Carta Pastoral Nº 8: La Parroquia, Centro de Comunión y Escuela de Santidad

| enero 1, 2002
A los Hermanos Presbíteros y Diáconos,
a los miembros de la Vida Consagrada,
a los todos los fieles católicos de la Diócesis de Querétaro :

Salud, paz y bendición en el Señor Jesucristo.

 

1. Introducción

¡Duc in altum!

1.1  Hace veintitrés años que el entonces recién elegido romano pontífice el Papa Juan Pablo II, pronunció como primer mensaje al mundo ¡No tengan miedo! ¡Ábranle las puertas a Cristo! Ahora, en los inicios del Tercer Milenio, con renovado entusiasmo, nos dice: ¡Duc in altum!, ¡Remen mar adentro! y nos invita, en nombre de Cristo, a echar las redes para que la pesca sea abundante (cf Lc 5, 4-6). El Gran Jubileo de la Encarnación fue un acontecimiento de gracia singular; aunque el signo de la Puerta Santa se cerró, la puerta que es Cristo sigue abierta de par en par y, cruzado ya el umbral de la esperanza debemos internarnos en alta mar para lanzar las redes del Evangelio: la nueva evangelización.

 

Profecía del futuro

1.2  El Gran Jubileo que celebramos no sólo es memoria del pasado que debemos agradecer, sinoprofecía del futuro que estamos llamados a construir. La gracia jubilar tiene que hacerse operativa y traducirse en planes concretos de acción. El mundo, a decir del Papa Pablo VI, más necesita de testigos que de maestros; y a la Iglesia, más que predicadores, le urgen pastores que entreguen la vida por sus ovejas. Entrega que se hace día a día, con acciones concretas y no con discursos. A esta acción concertada, ordenada y enraizada en la realidad, le llamamos Plan Diocesano de Pastoral  (PDP).

 

Continuación de la encarnación

1.3  En cada Iglesia particular, congregada en torno al Obispo, está  presente y actúa la única y verdadera Iglesia de Jesucristo la Iglesia Católica. Este encarnarse de la Iglesia en el tiempo y en el espacio refleja, en definitiva, el movimiento mismo de la Encarnación. Es, pues, el momento de que cada Iglesia, reflexionando sobre lo que el Espíritu ha dicho al Pueblo de Dios en este especial año de gracia,… analice su fervor y recupere un nuevo impulso para su compromiso espiritual y pastoral (NMI 3). Lo que hemos ya realizado, nos mueve a la alabanza y acción de gracias; pero lo que falta, no nos permite frenarnos ni, mucho menos mirar hacia atrás, con el peligro de vernos excluidos del Reino de Dios (cf Lc 9, 62) por eso tenemos que emprender una eficaz programación pastoral postjubilar (NMI 15).

 

Caminar con esperanza

1.4 Impresiona gratamente que un pontífice octogenario, con imposi- bilidades físicas para moverse, tenga el ánimo tan alerta y entusiasta y nos invite a acelerar el paso pues, nos dice, nos espera una apasionante tarea de renacimiento espiritual (NMI 29); de modo que nuestra andadura, al principio de este nuevo milenio, deber ser más rápida al recorrer los caminos del mundo (NMI 58). Porque toda hora es buena, toda ocasión propicia y toda edad apta para anunciar el Reino de Dios. El Hijo de Dios, muerto y resucitado, es el Señor de la historia y sigue presente sosteniendo y guiando a su Iglesia; Él es el fundamento profundo de toda nuestra acción pastoral (NMI 15). Su Espíritu está en nosotros y genera esa  esperanza que no defrauda (Rm 5, 5).  ¡Caminemos, pues, con esperanza!.

 

2.  Prioridad de la Parroquia

La parroquia

2.1 Desde el inicio de la elaboración del Plan Diocesano de Pastoral hemos puesto especial atención en la parroquia, porque esta institución es la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos e hijas (CFL 26) y donde se ofrece a los fieles lo necesario para su salvación. En la Carta Pastoral Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos, los obispos de México afirmamos que es absolutamente indispensable que llevemos a cabo una reflexión sobre la situación que viven las parroquias en nuestra nación y hagamos todo lo posible para que sean efectivamente la presencia comunitaria de Cristo más cercana a la casa y a la sociedad… partiendo del principio fundamental de que la parroquia tiene que seguir siendo una comunidad eminentemente eucarística (No. 175; EA 41). Ya me referí a la parroquia en mi Segunda Carta Pastoral (1993), subrayando los aspectos de comunidad de fe y de culto al servicio de la comunión. Ahora quiero hacerlo considerando su vocación a ser centro de comunión y escuela de santidad, según las indicaciones pastorales del Papa Juan Pablo II en su carta apostólica Novo  Millennio Ineunte (6 de Enero del 2001).

 

Acontecimientos eclesiales relevantes

2.2  A partir de la proclamación del Plan Diocesano de Pastoral, la Diócesis de Querétaro ha avanzado un largo trecho tal y como lo hemos podido comprobar en las diversas asambleas y evaluaciones realizadas en el trayecto de más de una década. Los acontecimientos eclesiales que hemos vivido en sintonía con toda la Iglesia, nos han servido para actualizar constantemente nuestro PDP. Entre los más significativos podemos recordar la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Santo Domingo, República Dominicana, en octubre de 1992, sobre La Nueva Evangelización, la Promoción Humana y la Cultura Cristiana; la proclamación del Gran Jubileo hecha por el Papa Juan Pablo II en la carta apostólica Tertio Millennio Advenientede noviembre de 1994, especialmente los tres últimos años dedicados a cada una de las Divinas Personas, y el Gran Año Jubilar en honor de la Santísima Trinidad y de la Eucaristía; el Proyecto Pastoral de la Conferencia del Episcopado Mexicano 1996-2000, titulado: Jesucristo, Vida y Esperanza de México, publicado el mes de Abril de 1996; la exhortación apostólica postsinodalEcclesia in America sobre El Encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad en América, entregada en la Basílica de Guadalupe por el mismo Santo Padre el 22 de enero de 1999, durante su cuarta visita apostólica a México, y actualizada y aplicada a nuestra patria en la carta pastoral de los obispos Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos del 25 de Marzo del 2000. Sobresalió entre nosotros la Misión Diocesana y la celebración de los Congresos Eucarísticos, juntamente con las peregrinaciones para ganar la indulgencia jubilar y la visita de las reliquias de Santa Teresita del Niño Jesús, recién proclamada Doctora de la Iglesia, que se convirtió en una verdadera lluvia de bendiciones celestiales como Ella misma lo prometió. Estos acontecimientos de gracia fueron ocasión propicia que aprovechamos para reforzar las prioridades del Plan Diocesano de Pastoral.

