Mensaje de Año Nuevo

A los sacerdotes y diáconos,

a los consagrados y consagradas,

a los todos los fieles laicos,

a todos los hombres y mujeres de buena voluntad de la Diócesis de Querétaro:

 

1. Al iniciar este año del Señor 2015 deseo dirigirme todos y cada uno de ustedes para invitarles a cantar junto con el salmista las palabras del Salmo 66: «Que te alaben, Señor, todos los pueblos, que los pueblos te aclamen todos juntos. Que nos bendiga Dios y que le rinda honor el mundo entero» (Sal 66, 6.8). Estas palabras son una invitación perenne a todos los pueblos de la tierra para que se unan a la alabanza del Señor, reconociéndole a él como Señor de la vida y de la historia.  Es fácil percibir en estas palabras el eco de la famosa bendición sacerdotal que Moisés enseñó, en nombre de Dios, a Aarón y a los descendientes de la tribu sacerdotal: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz» (Nm 6,24-26).Pues bien, según el salmista, esta bendición derramada sobre Israel será como una semilla de gracia y salvación que se plantará en el terreno del mundo entero y de la historia, dispuesta a brotar y a convertirse en un árbol frondoso.

2. Numerosos son las manifestaciones del amor de Dios que nos circundan y que son signo de la Providencia divina, pero quizá la realidad que por la que México atraviesa tiende a nublar su resplandor. Quiero invitarles para que en esta feliz ocasión de comenzar un nuevo año, nos dejemos cautivar por este amor y seamos así,  testigos vivos en medio de las tinieblas, de la violencia, de la corrupción, de la injusticia, de la pobreza y del dolor. No podemos construir la historia de nuestra ciudad y de nuestros pueblos, ajenos a la historia de la salvación, la cual busca instaurar el Reino de Dios en cada corazón, en cada persona y en cada familia. En este contexto irrumpe de manera sorprendente la novedad gozosa y liberadora de Cristo Salvador, que en el misterio de su encarnación y nacimiento nos permite contemplar la bondad y ternura de Dios. El Dios eterno ha entrado en nuestra historia y está presente de modo único en la persona de Jesús, su Hijo hecho hombre, nuestro Salvador, venido a la tierra para renovar radicalmente la humanidad y liberarla del pecado y de la muerte, para elevar al hombre a la dignidad de hijo de Dios.

3. Para lograr que todos los pueblos reconozcan a Jesús como el Señor, es necesario que los cristianos seamos fermento en la masa, siendo «sal de la tierra y luz del mundo»  (Mt 5, 13-16). ¿Qué sucedería si nos tomáramos ralamente en serio estas palabras? Creo que la historia tendría otro rumbo, se forjarían entre nosotros nuevos caminos para llevar al hombre a la plenitud de la vida. A nosotros toca hoy refundamentar una cultura cristiana que sea capaz de mostrar a las nuevas generaciones la única Esperanza, capaz de fundamentar la existencia y ofrecer hoy al hombre el agua viva de la fe. «Los enormes y veloces cambios culturales requieren que prestemos una constante atención para intentar expresar las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad» (Francisco, Exhort. Apost. Evangelii Gaudium, n. 41). Para contribuir como “Sal y Luz”, vamos a lo concreto, vamos a la Misión, con testimonio de vida y proclamación d ea palabra de Dios

4. Deseo animarles a no perder la esperanza en que  las cosas tienen que cambiar, en que nuestra historia debe virar y reorientar su camino, hacia lo que realmente será su destino final. «Una cultura popular evangelizada contiene valores de fe y de solidaridad que pueden provocar el desarrollo de una sociedad más justa y creyente, y posee una sabiduría peculiar que hay que saber reconocer con una mirada agradecida» (Francisco, Exhort. Apost. Evangelii Gaudium, n. 68).

5. Este mensaje quiere ser al mismo tiempo una invitación a todos ustedes, para que convencidos, se sumen al proyecto de Dios de “hacer nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5).  Mediante el anuncio gozoso del Evangelio. Hoy, «es imperiosa la necesidad de evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio». (Francisco, Exhort. Apost. Evangelii Gaudium, n. 69). ¡Dale su lugar a Dios! ¡Una sociedad sin Dios, camina sin rumbo!

6. El Año de la Vida Consagrada, al que Su Santidad el Papa Francisco no ha convocado y que estamos viviendo, ha de ser un camino no sólo para los consagrados y consagradas, de volver la mirada a Cristo y renovar así la consagración, sino que también, es una extraordinaria oportunidad  todos los hombres y mujeres para reconocer en la vivencia de los consejos evangélicos, un camino en nuestro tiempo, de instaurar el Reino de Dios en nuestro mundo. Para lo cual es fundamental estar siempre alegres. «Estén siempre alegres en el Señor» (Flp 4, 4).

7. Así pues, no hay lugar para la angustia frente al tiempo que pasa y no vuelve; ahora es el momento de confiar infinitamente en Dios, de quien nos sabemos amados, por quien vivimos y a quien nuestra vida se orienta en espera de su retorno definitivo. Desde que el Salvador descendió del cielo, el hombre ya no es más esclavo de un tiempo que avanza sin un porqué, o que está marcado por la fatiga, la tristeza y el dolor. El hombre es hijo de un Dios que ha entrado en el tiempo para rescatar el tiempo de la falta de sentido o de la negatividad, y que ha rescatado a toda la humanidad, dándole como nueva perspectiva de vida el amor, que es eterno.

¡Feliz Año del Señor 2015!

Año de la Pastoral de la Comunicación – Año de la Vida Consagrada

Ciudad Episcopal de Santiago de Querétaro, Qro., 28 de diciembre de 2014

 

† Faustino Armendáriz Jiménez

Obispo de Querétaro