HOMILÍA EN LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA EN LA APERTURA DEL CONGRESO NACIONAL  DE EDUCACIÓN 5.0

| noviembre 23, 2017

Centro de Congresos del Estado de Querétaro, Paseo de las Artes 1531-B, Delegación Josefa Vergara, Querétaro, Qro., a 23 de noviembre de 2017.

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Muy estimados congresistas,
hermanos y hermanas todos en el Señor:

 

  1. Con alegría y con mucha esperanza, nos disponemos a dar inicio a los trabajos y actividades de este XIII Congreso Nacional de la Confederación Nacional de Escuelas Particulares, que bajo el tema y lema: “El hombre digital en busca de sentido”, pretende contribuir en la toma de conciencia en la comunidad educativa, sobre la realidad actual de la educación en el contexto digital, para desarrollar herramientas de acompañamiento a los maestros, alumnos y padres de familia, buscando lograr un mayor sentido y trascendencia en nuestros proyectos e instituciones”.
  1. He aceptado con beneplácito la amable invitación que me han hecho para presidir esta celebración, pues es una extraordinaria forma de poder saludarles y darles a todos ustedes venidos de diferentes partes de la República Mexicana la más cordial bienvenida a esta noble ciudad de Santiago de Querétaro. Saludo de manera muy especial al equipo organizador, presididos por la Sra.  María Concepción García Rábago, Presidenta de la Federación de Escuelas Particulares y al Rev. P. Carlos Hernández Reséndiz, Responsable de la Pastoral Educativa y de la Cultura en esta Diócesis de Querétaro. Sean todos bienvenidos.
  1. Vivimos en un mundo nuevo, que hoy podemos denominar «mundo digital». Fruto de un esfuerzo extraordinario de la ciencia y la técnica, que en pocas décadas ha transformado nuestro ambiente de vida y nuestra forma de comunicarnos y de vivir, de educar y formar, y está transformando en cierto sentido nuestro propio modo de pensar y de ser, influyendo profundamente en la percepción que tenemos de nuestras posibilidades y nuestra identidad. Por un lado estamos como admirados y fascinados por el maravilloso potencial que nos abre, por otra parte, sentimos temor y tal vez miedo, cuando vemos lo rápido que avanza este desarrollo, los problemas nuevos e imprevistos que nos plantea, las consecuencias negativas –casi nunca queridas y sin embargo reales– que trae consigo, como la faceta cruel que contrarresta en muchos aspectos lo positivo y lo valioso. Pues abre con fácil acceso ese mundo de la así llamada “cultura de la muerte”, induciendo desde muy temprana edad a los niños y adolescentes en un campo, como ha dicho el Papa Francisco donde “la difusión de imágenes pornográficas son cada vez más extremas porque con la adicción se eleva el umbral de la estimulación; el creciente fenómeno del sexting entre chicos y chicas que utilizan las redes sociales; la intimidación que se da cada vez más en la red y representa una auténtica violencia moral y física contra la dignidad de los demás jóvenes; la sextortion; la captación a través de la red de menores con fines sexuales es ya un hecho del que hablan continuamente las noticias; hasta llegar a los crímenes más graves y estremecedores de la organización online del tráfico de personas, la prostitución, incluso de la preparación y la visión en directo de violaciones y violencia contra menores cometidos en otras partes del mundo” (cf. Discurso del Papa Francisco a los miembros de un congreso sobre la dignidad del menor en el mundo digital, vaticano, 06 de octubre de 2017).Con razón nos preguntamos si somos capaces de conducir los procesos que nosotros mismos hemos puesto en marcha, si no se nos estarán yendo de las manos, si estamos haciendo lo suficiente para tenerlos bajo control.
  2. Este «mundo digital», sin duda nos lleva a pensar en un «hombre digital», cuyas categorías existenciales más profundas, se ven trastocadas de tal forma que incluso podríamos pensar en una deshumanización, pues la relación interpersonal, la presencia física, lo táctil y experiencial, pasan a un segundo término, llevando a las personas a los umbrales de lo etéreo y lo fantasioso. Sin embargo, los sentimientos, las emociones, las pasiones y el sentido mismo de la vida, jamás serán digitales. Hoy más que nunca nos damos cuenta que cuando el mundo digital sobrepasa los límites entre las personas, el sentido de la vida se ve minado llevando a tantos niños, adolescentes y jóvenes a perderse y a perder el sentido de la vida, pues el hecho de tener mil amigos en: Facebook, WhatsApp, Instagram, YouTube, WeChat, entre otras, no garantiza muchas veces una vida fraterna y feliz. “No es la tecnología la que determina si la comunicación es auténtica o no, sino el corazón del hombre y su capacidad para usar bien los medios a su disposición. Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad, pero también pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos” (Francisco, Mensaje para la 50 Jornada mundial de las comunicaciones sociales, Vaticano, 20 de enero 2016).