 

Espíritu y vida

2.3  Este caminar diocesano en comunión con la Iglesia universal, ha sido una rica experiencia que nos ha permitido ir interiorizando los valores espirituales que entraña y transmite el Plan de Pastoral; en efecto, no se trata de una mera organización externa, sino de un espíritu y de una vidaque se experimenta y se comunica de manera orgánica, ordenada. Este espíritu y vida lo hemos encontrado en la santa Palabra de Dios, escuchada, meditada y hecha oración en la Lectio Divinaasí como en la Liturgia de las Horas; en la adoración al Santísimo Sacramento del Altar en lasHoras santas, y mediante la celebración cuidada de la santa Eucaristía. Hemos invocado siempre la presencia e intercesión maternal de la Virgen Santísima, maestra y guía solícita en el seguimiento de su Hijo. Este alimento espiritual ha ido sosteniendo y haciendo crecer en nosotros los pastores y también en los fieles la fuerza y la vida divina que nos conduce a la salvación. En una palabra, el Plan Diocesano de Pastoral, elaborado en comunión y participación bajo la guía del Espíritu Santo y la conducción de su Pastor diocesano, ha sido para todos una experiencia de fe y una escuela de comunión y de espiritualidad eclesial.

 

Documentos programáticos

2.4  Después de este largo camino, se necesita hacer un alto no para detenerse en totalidad, sino para tomar nuevo impulso y precisar las metas de la marcha. Para eso tenemos tres instrumentos de apoyo de suma importancia: la exhortación apostólica postsinodal del Papa Juan Pablo II: La Iglesia en América publicada en enero de 1999, la carta pastoral del episcopado mexicano: Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos de marzo del 2000, que incorpora las propuestas del Romano Pontífice a la realidad social y eclesial de México, y la reciente carta apostólica del Papa Juan Pablo II: Novo Millennio Ineunte, que actualiza y aplica la gracia del Gran Jubileo a la Iglesia al comienzo del nuevo milenio, invitándonos a remar mar adentro –¡Duc in altum!(Lc 5, 4)–, y a echar las redes en el nombre de Jesús. Estos  documentos son programáticos y de largo alcance, y deben marcar el rumbo pastoral de la Iglesia que peregrina en México y en toda América en los inicios del Tercer Milenio. Por esta razón los cito con generosidad.

 

La realidad

2.5 Como la acción pastoral de la Iglesia incide en la realidad concreta –somos la Iglesia del Verbo Encarnado–, hay otros acontecimientos que, necesariamente, debemos tener en cuenta: como son el incremento de la pobreza con sus lastimosas secuelas; la creciente inseguridad, violencia e impunidad, y el fenómeno de la migración que tanto afecta a las familias, a la cultura y a la fe de los mexicanos. Todo esto como fruto del deterioro moral y de la corrupción generalizada propiciada, por tantos años, desde lo alto del poder. Los atentados terroristas del 11 de septiembre pasado que afectaron al país más poderoso del mundo, nos hablan de una realidad que se derrumba con sus ídolos e ideologías, y de un futuro incierto, plagado de venganzas y miedos, pero que nosotros, los cristianos, debemos fecundar con la esperanza que nos da el Resucitado y transformar con el amor y el perdón que brotan de la Cruz. Por otra parte, aquí en México, el cambio de algunas autoridades ha despertado en muchos una leve esperanza de mejorar, aunque los repetidos tropiezos generan desencanto y ensombrecen el difícil camino de la incipiente democracia. Las rivalidades políticas de los partidos y los resentimientos de los desplazados, agravan la situación con mayor sufrimiento para los humildes. A los pastores y a los fieles católicos, Cristo, el Buen Pastor, nos sigue invitando a salir al encuentro de sus ovejas para superar estos desafíos y dar cumplimiento a sus esperanzas, que son las de un cielo y una tierra nuevos, donde habite la paz como fruto de la justicia.

 

La globalización

2.6  No sólo estamos viviendo una época de cambio sino una auténtico cambio de época; se trata más bien de la irrupción del futuro  –prometedor e inseguro a la vez– que de la continuación o transformación del pasado. Los exponentes del fenómeno son la innovación informática y la revolución genética junto con las así llamadas liberación sexual y liberación femenina. Se está generando un nuevo paradigma espacio-temporal para el hombre del Tercer Milenio, que se conoce como globalización. Es un evento que no tiene sólo una expresión económica, aunque sea la más conocida y sentida; sino social y cultural, y por ende religiosa. No sólo se modifica el mundo y el entorno por la tecnología, sino que se transforma el hombre mismo y, por tanto, el sujeto de la evangelización y el destinatario de la acción pastoral de la Iglesia.  Los paradigmas de comportamiento social, de comunicación y de comprensión, han cambiado. Por ejemplo, los pobres ya no se miden únicamente por la carencia de bienes, sino también por la (im)posibilidad de lograr capacidades, oficios y libertades; así, aunque ganen lo mismo, son cada día más pobres. Hoy el pobre no es sólo el que no tiene, sino el imposibilitado a tener, el excluido de todo y por todos. El número de los desplazados y emigrantes por razones económicas, políticas, étnicas y religiosas crece todos los días. Hay, también, una globalización perversa; casi con dimensiones satánicas, del mundo de la droga, de la pornografía, del comercio sexual infantil y del terrorismo y tráfico de armas. La globalización, como fenómeno humano y cultural, no debe ser condenada sino redimida, y los cristianos debemos asumir la responsabilidad. Urge, por tanto, crear una cultura globalizada de la solidaridad (EA 55) y de los valores éticos y cristianos. La vocación universal a la santidad es la respuesta adecuada al fenómeno inédito de la globalización, pues son precisamente los santos quienes trascienden las fronteras locales, temporales y culturales de la humanidad.  Por eso dice el Papa, la santidad es más que nunca una urgencia pastoral (NMI 30).

 

Iglesia de mártires y santos

2.7  Un acontecimiento sobresaliente para la Iglesia de Jesucristo que peregrina en estas tierras, fue la canonización de los 27 santos mexicanos: una religiosa: Santa María de Jesús Venegas; un sacerdote diocesano: San José María de Yermo y Parrés, y los 25 Mártires de la persecución religiosa del siglo pasado: 22 sacerdotes diocesanos y tres fieles laicos de la Acción Católica, uno de ellos padre de familia. Éste ha sido, sin lugar a dudas, un especial regalo de la Providencia divina a nuestra patria, que autentifica la fe y la piedad que se vive en numerosos hogares, que se enseña en los seminarios y se transmite en las parroquias.  Por eso, los obispos de México hemos señalado el día primero de noviembre, Solemnidad de todos los Santos en el calendario litúrgico, como la fecha oportuna para celebrar anualmente la Jornada de Oración por la Santidad en México. Como ha dicho el Papa: Poner la programación pastoral bajo el signo de la santidad es una opción llena de consecuencias (NMI 31).

