¡Perdón Señor, perdón!

| marzo 22, 2015

Pbro. Luis Ignacio Núñez

papa-francisco-confesionario(Hablemos claro) A lo largo de estos días ya previos a la Semana Santa, en toda la diócesis se están haciendo ordinariamente los actos penitencial en las diversas parroquias de cada decanato. ¡Qué maravilla poder acercarse con un corazón sencillo, humilde y arrepentido para recibir el perdón de Dios y experimentar nuevamente su misericordia! Que nuestra miedo y vergüenza se disipen con doblar nuestra rodilla y disponernos a recibir la absolución de nuestro pecados.

No olvidemos que el protagonista de nuestros pecados es el espíritu Santo. Él mismo en su resurrección lo dijo a sus apóstoles: “Reciban el Espíritu Santo, a quienes perdonen los pecados les quedan perdonados…” (Jn. 20,23) Cada uno de nosotros como sacerdotes estamos llamados a ser hombres del Espíritu Santo, testigos y anunciadores, alegres y fuertes heraldos de la resurrección del Señor. Nuestro corazón sacerdotal se conmueve ante la miseria del hombre, aunque es verdad que la tradición indica el doble papel de médico y de juez como confesor, no olvidamos que como médicos estamos llamados a curar y como juez a absolver.

Ya hace tiempo que me llamó la atención las palabras del Papa Francisco sobre el tema de la confesión: “Confesar nuestro pecados no es andar a una sesión de psiquiatría o a una sala de torturas sino decirle al Señor que soy pecador, pero decirlo… ser como los niños que dicen con claridad sus pecados y concretos; son sencillos con la verdad. Mientras que nosotros tenemos la tendencia de esconder la realidad de nuestras miserias…sentir la vergüenza ante Dios por nuestro pecados”.

¡La confesión no es un tribunal de condena sino una experiencia de perdón y misericordia! Que este tiempo sea una oportunidad de acercarnos al Maestro y Señor de nuestro vidas para aprender a ser misericordiosos como Él es misericordioso. No desaprovechemos la oportunidad de hacer una buena confesión de toda nuestra vida y estar en paz con Dios que tanto nos ama y espera como bautizados. Hagamos realidad nuestra vida cristiana, siempre cerca de Él. ¡Hablemos claro!

 

 

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