MISA EXEQUIAL. PBRO. GILDARDO ÁLVAREZ RUIZ.

San Juan del Río, Qro.,  16 de marzo de 2019.

Mons. Faustino Armendáriz Jiménez Obispo de la Diócesis de Querétaro, el día sábado 16 de marzo de 2019, presidió, la Misa Exequial en sufragio del Pbro. Gildardo Álvarez Ruiz,  en el Templo del Señor del Sacro Monte,  San Juan del Río, Qro. a la que asistieron familiares, amigos, conocidos y feligresía en general para dar el último a dios a Padre Gildardo, de igual manera acompañaron un gran número de sacerdotes, que concelebraron esta Sagrada Eucaristía, en el marco del Año Jubilar Mariano, el Señor Obispo en su Homilía les compartió: “Jesús nos muestra la generosidad y la premura del Padre de tantos modos: con su palabra, con sus gestos, con su acogida hacia todos, especialmente hacia los pecadores, los pequeños y los pobres; pero también con sus advertencias, que revelan su interés para que nosotros no desperdiciemos inútilmente nuestra vida. Es un signo, de hecho, de que Dios tiene una gran estima de nosotros: esta conciencia nos ayuda a ser personas responsables en cada una de nuestras acciones. Por lo tanto, la parábola de los talentos nos reclama a una responsabilidad personal y a una fidelidad que se convierte también en capacidad de caminar continuamente sobre caminos nuevos, sin «enterrar el talento», es decir, los dones que Dios nos ha confiado y sobre los que nos pedirá cuentas”.

Dentro de la celebración y en el momento de la Homilía: Mons. Faustino le dijo: “Muy estimados hermanos sacerdotes, Queridos amigos y familiares, Hermanos y hermanas todos en el Señor:

Motivados por la fe e impulsados por las obras de misericordia que nos invitan entre otras cosas a “Dar cristiana sepultura a nuestros difuntos”, esta mañana de sábado queremos ofrecer a Dios, el sacrificio de su Hijo en favor del eterno descanso de nuestro querido hermano el P. José Fernando Gildardo Álvarez Ruiz, quien después de un fecundo ministerio y tras una larga ancianidad, el pasado jueves ha depositado su vida y su ministerio sacerdotal en las manos del Padre misericordioso, con la esperanza que su misericordia sea más grande que su justica. Anhelando el premio que merecen, quienes conscientes de sus talentos, los ponen al servicio de los demás. 

En este contexto de esperanza, el Evangelio nos presenta la parábola de los talentos (cf. Mt 25, 14-30). Un hombre, antes de partir de viaje, entrega a sus siervos unos talentos, que en aquel tiempo eran monedas de notable valor: a un siervo, cinco talentos; a otro, dos; a otro, uno, según la capacidad de cada uno. El siervo que recibió cinco talentos es emprendedor y les hace fructificar ganando otros cinco. De igual modo se comporta el siervo que había recibido dos y se procura otros dos. En cambio, el siervo que recibió uno, excava un agujero en la tierra y esconce la moneda de su patrón.

Es este el mismo siervo que explica al patrón, a su regreso, el motivo de su gesto, diciendo: «Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo y fui y escondí en tierra tu talento». (vv. 24-25). Este siervo no tiene con su patrón una relación de confianza, sino que tiene miedo de él y esto lo bloquea. El miedo inmoviliza siempre y a menudo hace tomar decisiones equivocadas. El miedo desalienta de tomar iniciativas, induce a refugiarse en soluciones seguras y garantizadas y así termina por no hacer nada bueno. Para ir adelante y crecer en el camino de la vida no hay que tener miedo, hay que tener confianza.

Esta parábola nos hace entender lo importante que es tener una idea verdadera de Dios. No debemos pensar que Él es un patrón malo, duro y severo que quiere castigarnos. Si dentro de nosotros está esta imagen equivocada de Dios, entonces nuestra vida no podrá ser fecunda, porque viviremos en el miedo y este no nos conducirá a nada constructivo; de hecho, el miedo nos paraliza, nos autodestruye. Estamos llamados a reflexionar para descubrir cuál es verdaderamente nuestra idea de Dios. Ya en el Antiguo Testamento Él se reveló como «Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad» (Éxodo 34, 6). Y Jesús siempre nos ha mostrado que Dios no es un patrón severo e intolerante, sino un padre lleno de amor, de ternura, un padre lleno de bondad. Por lo tanto, podemos y debemos tener una inmensa confianza en Él.