 

La gracia jubilar

2.8  Aunque es imposible hacer un recuento de las gracias recibidas durante el Año Jubilar por tratarse de algo espiritual, sin embargo, por el interés que ha despertado y que se ha hecho manifiesto en actos externos como las peregrinaciones y las celebraciones penitenciales y de acción de gracias, bien podemos decir que fue verdaderamente un año de gracia del Señor para la Iglesia y de bendición para la humanidad entera. Un río de agua viva, aquel que continuamente brota del trono de Dios y del Cordero (Ap 22, 1), se ha derramado sobre la Iglesia (NMI 1), y tiene que fecundar y renovar nuestro Plan Diocesano de Pastoral.

 

Espíritu quebrantado y ánimo agradecido.

2.9  Por todo esto, con ánimo agradecido y con espíritu quebrantado y humillado a causa de nuestras limitaciones y pecados, iniciamos el Nuevo Milenio cristiano dispuestos a colaborar con nuevo ardor, con nuevos métodos y nuevas expresiones en la obra evangelizadora de la Iglesia. Es necesario que todos, pastores y fieles, tengamos un encuentro con Jesucristo, camino de conversión, comunión, solidaridad y misión en México  (subtítulo, Carta Pastoral). Se nos pide, en una palabra, la conversión pastoral (SD 30).

 

3.   La conversión pastoral

Llamado del Santo Padre

3.1  En la asamblea plenaria celebrada en noviembre del 2000, reflexionamos sobre el capítulo tres de la exhortación apostólica La Iglesia en América, que trata acerca de la conversión.  Nos sirvió para trabajar a lo largo de casi un año en la revisión de nuestro caminar diocesano. Tenemos ahora las indicaciones pastorales del Papa en su carta apostólica Novo Millennio Ineunte, que es un documento programático para la Iglesia universal y que debemos acoger con obediencia filial y gratitud.  En la causa del Reino, nos dice, no hay tiempo para mirar para atrás, y menos para dejarse llevar por la pereza. Es mucho lo que nos espera y por eso tenemos que emprender una eficaz programación pastoral postjubilar (NMI 15). Es evidente que todo este rico contenido doctrinal y pastoral tenemos que adaptarlo y hacerlo nuestro, teniendo en cuenta la realidad diocesana y las propuestas y sugerencias que han brotado de los decanatos, de las parroquias, de los movimientos y, sobre todo, de la última Asamblea Diocesana de Pastoral.

 

La conversión

3.2  La palabra metanoia que emplea el Nuevo Testamento para referirse a la conversión, dice el Papa, no es sólo un modo distinto de pensar a nivel intelectual, sino de la revisión del propio modo de actuar a la luz de los criterios evangélicos (EA  26). Se trata de nuevo ardor, de nuevos métodosy de nuevas expresiones en la vida personal y comunitaria de la Iglesia. Así lo explicita el documento de Santo Domingo: La Nueva Evangelización exige la conversión pastoral de la Iglesia. Tal conversión debe ser coherente con el Concilio. Lo toca todo y a todos: en la conciencia y en la praxis personal y comunitaria, en las relaciones de igualdad y de autoridad; con estructuras y dinamismos que hagan presente cada vez con más claridad a la Iglesia, en cuanto signo eficaz, sacramento de salvación universal (SD 30).

 

La conversión pastoral

3.3 La conversión pastoral implica, por tanto, una conversión, en la conciencia y conducta de cada uno, y también en las estructuras y dinamismos pastorales; una conversión de los pastores y de los fieles a la vez, y no por separado, sino en sintonía y comunión. Esta conversión de pastores y fieles propiciará la renovación de los dinamismos y estructuras parroquiales. Es una conversión en la que se genera una nueva vida, en la que no hay separación entre la fe y las obras en respuesta cotidiana a la universal llamada a la santidad, pues cuando existe esta división, el cristianismo es sólo nominal (EA 26). Esto quiere decir que la conversión pastoral tiene una expresión social y comunitaria que debe abarcar todos los ambientes y dimensiones de su vida (del cristiano), especialmente todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común (EA 27). Un signo de esta conversión pastoral consiste en la incorporación efectiva de los fieles laicos, hombres y mujeres, en la vida eclesial y en el compromiso social  (Carta pastoral Del Encuentro con Jesucris- to…., No. 118), pues la renovación de la Iglesia en América no será posible sin la presencia activa de los laicos (EA,  44).

 

Vocación a la santidad

3.4  La espiritualidad de comunión es la expresión eclesial de la conversión y de la vocación  universal a la santidad de los discípulos de Jesucristo, y no debe considerarse como algoextraordinario en el sentido de algo reservado a un grupo o categoría especial de fieles, sino que es la manera ordinaria y común de vivir la fe, de ser cristiano, en cualquier estado o condición de vida en que se desarrolle la existencia. Es el sentido obvio de la invitación de Jesús: Sean perfectos como el Padre celestial es perfecto (Mt 5, 48),  de manera que las dificultades e incomprensiones que los fieles laicos experimentan al momento de dar testimonio público de la fe son parte del camino de santificación que Jesucristo les propone al momento de invitarlos a su seguimiento(Carta pastoral, No. 272).

 

Los bienaventurados

3.5  El documento de Santo Domingo describe de manera hermosa este llamado a la santidad. Dice: La Iglesia es comunidad santa en primer lugar por la presencia en ella del Cordero que la santifica por su Espíritu. Por eso, sus miembros deben esforzarse cada día por vivir, en el seguimiento de Jesús y en obediencia al Espíritu, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor (Ef 1, 4). Estos son los hombres y mujeres nuevos que América Latina y el Caribe necesitan: los que han escuchado con corazón bueno y recto el llamado a la conversión y han renacido por el Espíritu Santo según la imagen perfecta de Dios, que llaman a Dios Padre y expresan su amor a Él en el reconocimiento de sus hermanos, que son bienaventurados porque participan de la alegría del Reino de los cielos, que son libres con la libertad que da la verdad y solidarios con todos los hombres, especialmente con los que más sufren (SD 32).

 

Escuela de santidad

3.6  Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder a las profundas aspiraciones del mundo (NMI 43); lo cual quiere decir que es urgente que cada parroquia se convierta en un centro y una escuela operante de santidad: santidad en los ministros y santidad en las familias e individuos que componen la comunidad parroquial. Esta santidad parroquial no es un “añadido” a la actividad pastoral y apostólica, sino su alma y su vida, pues se trata de uno de los puntos centrales de la Constitución dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II. La santidad es la meta del camino a la conversión, pues ésta no es un fin en sí misma, sino proceso hacia Dios, que es santo. Ser santos es imitar a Dios y glorificar su nombre en las obras que realizamos en nuestra vida (cf Mt 5, 16) (EA 30). Las canonizaciones que ha hecho el Santo Padre nos muestran la santidad presente y operante en la Iglesia, y nos estimulan a alcanzarla. La remodelación del Santuario de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, con sus anexos para retiros, quiere ser un instrumento de evangelización y una escuela de espiritualidad a disposición de las parroquias y movimientos apostólicos diocesanos.

