Misa VI Peregrinación de Acción de Gracias, Mons. Faustino.

| agosto 7, 2018

Basílica de Ntra. Sra. de los Dolores, Soriano, Colón, Qro., 5 de Agosto de 2018.

El Pasado 05 de agosto de 2018, Mons. Faustino Armendáriz Jiménez,  presidio la Santa Misa en la Basílica de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, ubicada en Díaz Mirón s/n Soriano, Qro., a las 13:30 hrs. con motivo de la 6ta. Peregrinación mixta en acción de gracias, por los favores recibidos y la intercesión de la Santísima Virgen María de los Dolores,  misma que dio inicio el día 04 de agosto en el  Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe (La Congregación) a las 5:30 a.m., en la que participaron algunos de los y las peregrinas de la Diócesis de Querétaro de a pie al Tepeyac.

Concelebraron esta Santa Misa el  Pbro. Fidencio Guadalupe Atanasio Servín León, Pbro. Javier Bocanegra Morales, y  Pbro. José Luis López Gutiérrez.  Mons. Faustino les compartió durante la celebración en el momento de Homilía  diciendo:

“Muy estimados hermanos y hermanas todos en el Señor:

Con alegría hemos podido concluir esta VIa  devota peregrinación hasta esta Basílica de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, para agradecer a Dios por tantos y tantos dones, especialmente el don de la salud en  mi persona. Conscientes que es Dios, el médico de los cuerpos y de las almas, pero que la piadosa intercesión de Nuestra Madre Dolorosa, nos ayuda para alcanzar con gozo, los bienes materiales y espirituales, que mejor convienen para nuestra salvación.

Gracias a todos los que me han acompañado y se han sumado para que juntos ofrezcamos a María, un ramo de flores frescas, en las que se signifique a todos y a cada uno, con nuestras intenciones y necesidades.

En este clima familiar y de piadosa devoción, celebramos nuestra fe, escuchamos la palabra de Dios y contemplamos el amor inmenso de Dios nuestro Señor.

En este domingo continúa la lectura del capítulo sexto del Evangelio de san Juan (24-35). Después de la multiplicación de los panes, la gente se había puesto a buscar a Jesús y finalmente lo encuentra en Cafarnaún. Él comprende bien el motivo de tanto entusiasmo por seguirlo y lo revela con claridad: «Me buscan no porque hayan visto signos, sino porque comieron pan hasta saciarse» (Jn 6, 26). En realidad, esas personas lo siguen por el pan material que el día anterior había saciado su hambre, cuando Jesús había realizado la multiplicación de los panes; no habían comprendido que ese pan, partido para tantos, para muchos, era la expresión del amor de Jesús mismo. Han dado más valor a ese pan que a su donador. Ante esta ceguera espiritual, Jesús evidencia la necesidad de ir más allá del don y descubrir, conocer, al donador. Dios mismo es el don y también el donador. Y, así, de ese pan, de ese gesto, la gente puede encontrar a Aquel que lo da, que es Dios. Invita a abrirse a una perspectiva que no es solamente la de las preocupaciones cotidianas del comer, del vestir, del éxito, de la carrera. Jesús habla de otro alimento, habla de un alimento que no se corrompe y que es necesario buscar y acoger. Él exhorta: «Trabajen  no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre» (v. 27). Es decir, busquen la salvación, el encuentro con Dios.

Con estas palabras nos quiere hacer entender que más allá del hambre física, el hombre lleva consigo otra hambre —todos tenemos esta hambre— un hambre más importante que no puede ser saciada con un alimento ordinario. Se trata de hambre de vida, hambre de eternidad que solamente Él puede saciar porque es «el pan de vida» (v. 35). Jesús no elimina la preocupación y la búsqueda del alimento cotidiano, no, no elimina la preocupación por lo que te puede mejorar la vida. Pero Jesús nos recuerda que el verdadero significado de nuestra existencia terrena está al final, en la eternidad, está en el encuentro con Él, que es don y donador, y nos recuerda también que la historia humana con sus sufrimientos y sus alegrías tiene que ser vista en un horizonte de eternidad, es decir, en aquel horizonte del encuentro definitivo con Él. Y este encuentro ilumina todos los días de nuestra vida. Si pensamos en este encuentro, en este gran don, los pequeños dones de la vida, también los sufrimientos, las preocupaciones serán iluminadas por la esperanza de este encuentro.

Jesús en el evangelio hoy se revela como el pan. «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás» (v. 35). Esta es la referencia a la Eucaristía, el don más grande que sacia el alma y el cuerpo. Encontrar y acoger en nosotros a Jesús, «pan de vida», da significado y esperanza al camino a menudo tortuoso de la vida. Pero este «pan de vida» nos ha sido dado con un cometido, esto es, para que podamos a su vez saciar el hambre espiritual y material de nuestros hermanos, anunciando el Evangelio por todas partes. Con el testimonio de nuestra actitud fraterna y solidaria hacia el prójimo, hagamos presente a Cristo y su amor en medio de los hombres.

Quizá como la muchedumbre dispuesta a actuar, para que el milagro del pan continúe, también nosotros preguntamos hoy: «¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?» (v. 28) Pero Jesús, verdadero pan de vida que sacia nuestra hambre de sentido, de verdad, no se puede «ganar» con el trabajo humano; sólo viene a nosotros como don del amor de Dios, como obra de Dios que es preciso pedir y acoger.

Queridos hermanos, en los días llenos de ocupaciones y de problemas, pero también en los de descanso y distensión, el Señor nos invita a no olvidar que, aunque es necesario preocuparnos por el pan material y recuperar las fuerzas, más fundamental aún es hacer que crezca la relación con él, reforzar nuestra fe en Aquel que es el «pan de vida», que colma nuestro deseo de verdad y de amor.

¡Acerquémonos al pan de la vida! ¡Que todo el que tenga hambre y sed de eternidad venga! ¡Que el que no encuentre sentido a su vida coma! ¡Que quien busca al Señor, lo encuentre y así sacie su corazón! ¡Que aquellos que sufren en el cuerpo o en el espíritu no duden en comer el verdadero “antídoto contra la muerte”!

Que al acudir a la Virgen Santísima en este día, en ella como mujer eucarística, cada uno podamos acoger el verdadero alimento de la vida, a su Hijo Jesucristo. Amén”.  

Les compartimos el Enlace de la Misa completa:

SANTA MISA.En la Basílica de Ntra. Sra. de los Dolores.Soriano, Colón, Qro.Con ocasión de Acción de Gracias por la VI Peregrinación Mixta 04 y 05 de agosto de 2018.Preside. Mons. Faustino Armendáriz Jiménez.05 de agosto de 2018.1:15 p.m.

Posted by Diócesis de Querétaro on Sunday, August 5, 2018

Categiría: AGOSTO2018, Destacados, Galería, Galería de fotos, Noticias, Nuestras Noticias

Cerrada la admisión de comentarios