HOMILÍA EN LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA CON MOTIVO DE LA IX ASAMBLEA GENERAL DE LA CONFRATERNIDAD DE LOS OPERARIOS DEL REINO DE CRISTO

| Julio 31, 2017

Templo expiatorio del Sagrado Corazón de Jesús, Col. Jardines de Querétaro, sábado 29 de julio de 2017.

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Muy estimados sacerdotes de la Confraternidad de los Operarios del Reino de Cristo,
Queridos  Asambleístas, 
Hermanos todos en el Señor:

  1. Haciendo un alto en el itinerario de esta IX Asamblea General Electiva, que les ha convocado a todos ustedes, me complace poder saludarles y celebrar juntos la fe, de tal manera que sentados a la escucha de la palabra de Dios y contemplando el corazón traspasado de Cristo, podamos vislumbrar los horizontes por donde deba caminar la Confraternidad en los próximos años.
  2. Me impresiona el texto del evangelio que acabamos de escuchar (cf. Jn 11, 19-27). Con esta experiencia Jesús desea llevar a sus interlocutores a pensar y tener clara una de las verdades que fundamentan la existencia: la resurrección. Especialmente en este contexto que nos encontramos, es fundamental tener claro que todo nuestro ser y quehacer encuentran en la resurrección su fundamento. Será el mensaje de la resurrección, el que con su impulso renovador de todas las cosas, lleve a la Confraternidad a una renovación de todos sus esquemas, estructuras, idearios y formar de ser y de vivir. Es curioso como Jesús le preguntó a Marta: “¿Crees tú esto?”. Su respuesta fue: “Sí, Señor, creo firmemente”. Hoy esta misma pregunta el Señor la dirige a cada uno de ustedes; la dirige a toda la Confraternidad. De la cualidad y calidad de la respuesta depende la calidad y cualidad de nuestra fe, de nuestra vida, de nuestra misión.  La resurrección supone la fe. La resurrección supone creer. La resurrección supone la voluntad. No tengamos miedo de decir: “Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios” (Jn 11, 27).
  3. Es providencial que este acontecimiento, de trascendental importancia para la Confraternidad, se dé en un contexto eclesial muy importante, “el deseo de la Iglesia universal de ser una Iglesia de puertas abiertas y en salida misionera que asuma la misión como su principal y primera tarea”, pues no cabe duda que la identidad de toda la Iglesia y de todos en la Iglesia, es y será siempre el anuncio gozoso del mensaje cristiano de la resurrección. Dicha tarea concierne a todos los bautizados y en ella se fundamentan todos los proyectos e iniciativas que nos animan y nos impulsan a trabajar. El Papa Francisco al respecto nos ha dicho: “Si bien esta misión nos reclama una entrega generosa, sería un error entenderla como una heroica tarea personal, ya que la obra es ante todo de Él, más allá de lo que podamos descubrir y entender. Jesús es «el primero y el más grande evangelizador». En cualquier forma de evangelización el primado es siempre de Dios, que quiso llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu. La verdadera novedad es la que Dios mismo misteriosamente quiere producir, la que Él inspira, la que Él provoca, la que Él orienta y acompaña de mil maneras. En toda la vida de la Iglesia debe manifestarse siempre que la iniciativa es de Dios, que «Él nos amó primero» (1 Jn 4,19) y que «es Dios quien hace crecer» (1 Co 3,7). Esta convicción nos permite conservar la alegría en medio de una tarea tan exigente y desafiante que toma nuestra vida por entero. Nos pide todo, pero al mismo tiempo nos ofrece todo” (EG, 12).
  4. Esta misión exige, la disposición para que cada comunidad, institución, movimiento o asociación ofrezca el propio carisma y la propia identidad, que es fruto del encuentro con Jesús  cada vez más intenso, personal e íntimo. De ahí que esta deberá ser nuestra primera y más importante preocupación.  Encontrarnos con el amor de Cristo que nos cautive, que nos enamore, que nos seduzca. De tal manera que nos interpele, al grado de poder decir: “Señor, que a gusto estamos aquí”. La Confraternidad  no puede quedar al margen de estas inquietudes eclesiales, al contrario deberá asumirlas como su primera tarea. Sumergirse cotidianamente en el corazón traspasado de Jesús misericordioso.  De tal manera que se dé una constante renovación y conversión personal capaz de revitalizar toda la vida de la comunidad.