 

El santo de Dios

3.7  Esta santidad se origina en aquel que es el  Santo de Dios  ( Mc 1, 24), el mismo que se proclamó el camino, la verdad y la vida (Jn 14, 16), y la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1, 18). Jesús es el origen, la fuente y el camino que conduce a la santidad. Esto debe exponerse y explicarse a los fieles con toda claridad, de modo que la centralidad de Jesucristo en el culto, la devoción y la vida de la comunidad parroquial y del cristiano, sea algo patente a propios y extraños. Nadie debe dudar o ignorar cuál es la fuente y el origen de la santidad en la Iglesia. Cada cristiano es, por definición, seguidor e imitador de Cristo contempladores de su rostro para poder, no sólo hablar, sino hacérselo ver a los demás (NMI 16).

 

La fe crece por la palabra de Dios

3.8  El acceso a Jesucristo se nos da por el don de la fe recibida en el bautismo, pero debe alimentase y crecer, en primer lugar, mediante la escucha, meditación y estudio de la Palabra de Dios hecha oración y alabanza en la liturgia de la Palabra, en la liturgia de las Horas y mediante laLectio Divina. Es tan importante esta conversión de los católicos a la Sagrada Escritura, que el Concilio recomienda insistentemente a todos los fieles, especialmente a los religiosos, la lectura asidua de la Escritura para que adquieran la ciencia suprema de Jesucristo (Flp 3, 8), pues, desconocer la Escritura es desconocer a Cristo (S. Jerónimo) (DV 25).

 

La Escritura, sustento y vigor de la Iglesia

3.9  A nosotros los pastores, el Concilio Vaticano II nos insiste que toda la predicación de la Iglesia, como toda la religión cristiana, se ha de alimentar y regir con la Sagrada Escritura, pues ella es sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual (DV 21). De modo que, si los fieles no tienen acceso fácil a la Sagrada Escritura, se les priva del sustento y vigor que necesita su fe para traducirse en obras. De ninguna manera será legítimo el reclamo a los fieles de falta de coherencia entre su fe y su vida, si antes no se les ha proporcionado este alimento sólido y vigoroso de la Palabra de Dios. El proceso que ha seguido nuestro Plan Diocesano de Pastoral ha buscado ser un ejemplo ilustrativo que ayude a pastores y fieles a este encuentro con Jesucristo vivo en su santa Palabra. Alimentarnos de la Palabra para ser servidores de la Palabra en el compromiso de la evangelización, nos dice el Papa, es indudablemente una prioridad para la Iglesia al comienzo del tercer milenio (NMI 40).

 

Inculturación del Evangelio

3.10 La palabra de Dios crecía y el número de los discípulos se multiplicaba (Hch 6, 7). Con éstas y semejantes expresiones el libro de los Hechos de los Apóstoles nos describe la fuerza de la palabra divina, viva y eficaz, más penetrante que una espada de doble filo (Hb 4, 12), es decir, capaz de penetrar y trasformar toda la cultura y todas las culturas. La evangelización lleva necesariamente a la misión. El cristianismo del Tercer Milenio debe responder cada vez mejor a esta exigencia de la inculturación. Permaneciendo plenamente uno mismo, en total fidelidad al anuncio evangélico y a la tradición eclesial, llevará también consigo el rostro de tantas culturas y de tantos pueblos en que ha sido acogido y arraigado (NMI 40). Nosotros tenemos un modelo precioso del Evangelio perfectamente inculturado (Juan Pablo II) en la persona y mensaje de Santa María de Guadalupe. La inculturación del Evangelio, para que sea auténtica y eficaz, debe fundamentarse en la fidelidad al hombre y a Dios. Acciones: Para que este acercamiento a la santa Palabra de Dios sea posible a la comunidad parroquial, señalo a los señores párrocos y rectores de templos los siguientes medios:

  • Celebrar con frecuencia la Liturgia de las Horas con los fieles.
  • Crear en cada comunidad una Escuela Bíblica Parroquial, con cursos sencillos y básicos de estudios bíblicos.
  • Hacer grupos o círculos bíblicos utilizando el método de la Lectio Divina.
  • Poner en el templo una Biblia o un Leccionario para que los fieles puedan leer un pasaje de la santa Escritura, por ejemplo, cuando visitan al Santísimo Sacramento.
  • Imponer como penitencia sacramental la recitación de un salmo o la lectura de un pasaje bíblico, sobre todo del Evangelio.
  • Recomendar la entronización de la Sagrada Escritura en los hogares y la lectura en familia de un pasaje bíblico cada día.
  • Enviar a algunos feligreses a prepararse en la Escuela Bíblica Diocesana “Verbum Vitae”, y facilitarles Biblias y material bíblico de estudio.

 

El sacramento de la Reconciliación

3.11 El  encuentro  con  Jesucristo  vivo  en  el  Sacramento  de  la Reconciliación y de la penitencia, es indispensable para experimentar su misericordia, poder ser misericordiosos y crecer en santidad. En este camino de conversión y de búsqueda de la santidad, dice el Papa, deben fomentarse los medios ascéticos que existieron siempre en la práctica de la Iglesia, y que alcanzan la cima en el Sacramento del perdón, recibido y celebrado con las debidas disposiciones. Sólo quien se reconcilia con Dios es protagonista de una auténtica reconciliación con y entre los hermanos (EA 32). Santo es aquel que ha logrado y vive la reconciliación con Dios, con los hermanos y con la creación.

 

Reavivar la conciencia del pecado.3.12 Sin lugar a dudas, la celebración del Año Jubilar mucho ha contribuido a renovar la práctica de la penitencia sacramental y a despertar la conciencia del pecado, no sólo dormida sino deformada que existe en la sociedad contemporánea, incluidos, por desgracia, muchos católicos. La formación de la recta conciencia en los fieles es una tarea impostergable de los pastores, y requiere de una renovada valentía pastoral (NMI 37). Es preciso continuar e intensificar esta instrucción y práctica, inculcando los medios tradicionales de ascesis y de penitencia, que pertenecen al acervo espiritual de la Iglesia y que gozan aún del aprecio del pueblo cristiano. ¡No debemos rendirnos, queridos hermanos sacerdotes, ante las crisis contemporáneas!  Los dones del Señor –y los Sacramentos son de los más preciosos– vienen de Aquél que conoce bien el corazón del hombre y es el Señor de la historia, afirma el Papa (NMI 37).  Acciones:Para facilitar esta práctica penitencial, podemos enumerar los siguientes medios:

  • Las celebraciones comunitarias de la penitencia, según lo establece el Ritual de este Sacramento y con las condiciones que la Santa Iglesia establece.
  • Ofrecer oportunamente a los fieles el Sacramento de la Reconciliación y una conveniente variedad de confesores. Fijar y observar los horarios de confesión.
  • Ilustrar la conciencia de los fieles con una clara doctrina sobre el pecado y sus consecuencias individuales y sociales, y enseñarles el método práctico de examinar su conciencia y confesarse.
  • Aprovechar la riqueza del rito penitencial (no sacramental) de la Santa Misa, utilizando las fórmulas que ofrece el misal para los diversos tiempos litúrgicos.
  • Ofrecer a los fieles las prácticas penitenciales tradicionales como son el rezo del Viacrucis y de los salmos penitenciales, las peregrinaciones, los ayunos, la limosna, las obras de misericordia y las oraciones indulgenciadas.
  • Habilitar convenientemente las sedes confesionales y la capilla penitencial, según las nuevas normas litúrgicas, la higiene y la comodidad.
  • Recordar el deber de llevar una vida sobria, haciendo uso moderado de los bienes y experimentando la alegría de dar.

