DESDE LA CEM: Peregrinos en el mundo para proclamar el Evangelio.

Nuestra Iglesia Católica, conforme al mandato del Señor, vive en un continuo, y necesario, caminar para llevar la Buena Noticia a los más alejados y necesitados. Este caminar, no esta exento de dificultades y retos, mismos que, en ocasiones, parecen complicados de superar, pero bien sabemos en quien está puesta nuestra confianza y, por lo mismo, no nos detenemos, seguimos adelante, confiando siempre en la gracia que el Espíritu Santo nos concede para no desfallecer.

Como Iglesia peregrina en Monterrey, comprometidos con el Evangelio, buscamos estar cada día más cercanos a los fieles, procurando crear nuevos espacios en donde se pueda vivir dignamente la celebración de los sacramentos y la adecuada catequesis de los fieles, especialmente de los más pequeños.

Este crecimiento, conlleva también el experimentar algunos cambios en las comunidades establecidas, cambios que invitan a vivir el desprendimiento del que nos habla el Evangelio. Durante los meses de julio y agosto, es común que se realicen en la Arquidiócesis algunos cambios en el apostolado de los sacerdotes, y esto no deja de provocar un poco de nostalgia en los fieles, quienes acostumbrados a compartir la fe con un sacerdote, sienten que no podrán seguir trabajando con alguien más, pero debemos recordar que la costumbre no debe detenernos, es la novedad del Evangelio la que nos lleva a estar siempre abiertos a las inspiraciones del Espíritu.

Hoy, más que nunca, el Papa Francisco nos invita a no olvidar el carácter misionero de la Iglesia, y los sacerdotes son los primeros invitados a responder a este llamado, estando dispuestos, en todo momento, a emprender los nuevos retos que el Evangelio, y las necesidades de la Iglesia, nos presentan.

Invito a toda la comunidad católica a que vivamos en el espíritu de las primeras comunidades cristianas, que siempre estuvieron dispuestas a recibir, y despedir con gratitud y alegría, en el momento indicado, a los apóstoles y discípulos, quienes no podían quedarse mucho tiempo en un mismo lugar, pues tenían que continuar con la misión a la que fueron llamados en cualquier parte del mundo.

No olvidemos que los sacerdotes, desde su ordenación, aceptan libremente el estar dispuestos a ir a compartir la fe en donde fuere necesario. Ayudémosles con nuestra oración para que sigan viviendo generosamente su vocación.

 

 

+ Rogelio Cabrera López

Arzobispo de Monterrey