EVANGELIO DE HOY: INTERPRETAR EL TIEMPO PRESENTE Y COMENTARIO AL EVANGELIO, POR SAN AGUSTÍN.

| octubre 27, 2017

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,54-59)

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: “Va a llover”, y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: “Va a hacer bochorno”, y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer?

Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo.»

Palabra del Señor.

COMENTARIO AL EVANGELIO DE HOY POR SAN AGUSTÍN:
Acabamos de escuchar el evangelio en el que Jesús critica a aquellos que saben reconocer el aspecto del cielo, pero no han sido capaces de descubrir el tiempo en el que era urgente creer en el Reino de los cielos. Es a los judíos a quienes se dirige, pero esta palabra llega hasta nosotros.

Ahora bien, el mismo Señor Jesucristo comenzó así su predicación: «Convertíos porque está cerca el Reino de los cielos» (Mt 4,17). Juan Bautista, su precursor, había comenzado de la misma manera: «Convertíos porque está cerca el Reino de los cielos» (Mt 3,2). Y ahora el Señor los censura porque no quieren convertirse siendo así que el Reino de los cielos está cerca…

Pertenece a Dios saber cuando vendrá el fin del mundo: sea cuando sea, ahora es el tiempo de la fe… Para cada uno de nosotros el tiempo está cerca, porque somos mortales. Caminamos entre peligros. Si fuéramos de cristal, temeríamos menos. ¿Hay algo más frágil que un recipiente de cristal? Sin embargo lo conservamos y dura siglos, tememos que caiga, pero no la vejez ni la fiebre.

Somos, pues, más frágiles y más débiles, y esta fragilidad cada día nos hace temer todo los accidentes que constantemente acechan la vida de los hombres. Y si no son accidentes, es la vida que hace su curso. El hombre evita los enfrentamientos; ¿puede evitar la última hora? Evita lo que viene del exterior; ¿puede echar fuera de sí lo que nace dentro de él? A veces cualquier enfermedad le coge de repente. En fin, el hombre habrá podido ir salvando escollos toda su vida, pero cuando al fin le llegue la vejez, ya no hay prórroga.
(Del sermón 109)

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