 

4. Eclesiología y Espiritualidad de Comunión

Espiritualidad de comunión

4.1  En el itinerario espiritual que nos traza la exhortación apostólica Ecclesia in America y que retoma la Carta pastoral del Episcopado Mexicano Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos, el punto central es la comunión. En efecto, la obra salvífica de Cristo se realiza en la comunión, pues fue voluntad divina salvarnos no individualmente y como por separado, sino formando un sólo pueblo, una comunidad de salvación llamada Iglesia. Iglesia quiere decir comunión. Tanto el encuentro con Cristo como la conversión son para llevarnos a la comunión y, si ésta es verdadera, a la solidaridad y a la misión.

 

Un solo corazón y una sola alma

4.2  La comunión expresa el misterio mismo de la Iglesia, su esencia más profunda, según lo enseña el Papa Juan Pablo II: Otro aspecto importante en que será necesario poner un decidido empeño programático, tanto en el ámbito de la Iglesia universal como de las Iglesias particulares, es el de la comunión (koinonía), que encarna y manifiesta la esencia misma del misterio de la Iglesia. La comunión es el fruto y la manifestación  de aquel amor que, surgiendo del corazón del eterno Padre, se derrama en nosotros a través del Espíritu que Jesús nos da (cf Rm 5, 5), para hacer de todos nosotros un solo corazón y una sola alma (Hch 4, 32). Realizando esta comunión de amor, la Iglesia se manifiesta como sacramento, o sea, como signo e instrumento de íntima unión con Dios y de unidad del género humano (NMI 42).

 

Triple nivel de la comunión

4.3  La eclesiología y espiritualidad de la comunión se viven en un triple nivel: Trinitario: La eclesiología y espiritualidad de la comunión hunden sus raíces, como la misma Iglesia, en el misterio trinitario: Somos un pueblo congregado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y nuestro destino final será participar de esta misma vida divina en el seno de la Trinidad: Padre, lo mismo que tú estás en mí y yo en ti, que ellos también estén unidos a nosotros (Jn 17, 21). Fraterno: Consagrados al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por el Bautismo, formamos la familia de los hijos de Dios hermanados en Cristo por obra del Espíritu; somos así miembros unos de otros en la esplendorosa riqueza del “Cuerpo Místico de Cristo” de modo que un hermano es siempre alguien que me pertenece. Solidario: Esta realidad se expresa y vive cuando hacemos espacio en nuestra vida al hermano que sufre y nos ayudamos unos a otros a llevar las cargas haciendo de la solidaridad la expresión operante de la caridad (Carta pastoral, No. 223). Sin esta “espiritualidad”, sin esta moción interior y docilidad al Espíritu, sin este camino espiritual, de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se convertirían en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus medios de expresión y crecimiento  (NMI 43).

 

Los espacios de la comunión

4.4 La carta apostólica sobre el Nuevo Milenio tiene un párrafo de capital importancia. Dice el Papa:En el entramado de la vida de cada Iglesia, la comunión ha de ser patente en las relaciones entre obispos, presbíteros y diáconos, entre pastores y todo el pueblo de Dios, entre clero y religiosos, entre asociaciones y movimientos eclesiales. Para ello se deben valorar cada vez más los organismos de participación previstos por el Derecho Canónico, como los Consejos Presbiterales y Pastorales. Éstos, como es sabido, no se inspiran en los criterios de la democracia parlamentaria, puesto que actúan de manera consultiva no deliberativa; sin embargo, no pierden por ello su significado e importancia. En efecto, la teología y la espiritualidad de la comunión aconsejan una escucha recíproca y eficaz entre pastores y fieles, manteniéndolos por un lado unidos a priori en todo lo que es esencial y, por otro, impulsándolos a confluir normalmente incluso en lo opinable hacia opciones ponderadas y compartidas (NMI 45). Es en la parroquia donde deben confluir e integrarse los consagrados y consagradas, los movimientos y grupos apostólicos y, mediante la parroquia, en el decanato y así en la pastoral diocesana; cada parroquia contará con su Plan Parroquial de Pastoral, enriquecido con los dones y carismas de sus miembros. El párroco debe ver con interés y aprecio los institutos de formación y servicio que existen en su territorio, como son los colegios, asilos, hospitales y obras de asistencia y prestarles la atención espiritual que necesitan, pues  son sus feligreses.

 

El gran desafío de la Iglesia

4.5  Aquí tenemos, claramente descrito, el ideal que perseguimos en nuestro Plan Diocesano de Pastoral que, con palabras del Documento de Puebla, comenzamos a elaborar hace más de una década en comunión y participación. En él se expresa y actualiza, el aquí  y ahora de la acción pastoral, el designio salvífico de Dios para los fieles. Si alguno –persona, movimiento, instituto, etcétera.– se rehúsa a participar, o si alguien impide a otro hacerlo, ciertamente no está colaborando en la edificación de la Iglesia ni está sirviendo al Reino de Dios. Lo dice expresamente el Papa: Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo (NMI 43). Y en la homilía de la misa de clausura del X Sínodo General Ordinario de los Obispos, dijo: La fuerza de la Iglesia está en la comunión, su debilidad en la división y en el enfrentamiento. Acciones:Debemos educarnos para la comunión, aprenderla como todo aprendizaje con acciones concretas. Señalo algunas:

  • La oración en común, tanto litúrgica como de piedad popular. Jesús educó a sus discípulos enseñándolos a orar. El párroco debe ser maestro y pedagogo de la oración comunitaria.
  • Invitar a la oración cuando hay situaciones que afectan a la comunidad  (sequía, hambre, guerra, etcétera) usando los formularios litúrgicos.
  • Hacer las colectas en beneficio de la Iglesia universal (Misiones, Óbolo de San Pedro, Clero indígena, etcétera), las obras comunes del Episcopado (Misioneros de Guadalupe, Universidad Pontificia), de la Iglesia diocesana (Diezmo, Seminario, evangelización) y la caridad fraterna sacerdotal (Ccyas).
  • Fortalecer las instituciones de comunión como son los diversos Consejos, los Decanatos, los Retiros, Ejercicios espirituales y las Semanas de estudio en común.
  • Obras de servicio comunitario en la parroquia: dispensarios médicos, cooperativas, comedores.

