PALABRA DOMINICAL: DOMINGO 21° DEL TIEMPO ORDINARIO (Mt 16, 13-20) «Tú eres… donación»

| agosto 22, 2017

PALABRA DOMINICAL: DOMINGO 21° DEL TIEMPO ORDINARIO.

El domingo con el que dábamos inicio al Tiempo Ordinario decíamos que este tiempo, se caracteriza por ser un tiempo en el cual se nos ofrecen elementos para madurar en la fe y en la conciencia de ser discípulos de Jesús, de tal manera que podamos estar en grado de asumir un compromiso más creíble, probado y sincero ante la propuesta mesiánica que el señor nos ofrece.

El día de hoy la liturgia de la palabra nos anima para dar un paso decisivo en esta respuesta. San Mateo en el evangelio (16, 13-20) nos presenta le escena en la cual Jesús explica a sus discípulos que deberá “ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día” (Mt 16, 21). ¡Todo parece alterarse en el corazón de los discípulos! ¿Cómo es posible que “el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (v. 16) pueda padecer hasta la muerte? El apóstol Pedro se rebela, no acepta este camino, toma la palabra y dice al Maestro: “¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte” (v. 22).

Aparece evidente la divergencia entre el designio de amor del Padre, que llega hasta el don del Hijo Unigénito en la cruz para salvar a la humanidad, y las expectativas, los deseos y los proyectos de los discípulos. Y este contraste se repite también hoy: cuando la realización de la propia vida está orientada únicamente al éxito social, al bienestar físico y económico, ya no se razona según Dios sino según los hombres (cf. v. 23). Pensar según el mundo es dejar aparte a Dios, no aceptar su designio de amor, casi impedirle cumplir su sabia voluntad. Por eso Jesús le dice a Pedro unas palabras particularmente duras: “¡Aléjate de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo” (v. 23). El Señor enseña que “el camino de los discípulos es un seguirle a él [ir tras él], el Crucificado”. Pero en los tres Evangelios este seguirle en el signo de la cruz se explica también… como el camino del “perderse a sí mismo”, que es necesario para el hombre y sin el cual le resulta imposible encontrarse a sí mismo”.

La mentalidad contemporánea parece que va por otro camino, lejos de ser aquel propiamente cristiano. ¿Cuántas veces como cristianos ante la incertidumbre, la desconfianza, la persecución o el peligro, deseamos que las cosas sean de otra manera?

Responder a la pregunta que Jesús le hace a Pedro en el evangelio de este día: ¿Quién dice la gente que soy yo?, Significa que hemos entendido con la mente y con el corazón que la esencia de Jesús es el amor que se dona y se entrega por los demás.  Los cristianos  sabremos  decir quién es Jesús,  cuándo aceptemos con amor la propia cruz, que a los ojos del mundo parece un fracaso y una “pérdida de la vida” (cf. Mt 25-26), sabiendo que no la lleva solo, sino con él, compartiendo su mismo camino de entrega. Cuando aceptemos que la vida no nos pertenece, sino que es un don para los demás. Esto sin duda requiere de un proceso interno de cambio en el pensamiento, en la actitud, hasta en nuestra visión del mundo y nuestra forma de entender la religión. Pide una conversión total. Romano Guardini escribiendo sobre la esencia del cristianismo dice: “Jesús exige explícitamente que los hombres le sigan. Que le sigan, no en el sentido de estar dispuestos a reconocer como ejemplar su figura de Maestro, sino en el sentido, mucho más profundo, de negarse a sí mismos”.

Hoy la Iglesia necesita gente valiente, heroica y buena, que se sienta familia de Jesús y esté dispuesta a seguirlo. Necesita voceros que anuncien el amor de Dios y su deseo de felicidad para la humanidad.

Carguemos con la propia cruz y asumamos el compromiso que cada uno tiene de luchar por hacer un mundo mejor a pesar de los contratiempos y de las incomprensiones.

Hagamos el esfuerzo por purificar nuestra manera de entender el cristianismo, tal cual nos lo presenta el mismo Jesús.

 

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