HOMILÍA EN LA 128ª  PEREGRINACIÓN VARONIL A PIE DE QUERÉTARO AL TEPEYAC.

| julio 24, 2018

INBG, Domingo 22 de julio de 2018, México, CDMX.    

Año Nacional de la Juventud

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Queridos hermanos peregrinos de la Diócesis de Querétaro,

Hermanos y hermanas todos en el Señor:

 

  1. Al pasar nuevamente hoy bajo la imagen bendita de Nuestra Señora de Guadalupe, y contemplar esa mirada tierna de madre amorosa, se renueva en nosotros el amor y la devoción a la Señora del cielo, a la Morenita del Tepeyac, y así, movidos por esos sentimientos, queremos volver a nuestros hogares para continuar con nuestra vida y con nuestro testimonio cristiano.
  1. Sin embargo, antes de volver a nuestros hogares y lugares de origen, la Santísima Virgen María, desea que sentados en la escucha de las palabras de su Hijo, aprendamos sus enseñanzas y nos las llevemos grabadas en el corazón.
  1. En el Evangelio que acabamos de escuchar san Marcos (6, 30-34) nos narra que los Apóstoles, tras la experiencia de la misión, regresaron contentos pero también cansados. Y Jesús, lleno de comprensión, quiso darles un poco de alivio; y es así que los lleva a un lugar desierto, a un sitio apartado para que descansaran un poco (cf. Mc 6, 31). Sin embargo, “Muchos los vieron marcharse y los reconocieron… y se les adelantaron” (v. 33) de tal forma que Jesús, al ver que andaban como ovejas sin pastor, sintiendo compasión de ellos, se puso a enseñarles.
  1. La tarea evangelizadora es amplia y —como dice el Papa Francisco— sigue siendo una tarea pendiente (cf. LS, 3), a pesar de los múltiples esfuerzos que en cada parroquia se realizan por extender el reino de Dios, la realidad es que  sigue habiendo hombres y mujeres que “andan como ovejas sin pastor”. Esto nos lleva a hacer la siguiente reflexión:
  1. Es necesario que acojamos la invitación que Jesús hoy nos hace en el evangelio, a tomar conciencia que, quienes trabajamos por el anuncio del Reino, hemos de aprender a descansar, pero el descanso debe ser con el Señor, en el silencio, en el desierto.  Lamentablemente, hoy hemos perdido esta capacidad. Nos cuesta trabajo descansar., el silencio y el recogimiento muchas veces nos dan miedo. Y cuando me refiero a los que trabajamos por el anuncio del reino, no hablo solamente de los obispos, de los sacerdotes o de los miembros de la vida consagrada, sino también de los padres de familia, de los educadores, de los profesionistas  y de quienes teniendo a nuestro cargo las jóvenes generaciones. La realidad que nos circunda avanza a pasos agitados, olvidándose de ofrecernos momentos y espacios para saborear, contemplar y detenerse para reflexionar,  ahogándonos cada vez más en el activismo, el trabajo y la producción.  Cuántas veces los padres de familia, presionados por llevar una vida digna y de la mejor manera, se han olvidado de lo más importante: poner las bases de una familia donde se aprenda a fraternizar, a convivir y a meditar. Hoy a muchos, la vida, tristemente se nos escapa de las manos.
  1. El síndrome de burnout o síndrome del desgaste o síndrome del samaritano desilusionado, afecta también a las personas que laboran en el campo social tales como médicos, enfermeros, fisioterapeutas, dentistas, sacerdotes, docentes, consejeros espirituales. Estos campos de trabajo son de riesgo posológico muy alto. Las personas que se queman, dejan de estar en capacidad de ayudar a los otros, ya que son ellas mismas quienes necesitan ser cuidadas. Al respecto el Papa Francisco escribe: “El problema no es siempre el exceso de actividades, sino sobre todo las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga deseable. De ahí que las tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen. No se trata de un cansancio feliz, sino tenso, pesado, insatisfecho y, en definitiva, no aceptado. Esta acedia pastoral puede tener diversos orígenes. Algunos caen en ella por sostener proyectos irrealizables y no vivir con ganas lo que buenamente podrían hacer. Otros, por no aceptar la costosa evolución de los procesos y querer que todo caiga del cielo. Otros, por apegarse a algunos proyectos o a sueños de éxitos imaginados por su vanidad. Otros, por perder el contacto real con el pueblo, en una despersonalización de la pastoral que lleva a prestar más atención a la organización que a las personas, y entonces les entusiasma más la «hoja de ruta» que la ruta misma. Otros caen en la acedia por no saber esperar y querer dominar el ritmo de la vida. El inmediatismo ansioso de estos tiempos hace que los agentes pastorales no toleren fácilmente lo que signifique alguna contradicción, un aparente fracaso, una crítica, una cruz”. (EG, 82).