Todas estas acciones, y otras similares, expresan la espiritualidad de la comunión como principio educativo –dice el Papa–  en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades  (NMI 43).

 

La santa Eucaristía

4.6 El encuentro sacramental con Jesucristo vivo tiene su expresión máxima en la celebración de la santísima Eucaristía, pues en ella se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan vivo por su carne, que da la vida a los hombres, vivificada y vivificante por el Espíritu Santo; por eso, los otros sacramentos, así como los ministerios eclesiásticos y obras de apostolado, están íntimamente relacionados con la sagrada Eucaristía y a ella se ordenan (Presbyterorum Ordinis 5b). La sagrada Eucaristía es la fuente primaria y original de la comunión eclesial, pues la participación del cuerpo y sangre de Cristo hace que pasemos a ser aquello que recibimos (San León Magno) y en ella se manifiesta el símbolo de aquella caridad y unidad del Cuerpo místico, sin la cual no puede haber salvación (Lumen Gentium 26).

 

La parroquia, comunidad eucarística

4.7 Es necesario, pues, que la parroquia sea una comunidad eminentemente eucarística y que la celebración de tan augusto sacrificio y sacramento sea el centro de la vida cristiana y la inspiración y apoyo de toda la actividad pastoral y apostólica. Si bien existen algunos movimientos o asociaciones que se refieren en particular a la santa Eucaristía, todo movimiento u obra de apostolado tiene que estar centrado en la celebración y adoración de tan gran Sacramento. La parroquia, nos recuerda el Papa, sin el culto eucarístico, como su corazón palpitante, se vuelve estéril (23-XI-01); por tanto, debe renovarse continuamente, partiendo del principio fundamental de que la parroquia tiene que seguir siendo primariamente comunidad eucarística (EA 41); por eso, todas las demás comunidades, deben referirse en su acción pastoral a la parroquia y encontrar allí acogida y aliento.

 

La Eucaristía, fuente de renovación parroquial

4.8 Queda  perfectamente  claro  que  la  renovación  parroquial comienza con la renovación de la fe y del culto que rindan pastores y fieles a la santa Eucaristía. Este principio, añade el Papa, implica que las parroquias están llamadas a ser receptivas y solidarias, lugar de la iniciación cristiana, de la educación y celebración de la fe, abiertas a la diversidad de carismas, servicios y ministerios, organizadas de modo comunitario y responsable, integradoras de los movimientos de apostolado ya existentes, atentas a la diversidad cultural de sus habitantes, abiertas a los proyectos pastorales y supraparroquiales y a las realidades circunstantes (EA 41). En este denso párrafo, el Romano Pontífice, recogiendo las propuestas sinodales, nos traza un programa de renovación parroquial a partir de la santa Eucaristía, sacramento de piedad, signo de unidad y vínculo de caridad. Es, pues, la sinaxis eucarística el centro de toda la asamblea de los fieles que preside el presbítero… Enseñen, por tanto, a fondo a los fieles a ofrecer a Dios Padre la Víctima en el sacrificio de la Misa y a hacer, juntamente con ella, oblación de su propia vida (PO 5) y a obtener así su santificación. Es evidente que la santificación del Día del Señor, sobre todo con la misa dominical, especialmente la que por deber grave de justicia ha de ofrecer el párroco por sus fieles (cf c. 534) y celebrar con especial solemnidad, debe ser la expresión máxima del cumplimiento de este precepto. El domingo, memorial de la Pascua del Señor, es el día en que se actualiza su sacrificio, se alimenta la fe, se fortalece la comunidad y se renueva la creación con la presencia del Resucitado y la fuerza de su Espíritu. Al final de cada Eucaristía los fieles deberían de poder exclamar: ¡Hemos visto al Señor! (Jn 20, 25).

 

Lo santo a los santos.

4.9 El presbítero y los fieles deben expresar mediante signos externos su fe, su aprecio y respeto a la santa Eucaristía. Al celebrar estos santos misterios, debemos tener presente la advertencia del Señor a sus ministros de ser santos para poder tratar las cosas santas, y acercarse a la zarza ardiente del amor de Cristo con el alma limpia y quitadas las sandalias. A los pastores se nos pide que la casa de oración, en que se celebra y se guarda la santísima Eucaristía y se congregan los fieles, y en que se adora, para auxilio y consuelo de los fieles, la presencia del Hijo de Dios, salvador nuestro, debe estar nítida, dispuesta a la oración para las sagradas solemnidades (PO 5). Allí el texto conciliar nos remite a San Jerónimo, quien pedía se diera a los cálices sagrados y a los santos velos la misma veneración que se da al cuerpo y sangre del Señor (Epístola 114, 2).

 

Pedagogía del signo y de la imagen

4.10 Directorio para el Ministerio y Vida de los Presbíteros es más explícito cuando nos recuerda que, en una sociedad cada vez más sensible a la comunicación a través de signos e imágenes, el sacerdote cuidará adecuadamente todo lo que puede aumentar el decoro y el aspecto sagrado de la celebración. Es importante que en la celebración eucarística haya un adecuado cuidado de la limpieza del lugar, del diseño del altar y del sagrario, de la nobleza de los vasos sagrados, de los ornamentos, del canto, de la música, del silencio sagrado, etcétera. De hecho, la falta de atención a estos aspectos simbólicos de la liturgia, y aún peor, el descuido, la prisa, la superficialidad y el desorden, vacían de significado y debilitan la función de aumentar la fe. El que celebra mal, manifiesta la debilidad de su fe y no educa a los demás en la fe (No. 49). Somos hijos y herederos de un pueblo de particular sensibilidad religiosa y artística; debemos, pues,  recobrar el gusto por el arte sagrado en todas sus manifestaciones –música, arquitectura, pintura, escultura, etcétera– puesto que son medios muy aptos de evangelización, que ayudan a elevar la mente y el corazón a Dios y a expresar sentimientos de piedad y adoración. Acciones:Para acatar estas advertencias, señalo algunos medios prácticos:

  • Revisar los manteles, albas, capa pluvial y ornamentos para que estén limpios, en buenas condiciones y completos los colores litúrgicos.
  • Mandar dorar y pulir los cálices, copones, custodia, vinajeras, platillo de la comunión, evitando los plásticos y todo material poco digno.
  • Cuidar el aseo de la capilla y del altar del Santísimo Sacramento, que el Sagrario sea digno y seguro, con la lámpara encendida y la cortinilla decorosa.
  • La nave del templo y las bancas deben de estar limpias y cómodas, de modo que los asistentes se sientan a gusto. Es indispensable tener un buen sonido y hacer uso correcto, no agresivo, del micrófono.
  • Los trajes de los ministros deben estar limpios, a su medida, y enseñarlos a llevar correctamente el incensario, a tocar la campanilla y a hacer la genuflexión.
  • Procurar que existan los libros litúrgicos necesarios, que estén en buenas condiciones, y que las comunidades menores vayan adquiriendo los  indispensables.
  • Revisar y preparar con los coros y cantores los cánticos que se ejecutarán durante la celebración para evitar sorpresas y abusos. Utilizar el Cantoral Litúrgico del Seminario y seguir sus normas prácticas.
  • Celebrar una liturgia apropiada para los niños, para los jóvenes y para los indígenas.
  • Cuidar la puntualidad del celebrante y educar en la misma, en el orden y en la limpieza a la comunidad. La asamblea litúrgica exige un comportamiento y un vestido digno.
  • En la sacristía debe guardarse silencio y respeto, de modo que el sacerdote y los ayudantes se preparen espiritualmente a la celebración de los divinos misterios.

