Educar en un cambio de época

| marzo 17, 2015

Discurso en el Encuentro de Educación y Cultura ante un mundo cambiante con autoridades civiles, políticas y educactivas

Patio de la Escuela de música Sacra y Conservatorio “J. Guadalupe Velázquez”,

17 de marzo de 2015, Santiago de Querétaro, Qro.

Año de la Vida Consagrada – Año de la Pastoral de las Comunicaciones

 

Excmo. Sr. Arzobispo Mons. Christophe Pierre, Nuncio Apostólico en México,

Lic. Jorge López Portillo Tostado, Secretario de Gobierno del Estado de Querétaro,

Ing. Luis Ceballos Pérez, Presidente del Municipal de Santiago de Querétaro,

Dip. Marco Antonio León Hernández, Presidente la LVII Legislatura del Estado de Querétaro,

Dr. Gilberto Herrera Rodríguez, Rector de la Universidad Autónoma de Querétaro,

Pbro. Lic. Carlos Hernández Reséndiz, Responsable de la Pastoral Educativa y de la Pastoral de la Cultura en la Diócesis de Querétaro,

distinguidas autoridades civiles y políticas,

muy apreciados maestros, académicos y autoridades educativas,

invitados e invitadas todos:

Buenos días.

1. La significativa ocasión de poder reunirnos en esta mañana para continuar con la visita pastoral del Excmo. Sr. Arzobispo Mons. Christophe Pierre, Nuncio Apostólico en México  a nuestra Provincia Eclesiástica del Bajío, con la finalidad de llevar a cabo una serie de “Encuentros de educación y cultura en un Mundo cambiante”, me permite poder saludar y darle la más cordial bienvenida cada uno de ustedes, a este encuentro que pretende propiciar la reflexión y la toma de conciencia en la necesidad de ‘Educar en un cambio de época‘.

2. La cultura actual está atravesando distintas problemáticas que provocan una difundida “emergencia educativa”. Con esta expresión nos referimos a las dificultades de establecer relaciones educativas que, para ser auténticas, tienen que transmitir a las jóvenes generaciones valores y principios vitales, no sólo para ayudar a cada persona a crecer y a madurar, sino también para concurrir en la construcción del bien común. El proceso de globalización, cada vez más acentuado, en vez de favorecer la promoción del desarrollo de las personas y una mayor integración entre los pueblos, al contrario parece que limita la libertad de los individuos y agudiza los contrastes entre los distintos modos de concebir la vida personal y colectiva (con posiciones oscilantes entre el más rígido fundamentalismo y el más escéptico relativismo).

3. El así llamado cambio de época no es un slogan o una tema de moda, es una realidad que ha puesto en el tamiz de la duda los fundamentos de la vida y de la existencia, no porque estos sean inconsistentes, sino porque los medios de trasmisión han sido equívocos, motivados por la rotura generacional, especialmente en la familia y en la educación. Es necesario que hoy volvamos a explicar los valores que rigen la vida del hombre, que lo hacen ser grande; necesitamos volver a explicar  la persona misma.

4. La educación necesita una gran alianza entre los padres y todos los educadores para proponer una vida plena, buena, rica en sentido, abierta a Dios, a los demás y al mundo. Esta alianza es aún más necesaria porque la educación es una relación personal. Ella es un proceso que revela los trascendentales de la fe, de la familia, de la Iglesia y de la ética, insistiendo en la dimensión comunitaria.

5. La educación no es sólo conocimiento, es también experiencia. Ella enlaza saber y actuar, establece la unidad de los saberes y busca la coherencia del saber. Ella comprende el campo afectivo y emocional, también tiene una dimensión ética: saber hacer y saber lo que queremos hacer, osar transformar la sociedad y el mundo, y servir la comunidad.

6. La educación está basada en la participación. La inteligencia compartida y la interdependencia de las inteligencias, el diálogo, el don de sí mismo, el ejemplo, la cooperación, la reciprocidad son igualmente elementos importantes.

