Lectio Divina: XXII Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

| agosto 27, 2013

1. Lectura del texto: Lc 14, 1.7-14

(Se pide la luz del Espíritu Santo)

Permanece entre nosotros Espíritu Santo para presidir nuestras reuniones; santifica nuestras alegrías y endulza nuestros pesares; ilumina nuestras mentes con los dones de la sabiduría, del entendimiento y de la ciencia; en horas de confusión y de dudas asístenos con el don del consejo; para no desmayar en la lucha y el trabajo concédenos tu fortaleza; que toda nuestra vida religiosa y familiar esté impregnada de tu espíritu de piedad; y que a todos nos mueva un temor santo y filial para no ofenderte a Ti que eres la santidad misma.

Asistidos en todo momento por tus dones y gracias, queremos llevar una vida santa en tu presencia. Por eso hoy te hacemos entrega de nuestra familia y de cada uno de nosotros por el tiempo y la eternidad. Te consagramos nuestras almas y nuestros  cuerpos, nuestros bienes materiales y espirituales, para que Tú sólo dispongas de nosotros y de lo nuestro según tu beneplácito. Sólo te pedimos la gracia que después de haberte glorificado en la tierra, pueda toda nuestra familia alabarte en el cielo, donde con el Padre y el Hijo vives y reinas por los siglos de los siglos.

(Cada uno lee en su Sagrada Escritura)

 

banquete2Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: “Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que los convidó a ti y al otro y te dirá: ‘Cédele el puesto a éste’. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba’. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. Y dijo al que lo había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos”. Palabra del Señor.

 

Repasar el texto leído

(Se pregunta a los participantes y responden leyendo los versículos en su Biblia)

  • ¿A dónde fue a comer Jesús un sábado? v.1
  • ¿Qué lugares elegían los invitados? v.7
  • ¿Cuál fue la recomendación de Jesús? v.8a
  • ¿Por qué no debes ocupar el primer lugar? v.8b
  • ¿Qué dirá quien los invitó? v.9
  • ¿Qué lugar debes ocupar cuando seas invitado y por qué? v.10
  • ¿Qué pasa con quien se ensalza? v.11
  • ¿A quién no debes invitar a tus fiesta? v.12
  • ¿A quién debes invitar a tu fiesta? v.13
  • ¿Dónde se recibe la mejor recompensa? v.14

 

 Explicación del texto

Los banquetes que se ofrecían en casas de los ricos en tiempos de Jesús, desempeñaban un gran papel. El anfitrión que invitaba se distinguía de modo espectacular por el número de sus invitados o, de forma más real, por el buen servicio a sus huéspedes. Se contrataba un cocinero de gran aprecio, se servía vino en vasos de cristal. Cuando la animación alcanzaba su punto culminante, se ponían a danzar y a aplaudir.

El invitado esperaba que le fuesen comunicados los nombres de los restantes comensales, y que independientemente de la invitación anterior, fuese llamado el mismo día del banquete por medio de mensajeros. El invitado acudía con un vestido de amplias mangas. Una tela colgada fuera de la casa indicaba a los invitados que aún era tiempo de entrar y ser recibidos; no se quitaba dicha tela hasta después de haber servido los tres platos de entrada.

Jesús fue invitado por un  hombre rico, era uno de los jefes de los fariseos. La expresión griega puede traducirse más acertadamente diciendo que fue invitado por “uno de los jefes que procedía de los fariseos”. La razón es que la secta de los fariseos no contaba con jefes o superiores y discípulos.

Jesús no enseña normas de comportamiento social, sino que, partiendo de las buenas maneras al sentarse a la mesa, saca conclusiones acerca del reino: para entrar en él hay que ser invitado por Dios, que convida a los que reconocen su condición humilde y su necesidad de salvación.

Jesús dice que se deben invitar a los pobres, a los cojos, a los lisiados, a los que no tienen con qué pagar. La recompensa consiste en una creciente similitud con Dios mismo, que manda al menos dignos subir más arriba, hasta la resurrección. No hay ningún acto de bondad altruista que no permita experimentar un sentimiento de dicha que no viene por ningún otro camino, un gesto anticipado de algo que llegará a su perfección.