La preparación para la misa incluye la selección de los textos, procurando evitar la improvisación y ofreciendo a los fieles la riqueza del misal.

 

La Cultura cristiana

4.11 El Papa ha insistido en la parroquia como centro de irradiación de cultura cristiana; como un lugar privilegiado para que “el modo de ser” del cristianismo se haga vida en la sociedad: Una fe que no se hace cultura es una fe no aceptada plenamente, no pensada enteramente, no vivida fielmente, ha repetido una y otra vez. Los pastores debemos sentir en nuestra conciencia el peso de este certero diagnóstico. Somos los primeros responsables de que el Evangelio se haga cultura. Caigamos en la cuenta que el hombre moderno no sólo ha intentado hacer desaparecer a Dios de la razón, sino de la memoria. Para muchos católicos, Dios es algo poco relevante en su vida, hasta superfluo. Se trata de una apostasía silenciosa, escondida detrás de la indiferencia tranquila de la cultura de la inmanencia que invade la vida. Una verdadera pastoral de la cultura es fundamental para la nueva evangelización. Acciones: Siguiendo algunas de las indicaciones del Pontificio Consejo para la Cultura, propongo a los señores párrocos:

  • La formación de círculos de lectura y reflexión, seleccionando libros, periódicos –El Observador por supuesto– y revistas de calidad literaria y contenido cristiano. Formar una biblioteca y hemeroteca parroquial y editar el propio boletín informativo.
  • Tener un cine club con debate; lo mismo con películas rentadas o programas de televisión, de modo que se eduque el buen gusto y el sentido crítico.
  • Formar grupos musicales, de teatro y de artes plásticas que fomenten la cultura con obras educativas de calidad literaria y artística.

 

5. Acción pastoral por la familia y los pobres

La pastoral familiar

5.1 Es de todos conocido el empeño que el Santo Padre ha puesto en tutelar y promover la institución familiar como fruto natural del sacramento del matrimonio; su naturaleza y misión de célula fundamental de la sociedad, de santuario de la vida, de escuela de humanidad y de iglesia doméstica. Todas estas denominaciones manifiestan su capital importancia tanto para la sociedad como para la Iglesia y, por tanto, para la acción pastoral. Más aún, este cuidado pastoral debe hacerse hoy en día más acucioso e intenso a causa de los ataques que padece de parte de los gobiernos, de los medios de comunicación y de los grandes intereses políticos y económicos transnacionales que, con sus políticas antinatalistas y hedonistas, la hacen blanco de agresiones cada día mayores.

 

El Evangelio de la vida

5.2 La Iglesia responde a esta cultura de la muerte con el Evangelio de la vida, con la buena noticia de que la vida es un don esplendoroso de Dios desde su inicio en la concepción hasta su término natural; que el hombre es imagen e hijo de Dios, único ser a quien Dios ama por sí mismo, y que elderecho a la vida es el derecho primero y fundamental que sustenta todos los demás.  Por tanto, que la santa Iglesia es el pueblo de la vida y para la vida cuyo origen y destino final es Dios.

 

Promotoras de su propio desarrollo

5.3  Por todo esto, la pastoral familiar debe ocupar un primerísimo lugar ya que en ella se  apoyan y sustentan otras ramas como son las pastorales matrimonial, vocacional y juvenil. Habrá que buscar que las familias mismas sean cada vez más conscientes de la atención debida a los hijos y hacerse promotoras de una eficaz presencia eclesial y social para tutelar sus derechos (NMI 47). Pensemos, por ejemplo, en los agravios que sufren las familias en el campo de la educación o de la salud. El magisterio de la Iglesia eleva su voz defendiendo estos derechos, pero si las familias no los reclaman, seguirá triunfando la manipulación y la injusticia.

Acciones:

Para una mejor atención a las familias, proponemos:

  • Organizar el Equipo parroquial de pastoral familiar.
  • Fundar la Escuela para Padres, al menos una por decanato.
  • Promover los movimientos que apoyan a las familias: Movimiento familiar cristiano, Encuentros matrimoniales, Familia educadora en la fe, etcétera.
  • Instrucción pre-matrimonial, Paternidad responsable (Bi- llings), Acompañamiento a matrimonios jóvenes, Consultoría matrimonial, etcétera.
  • Celebración de la Semana de la familia y del Día de la vida.
  • Preparar y celebrar dignamente el sacramento del matrimonio, superando lo meramente ceremonial y “social”.

Los pobres: presencia de Cristo

5.4 La opción preferencial por los pobres  es una opción de la Iglesia porque lo es de Jesucristo. Él, en efecto, siendo rico se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza (2 Co 8, 9). Así, optar por los pobres es imitar a Jesús y, al mismo tiempo, optar por Jesús presente en ellos. La identificación que Cristo hace de su persona con el prójimo desnudo, hambriento, sediento, enfermo, encarcelado (cf Mt 25, 35-36) no es una simple invitación a la caridad: es una página de cristología, que ilumina el misterio de Cristo, y nos está diciendo dónde y cómo Cristo quiere ser reconocido y servido. Por eso, sobre esta página, la Iglesia comprueba su fidelidad como Esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia (NMI, 49). En una palabra, los pobres son presencia, son “sacramento” vivo de Cristo; sobre ellos también nos dice: éstos son mi cuerpo.

 

Gran escándalo

5.5 Se trata, pues, de una opción teológica y espiritual que, sin exclusión, privilegia a quienes el mundo rechaza y menosprecia, como lo hizo con Jesús. La reciente globalización ofrece grandes posibilidades de progreso a pocos afortunados, dejando no sólo a millones y millones de personas al margen del progreso, sino a vivir en condiciones de vida muy por debajo del mínimo requerido por la dignidad humana (NMI 50). Para un discípulo verdadero de Cristo, esta situación al inicio del Tercer Milenio, debe ser considerada como escandalosa e intolerable; por eso, el cristiano que se asoma a este panorama, debe aprender a hacer un acto de fe en Cristo interpretando el llamamiento que Él dirige desde este mundo de la pobreza, llamado que requiere de nosotros una mayor creatividad, una nueva imaginación de la caridad (Ibid). Es una opción no política ni económica, sino de fe, con profunda incidencia en la vida.