  5. Otro elemento fundamental es la comunión. Es decir la puesta en común de los ideales, objetivos y propósitos. Una comunión teológica que hunda sus raíces en la Trinidad. Fruto del diálogo con el Señor, tal como lo hacía Moisés (Ex 24, 3-8). En la primera lectura escuchamos algo que nos puede enseñar muchas cosas. La comunidad de los israelitas  creyó en Dios porque el testimonio de Moisés se fundamentó precisamente en la íntima relación que había entre ellos. Los mandamientos nos fueron intuiciones de Moisés sacadas de la imaginación, sino que  fueron el reflejo de un dialogo profundo. Solo así se entiende y se explica la respuesta del pueblo ante la propuesta mosaica: “Haremos todo lo que dice el Señor”. Queridos padres operarios, la comunión de personas hará eficaz la misión en un mundo cada vez más dividido. La diferencia de regiones ha de servir para la complementariedad y gran riqueza que se desprende de ella bajo el impulso del Espíritu Santo en comunión con el Papa, con el obispo, atentos al Magisterio. No se trata de cumplir por cumplir, se trata de hacer lo que el Señor nos va diciendo, como una repuesta a la comunión. Pero ésta será carente sin la oración y el encuentro íntimo con el Señor. Los mandamientos que fueron para el pueblo de Israel el vínculo de comunión, no se pueden entender sin la comunión de Moisés con Dios y la fidelidad a Dios  no se puede entender sin la comunión con lo mandamientos. En este sentido debemos estar convencidos que intimidad, comunión y fidelidad son las tres características que nos deberán guiar para cumplir lo que el Señor nos pide.
  6. Estoy totalmente seguro que el padre Enrique Amezcua y los obispos cofundadores Abraham Martínez y Manuel Pio López, al recibir la intuición de fundar una “Confraternidad cuya solicitud por las iglesias fuera excepcional, la vida de comunidad para el apoyo ministerial fuese ejemplar  y el trabajo vocacional para operarios fuese incansable”, no lo hicieron por una mera cuestión personal, sino como una respuesta al encuentro que tuvieron con el Señor. Para ellos, la intimidad con el Señor era oración, la comunión era fraternidad y la fidelidad era el amor por su pueblo, por su iglesia. En este sentido si queremos realmente hacer una hermenéutica del carisma fundacional, necesitamos adentrarnos en la oración, en la fraternidad y en el amor. Ahí nació el carisma de los Operarios del Reino de Cristo.
  7. Queridos hermanos, dejen que sea la resurrección el alma de todo su ser y quehacer; renueven todas sus estructuras, proyectos y planes pastorales para estos próximos años, a partir del mensaje que les trae el hecho glorioso de la resurrección. Respondan con firmeza a la pregunta que el Señor les hace el día de Hoy: “¿Crees tú esto?”. Solo así, como he dicho, podrán reconocer en sus legítimos superiores la voluntad de Dios. El sello de a autenticidad cristiana es la resurrección. Solo así podrán decir como comunidad: “Haremos todo lo que el Señor dice” y entonces podrán ofrecer siempre y cada día el verdadero sacrificio en espíritu y en verdad que al Señor le agrada.
  8. Les acompaña la maternal intercesión de la Santísima Virgen María de Guadalupe. Ella es testigo privilegiado de la resurrección. Ella es modelo de quien sabe decir si a la voluntad del Señor y cumplir todo lo que él dice. Ella es la madre que les enseñará el camino para renovarse y para vivir según el evangelio.  Amén.

 

+ Faustino Armendáriz Jiménez

Obispo de Querétaro

 

Categiría: Documentos, Homilías, Julio 2017

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