CONFIRMACIONES, 9º. Aniv. DE LA DEDICACIÓN DEL SANTUARIO DE PRECIOSA SANGRE DE NTRO. SR. JESUCRISTO, SAN JUAN DEHEDO.

| diciembre 6, 2017

San Juan Dehedo, Amealco, Qro. 05 de diciembre de 2017.

El día 05 de diciembre de 2017, Mons. Faustino Armendáriz Jiménez, Obispo de Querétaro, Qro, visito la comunidad de San Juan Dehedo, Amealco, Qro., perteneciente al Decanato de Santa María Amealco, y presidió  la Sagrada Eucaristía, por el 9º. Aniv. de la dedicación del Santuario de Preciosa Sangre de Ntro. Sr. Jesucristo, en el cual 168 niños y jóvenes recibieron el Sacramento de la Confirmación, mismos que fueron debidamente preparados para recibir el Don del Espíritu Santo, concelebraron esta Santa Misa el Pbro.  Arturo González Mancilla, Rector del Santuario, Pbro. Javier Cabrera Reséndiz Párroco, de Amealco, Pbro. Ramón Gutiérrez González,  y algunos otros presbíteros pertenecientes a este decanato, en su Homilía Mons. Faustino les dijo:

“Cómo es vocación de la Preciosa Sangre del Señor, nos llenamos de alegría porque somos parte de una historia,  de la cual la fe siempre ha caracterizado a esta comunidad. Hoy el Evangelio nos habla de esa comunidad, nos habla de los pequeños, de los sencillos, de aquellos que son capaces de ver lo que los reyes y profetas no pueden ver,  aquellos que tienen la capacidad de escuchar de discernir lo que los grandes y los poderosos no pueden hacer-

Y a ellos Jesús les llama dichoso, bienaventurados, sin duda hace 450 años esos sencillos, esos hermanos pequeños son los que construyeron este centro de culto este lugar que aglutinaba a todas las personas indígenas, de aquel tiempo y que eran atendidos por los sacerdotes que venían desde Jilotepec, frailes franciscanos que fortalecieron la fe de estos hermanos que tuvieron a bien dedicar este templo a San Juan Bautista,  por eso el nombre de San Juan Dehedo,  porque en otomí significa “agua de la roca”,  en alusión a los muchos manantiales que seguramente había y sigue habiendo en esta región.

Esta es la historia nosotros somos parte de ella,  esta es la fe de un pueblo que la ha profesado a lo largo de los siglos, esta es la fe con la proclamación de este templo, esto signo de lo que es y tiene que ser el hombre la Biblia, de los pequeños, que son los elegidos de Dios,  David era un hombre pequeño no eligió de todos los hermanos que tenía David,  el más grande, al más alto sino al más pequeño.

San José, el esposo de María un hombre de ley y así podemos ir encontrando a tantos protagonista de la ley,  a lo largo de nuestro México podemos nosotros fijarnos en San Juan Diego, no fue el arzobispo, ni  fue ningún sacerdote,  no fue ningún laico de aquel tiempo, fue un hombre sencillo un indígena al cual eligió Dios para que su madre se hiciera presente y le dieran mensaje para la humanidad para nuestra patria un hombre de fe, hermanos al final de cuentas eso es lo que cuenta la fe en Dios y la conciencia de quién somos delante de Dios.

Somos sus hijos,  sin embargo tenemos que ser dignos de hijo de Dios,  el hijo de Dios es aquel que obedece a su padre Dios,  un buen hijo es el que se deja guiar y que no va por ahí y le va haciendo daño a sus papás,  es aquel que mira los buenos ejemplos es aquel que escucha la voz.

Hoy hermanos en esta ocasión y en esta fiesta preguntémonos si tenemos la actitud,  esa misma actitud que tomó Jesús,  reproductores de la iglesia tan destacada, como cuando Jesús se fija en la humildad de Dios, de tomar esta carne para hacer nuestra carne con su hijo.

Que para cada uno de nosotros esta celebración sea una oportunidad de repensar que somos hijos de Dios,  pero hijo de Dios tendrá que tener la humildad y la sencillez para escuchar a Dios, no para escucharse a sí mismo y escuchar las voces que lo hagan sin escuchar cuál es la voluntad de Dios,  hijos de Dios que con actitudes no de seguir sepamos, sino  respetar la dignidad de los hermanos y una manera de respetar  es servir aquel que lo necesita,  sobre todo cuando estamos necesitados de ese servicio,  dar  la mano cuando estamos delante de los demás,  para ayudar a los demás desde el padre de familia,  hasta aquel que en la comunidad y que tiene un cargo de servicio.

Hoy le pedimos a Dios para que nos de esa virtud de reconocer Dios con sencillez  con sencillez  de la cual debemos estar cubiertos para agradar a Dios,  el prepotente no agrada a Dios,  el ofensivo no agrada a Dios,  el envidioso y egoísta no agrada Dios,  aquellos que quiere aplastar al otro no agradan a Dios,  aquel que en sus comentarios y actitudes quiere aniquilar a su hermano,  ese no agrada a Dios y Dios no le puede llamar vida eterna o dichos.

Arriesguémonos a intentar qué en este tiempo de adviento, qué es un tiempo de conversión, a hacer un cambio de corazón y de vida,  a tratar de agradar a Dios con las actitudes que él nos pide,  con las actitudes de los pequeños que hacen la voluntad del Señor.

Tenemos mucho que agradecerle al Señor,  podemos recordar a ese Cristo que con amor tomó nuestras condiciones,  una condición de esclavo,  a este Cristo que con amor se subió a la cruz y derramó su preciosísima sangre por mí y por ti, hoy que a nosotros no nos falta hacer lo nuestro.

Hoy que invocamos la presencia del Espíritu Santo,  pidamos por estos niños y jóvenes que van a recibir el regalo del Espíritu Santo,  para que sean ellos los que sigan impulsando la fe,  que hace tantos siglos  se ha profesado entre nosotros y especialmente se sigue adorando a Jesús,  que la Santísima Virgen María les acompañe y bendiga,  y por sus padrinos y  papás para que sepan darles buen ejemplo a lo largo de toda su vida. Que así sea.

Al terminar la Celebración, Mons. les dio la bendición y felicito a los niños y Jóvenes que fueron confirmados y les brindaron un aplauso.

 

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