Jesús nos muestra la generosidad y la premura del Padre de tantos modos: con su palabra, con sus gestos, con su acogida hacia todos, especialmente hacia los pecadores, los pequeños y los pobres; pero también con sus advertencias, que revelan su interés para que nosotros no desperdiciemos inútilmente nuestra vida. Es un signo, de hecho, de que Dios tiene una gran estima de nosotros: esta conciencia nos ayuda a ser personas responsables en cada una de nuestras acciones. Por lo tanto, la parábola de los talentos nos reclama a una responsabilidad personal y a una fidelidad que se convierte también en capacidad de caminar continuamente sobre caminos nuevos, sin «enterrar el talento», es decir, los dones que Dios nos ha confiado y sobre los que nos pedirá cuentas.

En este sentido podemos entender muy bien, el ser y la misión del sacerdote, quien consciente de la misión a la que Dios le llama, pone sus talentos al servicio de la glorificación del Dios y de la santificación del hombre, pues como dice la Escritura: “Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir en favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede mostrarse indulgente con los que pecan por ignorancia y con los descarriados, porque él mismo está sujeto a la debilidad humana. Por eso debe ofrecer sacrificios, no solamente por los pecados del pueblo, sino también por los propios pecados. Y nadie se arroga esta dignidad, si no es llamado por Dios como lo fue Aarón”.

Así lo creyó, así lo celebró y así lo vivió el Padre Gildardo, desde aquella mañana del día 22 de diciembre de 1951, cuando el Excmo. Sr. Obispo D. Marciano Tinajero y Etrada, le consagró sacerdote para siempre. Y poder así, desde entonces glorificar a Dios y santificar a los hombres, especialmente siendo:

  • Vicario Coadjutor en la Parroquia de San Francisco de Asís en Colón. 04/05/1953.
  • Vicario Coadjutor en la Parroquia de San Pedro, Pinal de Amoles 01/11/1954.
  • Vicario Residente en la parroquia de San Pedro Escanela 15/05/1955.
  • Vicario Perpetuo en la Parroquia de San José, de Vizarrón, 13/08/1959.
  • Párroco de la Parroquia de San Miguel, en Carrillo Puerto, 09/07/1971.
  • Encargado de la Comisión de Planeación del Comité Diocesano para el Año Santo, 02/12/1974.
  • Párroco de la Parroquia del Santo Niño de la Salud 12/06/1975. Es aquí cuando invita al Camino Neocatecumenal a venir a Querétaro. Movimiento al que perteneció en el cual creció espiritualmente.
  • Párroco de la Parroquia de San Alfonso María de Ligorio, Amazcala, 02/12/1980;
  • Sub decano en San Pedro de la Cañada 21/01/1982.
  • Rector del Templo del Señor del Sacromonte, 29/08/2002.

Después de un fecundo ministerio sacerdotal y con el testimonio alegre de su vida sacerdotal, viviendo siempre con sencillez, entusiasmo y entrega generosa. En la última etapa de su vida su fuerza física se vio diezmada por la enfermedad y dejó de ejercer su ministerio por esta causa, aunada al paso de los años y el desgaste físico, asemejándose así a Cristo sufriente, y tras una larga configuración con el Señor, a través del sufrimiento por su enfermedad, el Padre Eterno lo ha llamado para unirse con él en la Iglesia del Cielo. Sin duda que son insondables los frutos espirituales y las bendiciones que por la mediación del Padre Gildardo, tantos y tantos giles experimentaron, por eso hoy le decimos al Señor, que mire con benevolencia el alma se nuestro hermano y que su misericordia sea mayor que su justicia.

Quiero aprovechar este momento para agradecer públicamente a quienes con tanto amor y dedicación, cuidaron de la persona, salud y bienestar del Padre Gildardo. Que el Señor Dios que sabe y conoce realmente lo que cada uno de ustedes vivió, recompense sus fatigas esfuerzos y cansancios. Dios les pague.

Que la Virgen Santa Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, interceda por el eterno descanso del Padre Gildardo y que su mirada compasiva, nos ayude a cada uno de los que lloramos su muerte, a retomar nuestro compromiso por trabajar sin descanso, poniendo nuestros talentos al servicio de los demás. Amén.

Al terminar se hizo  la siguiente oración por el eterno descanso del padre Gil:

V. Dale, Señor, el descanso eterno.

R. Brille para él, la Luz perpetua.

V. Descanse en paz.

R. Así sea.

V. Que el alma de nuestro hermano Gildardo, Sacerdote, por la misericordia de Dios descanse en paz.

R. Así sea.