XXV Aniversario desposadas con el Hijo del Eterno Padre

| agosto 23, 2015

raquel(CODIPACSQRO) El domingo 23 de agosto, el señor obispo don Faustino Armendáriz celebró la Eucaristía de acción de gracias por el XXV Aniversario de Consagración Religiosa de la hermana Raquel del Sagrado Corazón de Jesús Piña Hernández del Instituto de Religiosas Catequistas de María Santísima de la Orden de San Benito. Le acompañaron el Pbro. Rogelio Olvera, Vicario de Pastoral; Pbro. Filiberto Cruz Reyes, señor cura de Nuestra Señora de la Paz y Pbro. Fernando Piña Hernández, hermano de la hermana Raquel Piña.

Hace 25 años consagraron sus vidas la hermana Raquel y la hermana Marina Sánchez Sánchez en la capilla de la Virgen Fiel en la Casa Central, la querida Casa de Madero. El día 22 pasado en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, la hermana Marina tuvo la celebración de su profesión religiosa ya que es originaria de la comunidad de El Lindero, Peñamiller, y el 23 de agosto en la parroquia de Nuestra Señora de la Paz de la colonia Satélite, la hermana Raquel Piña Hernández, celebró con familiares, amigos y hermanas de comunidad, la gracia del llamado vocacional que expresó así: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y nueva, tarde te amé! Me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de Ti”.

En esta celebración de aniversario de consagración y fidelidad, las palabras de agradecimiento de la hermana Raquel Piña Hernández, hace voz a los cientos de religiosas que dan su vida en total entrega día tras día en el servicio en esta Diócesis de Querétaro.

“La gratitud o el agradecimiento es un sentimiento que suelen experimentar los creyentes hacia Dios. Es el sentimiento que experimenta una persona al estimar un favor o beneficio que alguien le ha concedido. Es “un regalo que no se ha ganado”, inmerecido.

Quiero agradecer en primer lugar a Dios, pues he comprobado lo que dice San Pablo: “Dios escogió lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y lo débil del mundo, para confundir al fuerte” (1a. Cor 1,27).

En esta celebración, he agradecido a Dios por lo que en estos 25 años que me ha regalado y, en las ofrendas, he puesto a cada una de las personas que han dado su experiencia y tiempo para con esta humilde sierva. Por mi señor obispo Don Faustino, en este gran detalle, siendo yo como Juan Diego, “gente menuda”.

A mi comunidad religiosa por su testimonio de fidelidad, su paciencia, comprensión y cariño durante estos XXV años. Dios las bendiga.

A cada una de mis superioras, desde la que me recibió, Madre Celia Zarazúa por escuchar la voz de Dios, hasta la actual Madre Luisa, gracias por todas las oportunidades que me han dado de crecer humana y espiritualmente (ustedes saben que no ha sido fácil).

A mis maestras de formación y cada una de las hermanas que me han ayudado a levantarme y crecer espiritualmente y moralmente, M. Susana, M. Lucía.

A cada uno de los sacerdotes que me han acompañado y ayudado a realizarme como mujer consagrada, gracias por estar ahí cuando más lo he necesitado, de una manera especial agradezco a quien considero mi padre en la fe, aunque no está presente, al ahora Arzobispo don Rogelio Cabrera López, quien me acompañó hasta donde su ministerio se lo permitió. A los padres de esta parroquia (Nuestra Señora de la Paz) por su cuidado pastoral, por permitir que esta celebración se realizara. Dios premie su trabajo.

A mi papá, el señor Juan Piña, que desde el cielo vela po, como decía él, la hija que más le preocupaba y mi mamá, la señora Benita Hernández, por su gran amor, cuidado y desvelos que ha pasado por mi.

A mis hermanos Juan, Paty, Martín, Rosio, Domingo, José, Carlos, Mary, Fer, con quien he ido caminando, y a sus esposos y esposas por todo su apoyo moral, espiritual y económico, por el cariño y comprensión que siempre me han brindado, gracias por estar presentes en mi vida, gracias por organizar esta celebración, ustedes saben que los quiero mucho. A todos mis sobrinos por su gran amor, apoyo y confianza, Dios les guarde siempre en su amor.

Al Neocatecumenado, donde me inicié en la fe, gracias por sus oraciones. A mis amigos por brindarme su cariño, oración cuando más lo he necesitado. Gracias padre Israel, por su paciencia y apoyo. Gracias a todos ustedes por acompañarme a dar gracias a Dios”.

Monseñor Faustino agradeció el que estas celebraciones se hicieran en las parroquias de donde son originarias las consagradas, por ser importantes en la propia vocación la familia, la comunidad, valoró su entrega y testimonio. Advirtió que la Palabra de Dios resplandece y plantea para los consagrados y para todos los fieles una pregunta que pide una respuesta de fe y cercanía. Vivimos tiempos difíciles, la fe no es de personas ilusas.

Las dos Consagradas renovaron sus votos frente al señor obispo y frente a su superiora general Madre María Luisa de San Juan Bosco Ordaz.

Monseñor Faustino concluyó la santa Misa, pidiendo la intercesión de la Santísima Virgen para que nos ayude a creer más en Jesús.

Jorge A. Rangel Sánchez

 

 

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