  1. Como sociedad y mucho menos como Iglesia, podemos quedar indiferentes ante esta nueva realidad; no se trata de condenar ni mucho menos rechazar esta nueva manera de ser y de pensar. Necesitamos reinventar las formas de educar, y sobre todo de evangelizar. Entonces, ¿qué es lo que nos ayuda a crecer en humanidad y en comprensión recíproca en el mundo digital? Por ejemplo, tenemos que recuperar un cierto sentido de lentitud y de calma. Esto requiere tiempo y capacidad de guardar silencio para escuchar. Necesitamos ser pacientes si queremos entender a quien es distinto de nosotros: la persona se expresa con plenitud no cuando se ve simplemente tolerada, sino cuando percibe que es verdaderamente acogida. Si tenemos el genuino deseo de escuchar a los otros, entonces aprenderemos a mirar el mundo con ojos distintos y a apreciar la experiencia humana tal y como se manifiesta en las distintas culturas y tradiciones. Pero también sabremos apreciar mejor los grandes valores inspirados desde el cristianismo, por ejemplo, la visión del hombre como persona, el matrimonio y la familia, la distinción entre la esfera religiosa y la esfera política, los principios de solidaridad y subsidiaridad, entre otros.
  1. Necesitamos asumir el desafío de humanizar este «mundo digital» y por ende al «hombre digital». En efecto, sólo la luz y la fuerza que vienen de Dios nos pueden ayudar a afrontar los nuevos desafíos. Hoy la palabra de Dios que acabamos de escuchar en la primera lectura, tomada del primer libro de los Macabeos (2, 15-29), nos ofrece una clave y una herramienta fundamental en esta noble misión: “la fidelidad a la alianza”. Matatías, nos enseña que antes obedecer la ley de Dios escrita en el corazón que la ley del rey. Su respuesta ante la provocación de los enviados del rey es ejemplar. “Aunque todas las naciones que forman los dominios del rey obedezcan sus órdenes y apostaten de la religión de sus padres, mis hijos, mis hermanos y yo nos mantendremos fieles a la alianza de nuestros padres. ¡Dios nos libre de abandonar nuestra ley y nuestras costumbres! Nos obedeceremos las órdenes del rey ni ofreceremos sacrificios  a los ídolos, porque así quebrantaríamos los mandamientos de nuestra ley y seguiríamos un camino equivocado” (vv. 19-22). En este sentido la educación no deberá ser otra cosa, sino una herramienta que nos permita trasmitir los mandamientos de la ley de Dios, más aún, la inscripción de los mandamientos en el corazón de cada niño, adolescente y joven que venga a nuestras escuelas. Esto implica que nuestros esfuerzos educativos estén orientados a la formación de la conciencia. Si formamos la conciencia de nuestros educandos, los habremos formado en el sentido de la verdad, del bien, de la justicia, del temor de Dios, en el sentido de la vida y así, estarán en grado de enfrentarse al mundo digital con una conciencia recta, disciplinada y bien orientada, entonces nada ni nadie podrá, hacerles perder el piso de lo que son y de lo que la voluntad de Dios quiere para ellos.
  1. Como educadores, no tengamos miedo de ayudar a nuestros alumnos a que aprendan a distinguir entre el bien y el mal, a percibir cada vez mejor el sentido del pecado, hoy en parte perdido o, peor, oscurecido por un modo de pensar y de vivir. Hoy más que nunca se necesitan “maestros de espíritu” sabios y santos: un importante servicio eclesial, para el que es necesaria sin duda una vitalidad interior que debe implorarse como don del Espíritu Santo mediante la oración prolongada e intensa y una preparación específica que adquirir con cuidado. La conciencia del creyente se afina cada vez más gracias a una devota y consciente participación en la Santa Misa, y en un constante encuentro con la gracia.
  1. Deseo que estas reflexiones les ayuden para que los trabajos y actividades de estos días se vean iluminados y fortalecidos.
  1. Que la santísima virgen María, trono de la Sabiduría, interceda por ustedes de tal forma que sean como hemos dicho: “maestros de la conciencia y del espíritu”. Amén.

 

+Faustino Armendáriz Jiménez

Obispo de Querétaro

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