7. La educación vive la metáfora del buen sembrador que se preocupa por sembrar, no siempre con la posibilidad de ver los resultados de su obrar. Educar es actuar con esperanza y con confianza. La acción educativa y la enseñanza tienen que preocuparse por mejorarse continuamente y verificar la eficacia de los instrumentos, pero con la conciencia de no poder ver ni constatar todos los resultados deseados.

8. En este sentido, ‘escuela y universidad’ son lugares de educación a la vida, al desarrollo cultural, a la formación profesional, al compromiso por el bien común; representan una ocasión y una oportunidad para comprender el presente y para imaginar el futuro de la sociedad y de la humanidad. Raíz de la propuesta formativa es el patrimonio espiritual cristiano, en constante diálogo con el patrimonio cultural y las conquistas de la ciencia. Escuelas y universidades católicas son comunidades educativas donde la experiencia de aprendizaje se nutre de la integración de investigación, pensamiento y vida.

9. La escuela y la universidad son lugares que introducen a los saberes y a la dimensión de la investigación científica. Una de las principales responsabilidades de los enseñantes es acercar las jóvenes generaciones al conocimiento y a la comprensión de las conquistas del conocimiento y sus aplicaciones. Pero el compromiso por conocer e investigar no va separado del sentido ético y de lo transcendente. No hay verdadera ciencia que pueda descuidar sus consecuencias éticas y no hay verdadera ciencia que aleje de la transcendencia. Ciencia y eticidad, ciencia y transcendencia no se excluyen recíprocamente, pero se conjugan para una mayor y mejor comprensión del hombre y de la realidad del mundo.

10. Durante estos más de tres años que llevo pastoreando esta grey, en mi visita pastoral y en las asambleas decanales de cada año para revisar las programaciones, he insistido en que  la Pastoral Educativa es una realidad que nos apremia, en la cual cada uno de ustedes están llamados a participar, desde sus trincheras y desde su quehacer cotidiano. No podemos ignorar la emergencia educativa. Les animo para que se sumen de manera organizada y de manera sistemática.

11. Deseo terminar, retomando algunas de las palabras del Papa Francisco a los estudiantes de las escuelas jesuitas en Italia donde les decía: “No se desalienten ante las dificultades que presenta el desafío educativo. Educar no es una profesión, sino una actitud, un modo de ser; para educar es necesario salir de uno mismo y estar en medio de los jóvenes, acompañarles en las etapas de su crecimiento poniéndose a su lado. Trasmitan esperanza, optimismo para su camino por el mundo. Enseñen a ver la belleza y la bondad de la creación y del hombre, que conserva siempre la impronta del Creador. Pero sobre todo sean testigos con su vida de aquello que transmiten. Un educador […] con sus palabras transmite conocimientos, valores, pero será incisivo en los muchachos si acompaña las palabras con su testimonio, con su coherencia de vida. Sin coherencia no es posible educar. Todos son educadores, en este campo no se delega. Entonces, es esencial, y se ha de favorecer y alimentar, la colaboración con espíritu de unidad y de comunidad entre los diversos componentes educativos. El colegio puede y debe ser catalizador, lugar de encuentro y de convergencia de toda la comunidad educativa con el único objetivo de formar, ayudar a crecer como personas maduras, sencillas, competentes y honestas, que sepan amar con fidelidad, que sepan vivir la vida como respuesta a la vocación de Dios y la futura profesión como servicio a la sociedad” (Francisco, Discurso a los estudiantes de las escuelas de los jesuitas de Italia y Albania, 7 de junio de 2013).

12. Que todos estos esfuerzos sirvan para que —Iglesia y sociedad— nos comprometamos cada vez más en formar en el corazón de cada ser humano  la imagen perfecta del hombre, de manera que  viva su vida según su conciencia y según las leyes del amor, de la bondad y de la belleza.

13. Gracias Señor Nuncio por su insistente llamado para que hagamos de nuestra cultura, una cultura más humana y más cristiana.

14. Gracias a todos ustedes,  autoridades civiles y educativas aquí presentes, que han aceptado esta invitación, nunca olviden que para la Iglesia y en el quehacer de la Iglesia  ustedes son muy importantes, pues desempeñan un papel fundamental e insustituible.

Muchas Gracias.

† Faustino Armendáriz Jiménez

Obispo de Querétaro

 

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