 

2. Meditación del texto

(Cada participante puede compartir su reflexión personal)

La comida a la que ha sido invitado Jesús, sirve como marco para seguir enseñando el modo de comportarse de sus discípulos. Además, indirectamente hace un ataque contra los fariseos, quienes se preocupan sólo de invitar a sus familiares y amigos conocidos para quedar bien o para obtener también algún beneficio personal.

Ya en el Antiguo Testamento se aconsejaba no ocupar los primeros puestos (Prov 25,6), pero se refiere a una exhortación moral solamente. En esta enseñanza de Jesús adquiere los rasgos de conducta propios de la llegada del reino: quien quiere entrar en él ha de hacerse pequeño, no tener pretensiones de ser justo.

La verdadera grandeza es la que tenemos ante Dios. Él asignará a cada uno los puestos en el banquete escatológico del reino, es decir, asignará el lugar que le corresponde al final de la vida.

Igualmente en nuestro tiempo hay gente que ofrece un favor con toda la intención de obtener también algo y siempre mayor y mejor, todo se transforma en un intercambio de favores.

La propuesta de Jesús es contraria a los intereses egoístas de quien aprovecha su puesto o su estatus para obtener recompensas. Dice Jesús hay que invitar a los ciegos y lisiados, los cuales tenían prohibida la entrada en el templo, por considerar que lo profanaban (2 Sam 5,8).

En una sociedad teocrática, como la de Palestina en tiempos de Jesús, los enfermos y lisiados estaban excluidos no sólo de la vida social, sino también de la vida religiosa. La regla de Qumrán los eliminaba de la vida comunitaria.

Frente al orgullo y al interés personal, Jesús proclama que la humildad es uno de los valores del reino, al igual que la generosidad con los pobres, que debe tener como transfondo el desinterés del que da a sabiendas de que muchas veces no será correspondido. Este banquete de Jesús se convierte así, para la comunidad de San Lucas, en prototipo del comportamiento de los que ha comprometido su vida por el reino.

 

3. Compromiso personal y comunitario

(Cada participante puede proponer compromisos personales y comunitarios)

  • Convertir nuestra mentalidad materialista y consumista, que busca llenarse de bienes a cualquier precio.
  • Evitar hacer amistades sólo porque puede obtenerse beneficios (palancas) de ellas.
  • Hacer de nuestras familias una escuela donde se aprenda la generosidad para compartir con los más necesitados.
  • Tener en cuenta a las personas más pobres para compartir con ellas de lo mucho o poco que tenemos.
  • Organizar la caridad de nuestros grupos o comunidades, para llegar a los pobres y enfermos.
  • Organizar una fiesta donde podamos llevar a los más pobres o rechazados por la sociedad.

 

4. Oración

(Se puede hacer una oración donde participe quien guste en voz alta y den gracias a Dios por la Palabra escuchada o recitar alguna oración ya  formulada)

“Oh, amado Jesús. Ayúdame a esparcir Tu fragancia por donde quiera que vaya. Inunda mi alma con Tu Espíritu y Vida. Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la Tuya. Brilla a través de mi y permanece tan dentro de mi, que cada alma con que me encuentre pueda sentir Tu presencia en la mía.

¡Permite que no me vean a mi sino solamente a Jesús! Quédate conmigo y empezaré a resplandecer como Tú, a brillar tanto que pueda ser una luz para los demás. La luz oh, Jesús, vendrá toda de Ti, nada de ella será mía; serás Tú quien resplandezca sobre los demás a través de mi. Brillando sobre quienes me rodean, permíteme alabarte como mas te gusta. Permíteme predicarte sin predicar, no con palabras sino a través de mi ejemplo, a través de la fuerza atractiva, de la influencia armoniosa de todo lo que haga, de la inefable plenitud del amor que existe en mi corazón por Ti. Amén.”

(Orden de la Madre Teresa de Calcuta).

 

Pbro. José Luis Salinas Ledesma
Rector del Seminario Conciliar de Querétaro
 

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