HOMILÍA EN LA CELEBRACIÓN EUCARÍSITICA CON MOTIVO DEL 50° ANIVERSARIO SACERDOTAL DEL REV. P. NAZARIO GARCÍA HERRERA.

HOMILÍA EN LA CELEBRACIÓN EUCARÍSITICA CON MOTIVO DEL 50° ANIVERSARIO SACERDOTAL DEL REV. P. NAZARIO  GARCÍA HERRERA

Templo parroquial de la Parroquia del santo Niño de Praga, La Venta, Pedro Escobedo, Qro., 16 de diciembre de 2016.

***

pro-e1474847786137

Estimado(s) señor(es) obispo(s),

queridos hermanos sacerdotes,
estimados miembros de la vida consagrada,
queridos laicos,
hermanos y hermanas todos en el Señor:

  1. Acaba de resonar la voz del antiguo salmista que elevó al Señor un gozoso canto de acción de gracias. El salmo 66, es un texto breve y esencial, pero que abarca un inmenso horizonte hasta alcanzar a todos los pueblos de la tierra. Esta apertura universal refleja probablemente el espíritu profético de la época sucesiva al exilio en Babilonia, cuando se auspiciaba el que incluso los extranjeros fueran guiados por Dios a su monte santo para ser colmados de alegría. Sus sacrificios y holocaustos habrían sido gratos, pues el templo del Señor se convertiría en «casa de oración para todos los pueblos» (Is 56,7). También en nuestro Salmo, el coro universal de las naciones es invitado a asociarse a la alabanza que Israel eleva en el templo de Sión. En dos ocasiones, de hecho, se pronuncia la antífona: «Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben» (v. 4.6).
  1. Incluso los que no pertenecen a la comunidad escogida por Dios reciben de Él una vocación: están llamados a conocer el «camino» revelado a Israel. El «camino» es el plan divino de salvación, el reino de luz y de paz, en cuya actuación quedan asociados también los paganos, a quienes se les invita a escuchar la voz de Yahvé (v. 3). El resultado de esta escucha obediente es el temor del Señor «hasta los confines del orbe» (v. 8), expresión que no evoca el miedo sino más bien el respeto adorante del misterio trascendente y glorioso de Dios.
  1. Al inicio y en la conclusión del Salmo, se expresa un insistente deseo de bendición divina: «El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros… Nos bendice el Señor, nuestro Dios. Que Dios nos bendiga» (vv. 2.7-8). Es fácil escuchar en estas palabras el eco de la famosa bendición sacerdotal enseñada, en nombre de Dios, por Moisés y Aarón a los descendientes de la tribu sacerdotal: «Que el Señor te bendiga y te guarde; que el Señor ilumine su rostro sobre ti y te sea propicio; que el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz» (Núm 6, 24-26). Pues bien, según el Salmista, esta bendición sobre Israel será como una semilla de gracia y de salvación que será enterrada en el mundo entero y en la historia, dispuesta a germinar y a convertirse en un árbol frondoso. El pensamiento recuerda también la promesa hecha por el Señor a Abraham en el día de su elección: «De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición… Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra» (Gn 12, 2-3). En la tradición bíblica, uno de los efectos de la bendición divina es el don de la vida, de la fecundidad y de la fertilidad.
  1. Nuestro Salmo hace referencia explícitamente a esta realidad concreta, preciosa para la existencia: «La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios» (v. 7). Esta constatación ha llevado a los expertos a poner en relación el Salmo con el rito de acción de gracias por una abundante cosecha, signo del favor divino y testimonio para los demás pueblos de la cercanía del Señor a Israel.
  1. En esta feliz ocasión, Dios nos permite hacer nuestras las palabras de este salmo: ¡Bendigamos a Dios nuestro Señor! (Sal 66). Motivados por estas palabras queremos bendecir al Señor, por todos los beneficios que de su bondad hemos recibido en la persona y por el ministerio sacerdotal del Rev. P. Nazario García Herrera, quien hace 50 años recibió de manos del Excmo. Sr. Obispo Don Alfonso Toriz Cobián, la ordenación sacerdotal. Don y gracia mediante el cual el pueblo de Dios se ha visto bendecido y enriquecedlo, pues sin duda que la vida de un sacerdote no puede sino dispersar en el campo de la Santa Iglesia,  la semilla de la vida, de la gracia, del perdón y de la misericordia, de la Eucaristía y de la alabanza perfecta, de la unción santa y de la bendición nupcial; los dones y las gracias que los hombres y las mujeres necesitamos desde nuestro nacimiento, hasta cuando Dios nos llama a su presencia. A lo largo de estos 50 años de vida sacerdotal el P. Nazario, ha hecho posible que las palabras de este salmo sean una realidad viva.  Dios nos ha bendecido con su fecundo ministerio. Sin duda que la tierra ha producido su fruto, cuando en el corazón de tantos hombre y mujeres ha resplandecido la fe, la esperanza y la cariad. Cuando en el corazón de muchos, ha brillado la luz de la verdad y se han iluminado las tinieblas del pecado, de la ignorancia, de la falta de fe.
  1. El sacerdocio de Cristo, por naturaleza esta orientando para bendecir, para santificar, para ofrecer la acción de gracias. Por ello, lo más grande y más hermoso que un sacerdote realiza es la acción de gracias por excelencia: la Eucaristía. En ella está presente la oración de todas las generaciones, que nos llevan consigo por el camino hacia el Señor. Y, como sacerdotes, en la celebración eucarística somos aquellos que, con su oración, abrimos paso a la plegaria de los fieles de hoy. Si estamos unidos interiormente a las palabras de la oración, si nos dejamos guiar y transformar por ellas, también los fieles tienen al alcance esas palabras. Y, entonces, todos nos hacemos realmente «un cuerpo solo y una sola alma» con Cristo.
  1. Gracias padre Nazario por invitarnos a ofrecer contigo, esta acción de gracias. Nos unimos a tus intenciones y le pedimos a Dios que siga fortaleciéndote con sus dones. El día en el cual Dios te llamó para ser sacerdote se cumplieron las palabras de la Escritura. «De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición… Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra» (Gn 12, 2-3). Gracias por todo este tiempo de servicio sacerdotal, bendiciendo, perdonando, ungiendo, predicando, acompañando. Gracias por todo esto. El buen Dio tendrá misericordia de ti porque has dicho sí, pero sobre todo porque te ama.
  1. En unos momentos más vas a renovar tus promesas sacerdotales. Que este momento sea un gesto de confianza y gratitud con el Señor que te llamó a seguirlo cerca hasta el final de tu vida. Que sirva para que como tú, muchos niños y jóvenes, quieran abrazar el sacerdocio de Cristo y puedan algún día  también bendecir a la comunidad.  Muchas felicidades por este aniversario.

 

 

+ Faustino Armendáriz Jiménez

Obispo de Querétaro