DESDE LA CEM: Poner cimientos a la casa.

de Enrique Díaz Díaz
Obispo Coadjutor de San Cristóbal de las Casas

Isaías 26,1-6: “El pueblo justo se mantiene fiel al Señor”

Salmo 117: “Bendito el que viene en nombre del Señor”

San Mateo 7,21.24-27: “El que cumple la voluntad del Padre entrará en el reino de los cielos”

 

Isaías es el profeta que nos va guiando en el camino del adviento. Hoy nos ofrece un gran contraste entre lo que nosotros vivimos y la idealización que hace de la Jerusalén reconstruida. El pueblo ha conocido el dolor y el destierro, sin embargo ahora tiene la esperanza de poder vivir en seguridad y paz dentro de la ciudad fuerte que el Señor custodia. Todo lo contrario sucede con la poderosa Babilonia a la que se alude con tintes dramáticos de destrucción. Son signos que también tienen mucho sentido para nosotros que estamos sufriendo la inseguridad. Las ciudades y las poblaciones están cada día más inseguras y desprotegidas. No bastan policías ni guardianes para defenderlas. Han caído presas de la violencia. Las palabras de Isaías suenan a promesa bendita para nosotros, pero también expresan sus condiciones. Tendremos una ciudad fuerte si el pueblo es justo y se mantiene fiel al Señor. Minamos nuestros cimientos y después queremos tener una ciudad fuerte. La conclusión del Sermón de la Montaña es muy gráfica señalando las diferentes formas de construir una casa: sin cimientos que al primer soplo de viento o de tormenta se viene abajo; o una casa segura y firme, basada en escuchar de la Palabra de Dios y ponerla en práctica. Nuestra fe se funda en la escucha de la Palabra de Dios y en la confianza que depositamos en su providencia. No basta decir: “Señor, Señor”, porque no son palabras vanas las que sostienen la esperanza. Es la práctica diaria y constante, es el rumiar con detenimiento y devoción la Palabra viva… ¡Es poner cimientos a la casa! Sin este fundamento de una vida interior alimentada por la Palabra de Dios, encarnada en las obras concretas de amor a los hermanos, no se puede construir firmemente. Es tiempo de Adviento, tiempo de revisar los fundamentos de nuestras familias, de nuestra sociedad y de cada uno de nosotros. Si estamos construyendo sobre las arenas movedizas del placer y del poder, no nos extrañemos que la construcción se nos venga abajo. La invitación de Isaías es: “confíen siempre en el Señor, porque el Señor es nuestra fortaleza para siempre”.