DESDE LA CEM: MISA NÁHUATL EN BASÍLICA DE GUADALUPE .

MISA NÁHUATL EN BASÍLICA DE GUADALUPE

CON REPRESENTANTES DE TODAS LAS COMUNIDADES DEL PAÍS,

CON TEXTOS LITÚRGICOS AUTORIZADOS POR LA SANTA SEDE Y LA CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO.

medida para  banners prncipales

OCTUBRE 12, 2016.

La Ciudad de México fue sede del XIV Taller de Cultura Náhuatl, del 11 al 14 de octubre, contando con la participación de obispos, religiosos y laicos; y en el cual se dio continuidad a los trabajos de traducción de los textos litúrgicos para la celebración eucarística y los sacramentos en el idioma materno, con el fin de brindar una mejor atención a estas comunidades que rebasan una población de un millón ochocientos mil personas, según datos de INEGI.

En este taller se entregó el Misal traducido, resultado del trabajo conjunto, del diálogo, consenso y reflexión académica con representantes de aproximadamente veinte comunidades indígenas.

En el marco de este encuentro, el día 12 de octubre se celebró la segunda Eucaristía con la Comunidad Náhuatl del país, con dos motivos de gratitud especial: el reconocimiento oficial por parte de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) del Misal en Lengua Náhuatl, así como el Decreto que el Santo Padre Francisco entregó al final de la celebración eucarística en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, el pasado 15 de febrero, por medio del cual se reconoce dicha lengua como idioma oficial litúrgico.

Esta Eucaristía estuvo presidida por Monseñor Enrique Díaz Díaz, obispo coadjutor de San Cristóbal de las Casas y responsable de la Dimensión de Cultura de la CEM, quien estuvo acompañado por cuarenta y tres sacerdotes y representantes de estas poblaciones indígenas del país.

En su homilía, Monseñor Díaz afirmó que “con las mismas palabras de Juan Diego, con la misma angustia y con la misma ilusión venimos a postrarnos a tus plantas, a colocarnos en el hueco de tus manos, a refugiarnos en tu corazón”. Traemos, dijo: “toda la alegría de nuestras tierras, queremos que escuches la música de nuestras guitarras y nuestros instrumentos alimentada con el trinar de nuestras aves… te ofrecemos nuestros frutos sembrados en el sudor y el dolor de tus siervos pequeños, y cosechados en la alegría y el cantar de nuestras hermanas y hermanos”.

Y enfatizó que“traemos nuestro dolor, nuestra tristeza y nuestras penas; como Juan Diego también te queremos decir, Mi Niña, la más pequeña, que tu siervo el pueblo náhuatl, el más pequeño, está sufriendo de dolor y enfermedad. Hay muchos males y dolores en nuestro pueblo. Nuestros ancianos y nuestros enfermos miran nostálgicos y adoloridos que son abandonados a su suerte y que no hay quien se ocupe de sus cuidados. El hambre hace estragos en nuestras comunidades y las enfermedades propias de la pobreza y de la desnutrición minan nuestros pueblos”.

Explicó que “la enfermedad de mi pueblo no es sólo la enfermedad del cuerpo. La violencia y la corrupción lo están destruyendo… Los jóvenes abandonan nuestros pueblos, se arriesgan en aventura buscando mejores condiciones de vida… Terminan arrumbados, discriminados y perdidas sus raíces y sus sueños; muchos de ellos son captados por el crimen organizado o sucumben entre las drogas y el narcotráfico. Nos duelen y nos entristecen los asesinatos y desapariciones que quedan impunes y dejan luto, tristeza y orfandad”.

Recordó que este año hemos experimentado una gran alegría porque el Papa Francisco nos ha visitado. “Nos ha recordado tu amor y nos ha concedido el reconocimiento de nuestra lengua. En su visita nos has dado como gran regalo a tu Hijo Jesús. Es la más bella ofrenda que nos podías ofrecer… pues con (su) Misericordia nos ha mostrado el rostro de un Padre, con sus bellas palabras, con sus valientes denuncias, con su cercanía con los pobres y despreciados, nos ha rescatado y nos ha dado una nueva esperanza”.

Más de mil indígenas, con danzas, incienso, ofrendas, cantos, aplausos y flores, renovaron su fe, su compromiso y vida