Mensaje de Navidad de Mons. Faustino Armendáriz Jiménez IX Obispo de Querétaro.

| diciembre 24, 2017

 

 A todos los sacerdotes,
a los diáconos y seminaristas,
a los miembros de la vida consagrada,
a los adolescentes y jóvenes,
a todos los fieles de la Diócesis de Querétaro,
a todas las personas de buena voluntad.

 

«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz;

sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció» (Is 9, 1).

***

 

  1. La liturgia de la palabra de la noche de Navidad nos muestra un mensaje de esperanza para un pueblo afligido por la opresión y la tiranía de un rey que desatando sus intereses deshonestos por extender su imperio ha sometido a una servidumbre lastimosa a todos los pueblos. Por esta situación el pueblo vive en tinieblas y sombras de muerte. En este contexto la afirmación poética de Isaías rompe los desalentadores lamentos para convertirlos en un canto de esperanza, canto que mengua la tristeza y la angustia de la cruda realidad, pues en medio de la amargura sofocante por la tiranía del opresor, la profecía les recuerda una esperanza basada en la promesa divina: ‘Dios estará siempre con su pueblo’. Es esta certeza la que ilumina y disipa las sombras desalentadoras ocasionadas por aquellos que buscan oprimir, imponer y dominar; pues es Dios quien en momentos de aprieto ha engrandecido a su pueblo haciendo grande su alegría, es Él quien ha quebrantado el pesado yugo que oprimía sus espadas y cetro del tirano. (cf. Is 9, 3).
  1. Hoy, con tristeza constatamos que hay muchos que, movidos por intereses deshonestos y egoístas, intenta someter, oprimir y dominar a la humanidad, imponiéndole el yugo pesado de sus distintas estrategias económicas, políticas e ideológicas para conseguir sus ideales mezquinos aumentando la potencia del que más tiene y la servidumbre de los más vulnerables y débiles. Hoy el tiránico cetro del materialismo ha llevado a muchos hombres y mujeres a caminar en tinieblas y a vivir en tierras de sombras de muerte, donde no se respeta la vida, la dignidad y los derechos de cada persona; esto ha dañado las relaciones humanas haciendo imposible que vivamos como hermanos, generando desconfianza, desigualdad, resentimiento, miedo, frustración, angustia, violencia y en muchos casos el deseo de venganza; todo esto afecta profundamente la calidad de vida en nuestra sociedad.
  2. El profundo deterioro de nuestra sociedad, reflejado en la perdida de sentido del hermano, de la vida familiar y comunitaria, y del compromiso social, son un signo claro de una sociedad que se ha olvidado de Dios, todo esto es un «desafío que cuestiona a fondo la manera como estamos educando en la fe y como estamos alimentando la vivencia cristiana» (Documento de Aparecida, n. 287). Estamos llegando a un punto en que es sumamente urgente que los cristianos estemos decididos a ser luz del mundo y sal de la tierra, pero para que esto suceda debemos empezar a renovarnos personalmente, la novedad de nuestra vida iluminada por el Hijo de Dios hecho hombre en Belén dará origen a formas nuevas de relacionarnos con las personas con las que convivimos día con día, nos permitirá construir comunidades sanas y justas, nos capacitará para solucionar de manera pacífica los conflictos y para ser misericordiosos con los que sufren.
  3. Dejemos que la noche santa de Navidad nos envuelva en su misterio para que los lamentos de la humanidad sean interrumpidos por la proclamación gloriosa del nacimiento del Salvador, en esta noche la Iglesia junto con los coros celestiales proclama que Dios está en medio de su pueblo, hoy se ha manifestado una gran Luz para iluminar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte. Si bien la tristeza y la angustia son una realidad lastimosa que no podemos olvidar en estas celebraciones navideñas, pues son muchos los que caminan en tinieblas y sombras de muerte. Pero también es cierto que la Luz del misterio del Dios hecho hombre, ha dado un sentido nuevo a nuestra existencia, Jesucristo nacido en Belén nos ha ofrecido «una visión global del hombre y de la humanidad» (Pablo VI, Carta Encíclica Populorum progressio, n.13). Nosotros somos discípulos misioneros de Jesucristo y estamos convencidos de que, en Él, Dios romperá como lo ha hecho siempre el yugo opresor y hará grande nuestra alegría. Recordar esto es verdaderamente celebrar la Navidad. Los cristianos somos hombres y mujeres de esperanza y creemos que la situación actual por la que atraviesa nuestra sociedad puede ser transformada; desde la misión de la Iglesia, los discípulos misioneros de Jesucristo podemos colaborar con la riqueza de nuestros carismas, ministerios y vocaciones para hacer que la Luz de Cristo hecho hombre se haga presente en nuestras vidas.
  1. Invito a todos los que creemos en Jesús y a los hombres y mujeres de buena voluntad para que en esta navidad hagamos posible el milagro de la encarnación, mediante nuestro ‘si’ comprometido al plan de salvación, que por nuestras obras los hombres que habitan en tinieblas sombras, puedan sentir la Luz radiante del Dios que está siempre con su pueblo. Sea nuestro compromiso con la justicia y la verdad quien quebrante el yugo pesado a nuestra sociedad.
  1. De modo muy especial quiero dirigirme a los adolescentes y jóvenes, con la esperanza de animarles para que con la frescura de la alegría de vivir y de conquistar altas cimas, revitalicen la vida de la sociedad y de la Iglesia, siendo luz y tratando de ser modelo para los demás. «Que nadie menosprecie su juventud: por el contrario, traten de ser un modelo para los que creen, en la conversación, en la conducta, en el amor, en la fe, en la pureza de vida» (cf. 1 Tim 4, 12). Un mundo mejor se construye también gracias a ustedes, que siempre desean cambiar y ser generosos. No tengan miedo de escuchar al Espíritu que les sugiere opciones audaces, no pierdan tiempo cuando la conciencia les pida arriesgar para seguir al Maestro. La Iglesia les necesita. La sociedad les necesita. Es mi deseo que al celebrar en este año las fiestas de Navidad, ustedes los jóvenes, tengan un papel preponderante sobre todo para conocer, valorar y celebrar las costumbres y tradiciones que hacen rica nuestra fiesta y que le da identidad y trascendencia.
  1. Que a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, el amor de Dios y su mensaje de salvación, se haga presente en sus vidas, les bendigan y acompañe siempre.

 

¡Felices fiestas de  Navidad 2017!

 

 

***

 

Etiquetas:

Categiría: Destacados, Diciembre 2017, Diócesis de Querétaro, Documentos, Mensajes, Noticias, Nuestras Noticias

Cerrada la admisión de comentarios