CONOCIENDO A LA SIERVA DE DIOS M. EUGENIA GONZÁLEZ LAFON
Una historia de vida. Continuación…
Queridos hermanos, alabemos y bendigamos a Dios nuestro Señor por el don de la vida. Seamos agradecidos siempre con Él que nos ama tanto.
Sigamos conociendo un poco más de la Vida de la Sierva de Dios Madre Eugenia de la Santísima Trinidad González Lafon.
Recordemos que, en la nota anterior, hacíamos memoria del Padre Bruno, quien fue su confesor durante 14 años y así también mencionamos a su gran amiga y consejera, la Madre Luisa Chorón, Religiosa del Sagrado Corazón por su gran apoyo espiritual a la Sierva de Dios. Con esto cerramos el año de 1910 y damos inicio al 1911, de la Historia de la Congregación de Catequistas de María Santísima. Escrita por la Sierva de Dios Madre Eugenia.
Primeros cimientos de la Obra de fundación.
Fue en 1911, que Dios nuestro Señor siembra en el corazón de la Señora María Madero Farías, hija de Don Evaristo Madero y tía de Francisco I Madero González. Casada con Rodolfo J. García González, primo hermano de la Sierva de Dios Madre Eugenia de la Santísima Trinidad González Lafon. Estando ésta a cargo de un Asilo que había fundado su padre desde 1894 en la Hacienda del Rosario. A la muerte de Don Evaristo Madero, ella con sus hermanos había decidido cambiar de personal. Y llama precisamente a su pariente Eugenia, para que le sugiera algunas religiosas que pudieran hacerse cargo de dicho asilo.
Madre Eugenia nos lo cuenta de la siguiente manera:
“Un día recibí un recado de María diciendo que si le hacía favor de pasar a su casa. Fui a ver que deseaba, y me dijo: «Te llamé para decirte algo sobre el asilo» y continuó: «Después de la muerte de papá, hemos resuelto los hermanos cambiar, por otro, el personal que lo dirige, y quise preguntarte a ti, qué religiosas te parecen más a propósito para que se encarguen de él». Estuvimos hablando sobre el asunto un rato, y, de repente, intempestivamente, me dijo: ¿Por qué no fundas tú una Congregación?; yo te ayudo me van a hacer una operación en que peligra mi vida; no tengo hijos, y quiero dejar una parte de mi capital para algunas obras buenas». «Si me prometes no decírselo ni a tu marido, le respondí, te diré algo sobre esto». Me lo prometió, y por mi parte le expuse la idea de la fundación. La cosa quedó así; pero yo me volví a casa encantada de la oferta, y bendiciendo a Dios[1].
Pasados unos meses, Doña María, primera bienhechora de la fundación, es llevada a Nueva York, para que le hicieran la necesaria operación. Todo parecía haber salido bien pero ya casi para salir del hospital comenzó María asentir los síntomas del «tétano» y siete horas después o sea el día 14 de noviembre de 1911, murió[2].
Ya ella había hecho su testamento de su puño y letra, al sentir cerca la muerte pidió a su esposo que fuera por un sacerdote y a su hermano Benjamín le entregó el testamento para que se hiciera cargo de su cumplimiento.
“Dicen que el Sacerdote dijo que era un alma muy pura, y yo añado que era una amante de la Eucaristía, como lo prueba la recomendación que dejó en su testamento, de que de su capital se compraran un altar, un cáliz, un copón y una custodia. Sirvan estas líneas como un tributo de mi cariño y gratitud para con ella; sus últimas palabras para mí fueron «ruega por mí», y si me muero me encomiendas a Dios. Su muerte fue una lección sobre las vanidades de la vida”[3].
A un mes de su muerte, dice Madre Eugenia:
“Recibí un recado de su viudo, Don. Rodolfo J. García, diciéndome que deseaba hablar conmigo: «Te supliqué que vinieras porque quiero enseñarte el testamento de María, pues hay en él una cláusula relativa a ti». Efectivamente, una de las
cláusulas del testamento decía textualmente así: «Deseo que dé también (se refiere a Rodolfo) cuando él pueda, sin ninguna exigencia, $50.00 (Cincuenta pesos) cada mes para ayudar a la obra del Catecismo y de lo que sabe Eugenia González» […] sabes que puedes contar con esos cincuenta pesos desde el 10 de enero del año que viene (1912)». Y así ha sido: desde entonces, es decir hace veintiséis años siete meses, que puntualmente se me entrega esa mensualidad, ni una sola vez ha faltado a la Congregación ese auxilio, teniéndolo, además, desde 1925, asegurado con documentos para cuando don Rodolfo falte”.
Es así como Dios nuestro Señor iba proveyendo lo necesario, para que Madre Eugenia siguiera adelante con el llamado que le hizo para la fundación del Instituto.
Les invito a que sigamos dando gracias a Dios; ahora por María Madero y don Rodolfo, que, con su donativo económico, pusieron el primer cimiento material para esta Obra de Dios. Esto nos ayuda a comprender que el Plan de Dios es perfecto y que solo en el debemos confiar.
Por otro lado, les comparto que el 15 de este mes de agosto, se cumplieron 78 años de los Votos Perpetuos de la Sierva de Dios Madre Eugenia y cuatro Hermanas más: Concepción de María Medianera, Delfina de María Santísima, Carmen de Santa Teresita y Ausencia de Ntra. Sra. del Refugio.
Sigamos orando por su proceso de Beatificación y Canonización.
Si por su intercesión recibes alguna gracia especial. Comunícate al tel. 4428070740 o escríbenos al E-mail; madreeugeniagl@gmail.com, tambien a: Facebook- M Eugenia Gonzalez.
Hna. Amalia de San Pablo Guzmán Lezama
Vicepostuladora
[1] Ver, Historia de la Congregación, escrita por la Rev. Madre Eugenia de la Santísima Trinidad González Lafon, año 1911.
[2] Cfr. Ibidem.
[3] Ver, Historia de la Congregación, escrita por la Rev. Madre Eugenia de la Santísima Trinidad González Lafon, año 1911.