreciar que el Papa está muy al pendiente de la vida de nuestra comunidad, directamente como pastor de la Iglesia universal, escuchará y preguntará sobre nuestras fortalezas y debilidades para vivir según el Evangelio, de manera particular preguntará por los niños, los jóvenes, los ancianos, los enfermos, las familias, y Mons. Faustino conociendo la realidad de las parroquias, decanatos y de toda la Diócesis y basándose en las programaciones parroquiales y la organización de la pastoral diocesana en comisiones, responderá a lo que el Santo Padre pregunte.

 

El origen, en las cartas de san Pablo

Esta visita, si bien se remonta en su origen, según varios testimonios, al siglo IV (341-352), hay quien sitúa su origen en los dos primeros capítulos de la carta a los Gálatas, en donde Pablo refiere sus dos subidas a Jerusalén: la primera, para conocer a Pedro e intimar con él; y la segunda, para someter a los Apóstoles –presididos por Pedro– el Evangelio que él anunciaba.

Sin embargo, fue en 1585 cuando el papa Sixto V –mediante la constitución Romanus Pontifex– reguló el formato de estas visitas, que siguieron las pautas marcadas hasta 1740, cuando Benedicto XIV –mediante la constitución Quod Sancta– amplió la obligación a los prelados nullius y estableció una comisión para valorar los informes de los obispos al término de la visita.
Al consultar con el Pbro. Francisco Gavidia, historiador de la Diócesis nos dice que “No existe un registro exacto de las visitas de los obispos de Querétaro al Papa, pero hay memoria de una de Don Rafael Sabas en 1924, otra de Don Alfonso Toriz, y dos de Don Mario De Gasperín, una en 1994 y en 2005″. Por motivos particulares y de los tiempos las visitas se van adecuando a la vida de la Iglesia y a las posibilidades humanas. No es lo mismo una visita viajando con los recursos del siglo XIX a los que tenemos en el siglo XXI, la misma comunicación en la actualidad es inmediata y constante.

 

Normativa actual de la Visita Ad Limina

La actual normativa, con algunos cambios poco sustanciales, procede de Pío X, quien en 1909 la estableció cada cinco años.

En ella, los obispos deben aportar los nuevos datos desde la visita anterior e informar de las realizaciones y conclusiones de los consejos y advertencias dadas entonces.

En el informe que se envía previamente, han de incluirse estos datos: nombre, edad y país del obispo, o congregación religiosa, si es que pertenece a una; cuándo comenzó su gobierno y si ya era obispo antes. Igualmente, se informa de la condición religiosa y moral de su diócesis, el progreso de la fe desde la última visita, además de informar sobre el origen de la diócesis, su grado jerárquico y los principales privilegios, sínodos diocesanos celebrados; el grado y extensión de la diócesis, su gobierno civil, su clima, su lengua (y una gran cantidad de datos que ayuden a conocer la Iglesia local). Se ha de informar sobre el número de católicos, si hay otros ritos y si prevalecen.

Completan el informe datos sobre la curia diocesana, las parroquias, templos, santuarios, etc. En definitiva, un nomenclátor actualizado en el que han de figurar todos los datos, y que hace que los archivos vaticanos sean, por esta causa, una de las fuentes de riqueza documental más importantes del mundo, permaneciendo como testigo histórico cuando en algunos casos, como en España, muchos archivos fueron destruidos en sucesivas guerras.

 

Una manifestación de la comunión

Estas visitas son, a la vez, una manifestación de la comunión entre los obispos y el obispo de Roma, y un medio para reafirmar dicha comunión. No hace falta decir que esta comunión tiene como eje la confesión de la misma fe, la celebración de los mismos sacramentos, la práctica de la misma ley, que es la ley del amor, y la experiencia de la misma oración pública de la Iglesia.
Monseñor Faustino con mucha sencillez el pasado 15 de mayo informó a la comunidad de La Lira en Pedro Escobedo, de la visita que realizará al Papa Francisco, que seguramente todos le mandan saludos y se encomiendan a la oración del Papa y piden su bendición. Pues precisamente una de las principales funciones de estas visitas es la confirmación en la fe de todos los que formamos el cuerpo de la Iglesia, y despertar la conciencia de que todos tenemos un papel orgánico, importante, incorporados a la Iglesia.

 

La fuerza de las Iglesias locales

Estas visitas son una ocasión para subrayar la importancia de cada diócesis, de su rostro, de sus fortalezas, de sus debilidades y de sus grandes desafíos. La Iglesia en cada Iglesia particular se encarna, valora y desarrolla la cultura, ilumina con la luz del Evangelio lo superable y con orgullo muestra lo digno y bello.

Seguramente la visita, será un momento de gracia para todas las diócesis de México, será una bendición para la Diócesis de Querétaro, porque podemos estar ciertos que junto al pastor nada han de temer las ovejas, y juntos como Iglesia y siempre dispuestos a obedecer las orientaciones del pastor diocesano encontraremos con seguridad y serenidad el camino que conduce al Amor.

Jorge A. Rangel Sánchez
Publicado en el semanario «Diócesis de Querétaro», 18 de mayo de 2014