DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCION DEL SEÑOR

| Abril 12, 2017

Jn. 20, 1 – 9

“VIO Y CREYÓ”

La conclusión de su  proceso de fe para María Magdalena, Juan y Pedro, fue que “Jesús está vivo”; esto es lo que narra el evangelio de hoy, describiendo como llegan a este punto culminante de la fe pascual, después de correr al sepulcro, y de ver  y contemplar el sepulcro. Jesús no está en el sepulcro, el cual esta vació.

Jesús es la  luz del mundo y esta luz no se podía a apagar ni en el sepulcro ni en la cruz¸ así nos ha librado del pecado y de la muerte, por eso el que cree en el vivirá aunque tenga que pasar  por la muerte.

Jesús resucitado nos sigue comunicando su Espíritu para sacarnos de nuestras pequeñeces humanas y ayudarnos a superar nuestras mediocridades. Requiere Jesús de todos  un esfuerzo para asimilar su vida divina como el asimilo nuestra naturaleza humana; el camino es vivir su estilo de vida, sus enseñanzas y sus ejemplos, dejándonos impregnar y contagiar de la vida pascual. Ser hombres y mujeres de la resurrección es creer en estas posibilidades y anunciárselas a todo el mundo.

Jesús es vencedor de la muerte y del odio. Su victoria no es una victoria violenta sobre la misma violencia. Es la victoria del Gran Amor sobre todos los egoísmos, odios y pecados del mundo. Es el amor que quiere derramarse sobre  nuestros corazones para hacernos más hermanos con la fuerza de su Espíritu. La victoria del amor y de la vida sobre el odio y la muerte constituyen el mensaje pascual.

Este mensaje pascual, de esperanza y vida nueva lo tenemos que anunciar hoy en medio de un contexto de cultura de muerte en el mundo, donde el mal tiene muchos nombres, brazos, caras y pseudónimos, porque puede llamarse inseguridad, terrorismo, violencia, corrupción, impunidad, irresponsabilidad o egoísmo. Esto solo genera un macro odio que es una negación del amor. Esto nos enfrenta con el gran amor del viernes santo donde encontramos la solución, porque la cruz es la expresión del amor divino, con un palo vertical para reconciliarnos con Dios, y otro horizontal que despliega su amor a todos los hombres para reconciliarlos entre sí.

Quienes entraron en el sepulcro solo ven los lienzos y la tumba vacía, la ausencia de Jesús. Sin embargo, el discípulo amado, entra, ve y cree. Hoy la invitación es ver y tocar el agua del bautismo, ver la luz del Cirio Pascual, escuchar La Palabra, oler las flores de pascua o sentir el perfume del incienso, acercarte la Eucaristía, ver el pan y el vino. Todos estos detalles – signos son como aquellos lienzos, son dignos de la presencia del Señor. La invitación es a mirarlos y a creer, a pedir a Jesús el don de la fe para poder dar el mismo paso que dio el discípulo amado: vio y creyó.

 

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