  1. Se evidencia así la necesidad de cultivar el descanso de tal forma que se cultive por ende la autoestima, la propia salud, el autoconocimiento. El descanso tendrá que ser hoy para todos nosotros el momento privilegiado para regenerar todo nuestro ser y recobrar así las fuerzas para ser ministros del culto de verdad, padres de familia de verdad, profesionistas de verdad, jóvenes de verdad, en pocas palabras: pastores de verdad. La salud personal es tarea espiritual de cada uno. Para gozar de buena salud no es suficiente someterse a tratamientos con dosis de medicamentos. Es necesario, además, vivir conforme a las exigencias del Espíritu. La vida espiritual interpela al hombre en su totalidad sin excluir nada, ni separar nada. Ni pasar por alto nada. Solo así puede salvarse y curarse todo. “Siempre hace falta cultivar un espacio interior que otorgue sentido cristiano al compromiso y a la actividad. Sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga. La Iglesia necesita imperiosamente el pulmón de la oración, y me alegra enormemente que se multipliquen en todas las instituciones eclesiales los grupos de oración, de intercesión, de lectura orante de la Palabra, las adoraciones perpetuas de la Eucaristía” (EG, 262).
  1. Queridos peregrinos, sin esta espiritualidad cristiana será imposible que podamos ver la realidad como la vio el Señor, y con sus mismos sentimientos, hacer algo por ello. Podremos darnos cuenta que muchos de nuestros adolescentes y jóvenes, andan como ovejas sin pastor, pero si no tenemos el corazón renovado en Cristo e inflamado por el Espíritu, será imposible sentir compasión por ellos y tristemente no podremos hacer nada por ello.  No digamos que hoy es más difícil; es distinto. Pero aprendamos de los santos que nos han precedido y enfrentaron las dificultades propias de su época.
  1. Para ello, el Papa Francisco, nos propone que nos detengamos a recuperar cuatro motivaciones que nos ayuden a imitarlos hoy” (cf. EG, 262 – 283):.
  • La primera es: El encuentro personal con el amor de Jesús que nos salva. Nos hace falta clamar cada día, pedir su gracia para que nos abra el corazón frío y sacuda nuestra vida tibia y superficial.
  • La segunda: El gusto espiritual de ser pueblo. Para ser evangelizadores de alma también hace falta desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente, hasta el punto de descubrir que eso es fuente de un gozo superior. La misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo.
  • La tercera: La acción misteriosa del Resucitado y de su Espíritu. Se nos invita a descubrirlo, a vivirlo. Cristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza, y no nos faltará su ayuda para cumplir la misión que nos encomienda. Nos hace falta una certeza interior y es la convicción de que Dios puede actuar en cualquier circunstancia, también en medio de aparentes fracasos.
  • La cuarta: La fuerza misionera de la intercesión. Hay una forma de oración que nos estimula particularmente a la entrega evangelizadora y nos motiva a buscar el bien de los demás: es la intercesión. Así descubrimos que interceder no nos aparta de la verdadera contemplación, porque la contemplación que deja fuera a los demás es un engaño.
  1. Hermanos peregrinos, que al volver a sus hogares y lugares de trabajo, vuelvan con el espíritu renovado y fortalecido en el Señor, de tal manera que, conscientes de la realidad puedan colaborar con el Señor en la misión de ser pastores compasivos. Amén.

¡Feliz regreso a casa. Lleven mi bendición a todos sus familiares!

 

+ Faustino Armendáriz Jiménez

Obispo de Querétaro

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Categiría: Diócesis de Querétaro, Homilías, julio2018

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