 

La casa de los pobres

5.6 Una acción pastoral en este sentido, será la más grande y eficaz presentación de la buena nueva del Reino  para que el mundo crea y para que nuestro mensaje sea creíble, pues  tenemos que actuar de tal manera  que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como en su casa (Ibid). En una palabra, la parroquia debe ser la casa de los pobres. Las acciones gubernamentales han sido hasta ahora insuficientes y frustrantes. Es necesario enseñar con el ejemplo: La parroquia debe ser escuela de solidaridad. Porque es posible, es obligatorio ayudar a los pobres a salir de su miseria con sus propias fuerzas, según decía la Madre Teresa de Calcuta:Tengan confianza en los pobres: tienen muy poco, pero saben hacer mucho.  Acciones:El panorama es tan amplio como las necesidades de nuestros fieles. La Iglesia, en su larga historia, ha sido inventora y promotora de formas variadísimas de caridad. Los santos y santas, apremiados por el amor de Cristo, nos han dado ejemplo de creatividad. Es indispensable que cada parroquia emprenda acciones concretas de diversos tipos, según propuse en la carta circular 8/95. Recuerdo algunas:

  • Acciones promocionales: Estudio sobre la doctrina social de la Iglesia, cooperativas de ahorro y de consumo, huertos familiares, microcréditos, etcétera.
  • Acciones asistenciales: Comedores parroquiales para los pobres, dispensarios médicos, medicina natural, hospedaje para migrantes, etcétera.
  • Acciones solidarias: Costear una operación quirúrgica, dar algunas becas para estudios, quitar focos de infección, campañas de reforestación, etcétera.
  • Cada decanato deberá implementar sus pastorales específicas: migrantes, indígenas, campesinos, obreros, etcétera., según sus necesidades pastorales.

 

6.  Bajo la protección de la Virgen María

La Virgen María, modelo de santidad

6.1 La Virgen María, está unida a su Hijo con un vínculo estrecho e indisoluble, está enriquecida con la suma prerrogativa y dignidad de ser la Madre de Dios Hijo, y por eso hija predilecta del Padre y sagrario del Espíritu Santo; con el don de una gracia tan extraordinaria aventaja con creces a todas las demás criaturas, celestiales y terrenas (LG 53). Pero, como hija de Adán, es también proclamada como miembro excelentísimo y enteramente singular de la Iglesia y como tipo y ejemplar acabadísimo de la misma en la fe y en la caridad, a quien la Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, venera, como madre amantísima, con afecto de piedad filial (Ibid). Por eso es en la Iglesia modelo perfecto de santidad. Ella muestra no sólo que la santidad es posible para nosotros, sino que intercede ante su divino Hijo para que adquiramos esa misma santidad:escuchando la palabra de Dios y poniéndola en práctica (Lc 8, 21).

 

Mediación maternal

6.2 Uno es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús (1 Tm 2, 5); María Santísima, en cambio, por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, ejerce una misión maternal especial respecto a todos los hombres, que en nada obscurece la única mediación de su Hijo, sino que se apoya en la mediación de éste, depende totalmente de ella y de ella misma saca todo su poder. Y, lejos de impedir la unión inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta (LG 60). Este papel singular de la Virgen María debe ser expuesto con toda claridad y firmeza a los fieles, evitando cualquier extremo pernicioso. Puesto que la santidad es la clave del ardor de la nueva evangelización (SD 32), María Santísima no es sólo modelo de santidad en la Iglesia, sino la primera Evangelizadora y la Estrella de la nueva evangelización. Por eso, con gran acierto, en nuestros pueblos el Evangelio ha sido anunciado, presentando a la Virgen María como su realización más alta (DP 282), de modo que Ella ha llegado a ser la Madre educadora en la fe, que cuida de que el Evangelio nos penetre, conforme nuestra vida diaria y produzca frutos de santidad (Ibid). La espiritualidad mariana, especialmente la que dice relación con el misterio de los Dolores de la Virgen Santísima, debe inspirar nuestra pastoral diocesana.

 

Modelos insignes de santidad

6.3 Las recientes canonizaciones que el Santo Padre ha hecho de numerosos hijos de la Iglesia, entre ellos de veintisiete compatriotas nuestros, muestra a las claras los frutos de santidad que adornan a la Iglesia en México. Estos hijos insignes de la Iglesia constituyen un estímulo valioso para que, pastores y fieles, procuremos seguir su ejemplo apoyados en su intercesión.  Las fiestas patronales, tanto diocesanas como parroquiales, deben ser para todos una invitación constante a la santidad. Por eso, es necesario celebrar estas festividades con entusiasmo, purificándolas de las adherencias menos cristianas que las suelen empañar. En cada fiesta patronal, la Esposa de Cristo debe brillar sin mancha ni arruga, presagio y anticipo de la Jerusalén celestial.  Son, pues, una ocasión privilegiada para catequizar y entusiasmar a los fieles en la búsqueda de su común vocación a la santidad. La Solemnidad de todos los Santos debe recobrar su significado litúrgico, y no otra cosa debería hacerse en el bautizo al escoger un nombre no ajeno al sentir cristiano (cf c. 855), de modo que, en lo posible, cada bautizado tenga un Santo Patrono en el cielo.

 

7.   Conclusión

El fundamento es CristoDespués de dos mil años de la venida del Redentor, la Iglesia celebra y vive su obra salvadora como si hubiera sucedido hoy y animada por esta experiencia, retoma hoy su camino para anunciar a Cristo al mundo (NMI 28), porque el misterio de Cristo es el fundamento de nuestra acción pastoral(Ibid. 15).  Invito, pues, a todos, pastores y fieles, a volver nuestra mirada humilde y confiada hacia el que traspasaron (Jn 19, 37) para encontrar allí la fuerza y la luz necesarias para proseguir nuestro caminar diocesano, anunciar y obtener la salvación. Que cada uno se fije en cómo construye. Nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, que es  Cristo Jesús.  Sobre este cimiento uno coloca oro, otro plata, piedras preciosas, madera, hierba, paja. La obra de cada uno quedará patente, pues el Día Aquel la mostrará: aparecerá con fuego, y el fuego comprobará la calidad de la obra de cada uno (l Co 3, 10-14).  Al Señor Jesús sea el honor, el poder y la gloria por siempre.  Amén.

Santiago de Querétaro, Qro., Solemnidad de Santa María Madre de Dios,  1 de Enero del  2002.

 

† Mario de Gasperín Gasperín
VIII Obispo de Querétaro
 
Pbro. Carlos Chávez Castro
Secretario Canciller

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