Carta Pastoral Nº 10: La Fiesta de Dios

| enero 1, 2007

Con ocasión del Año de la Pastoral Litúrgica

 

I. INTRODUCCIÓN 

Sólo puede haber verdadera fiesta si Dios existe y nos toca (S.S. Benedicto XVI)

 

Hermanos presbíteros,
Hermanas y hermanos consagradas y consagrados,
Hermanas y hermanos fieles católicos laicos:

Presentación

El 20 de Noviembre de 2006 inauguramos solemnemente, en nuestra Asamblea Diocesana, el Año de la Pastoral Litúrgica. Nuestro deseo es acentuar el empeño que hemos puesto en las celebraciones litúrgicas, para que el culto que rendimos al Padre sea en Espíritu y en Verdad (Cf. Jn 4, 23) como Él se merece, y la obra de santificación de los fieles creyentes se ejerza con dignidad y eficacia mediante la santa Iglesia en las acciones litúrgicas. Para facilitar esta tarea, y en cumplimiento de mi oficio pastoral, les ofrezco, en la presente Carta, los siguientes temas de estudio y reflexión, basados principalmente en la Constitución Sacrosantum Concilium del Vaticano II sobre la Sagrada Liturgia. Los invito a estudiarlos detenidamente y, desde luego, a enriquecerlos, si es posible, recurriendo al mismo documento conciliar y a otros escritos del Magisterio eclesiástico que les enumero al final de la Carta. Pido a los hermanos Presbíteros, en especial a los señores Párracos, como próvidos colaboradores de su Obispo y responsables inmediatos de la salvación de las ovejas encomendadas a su celo pastoral, una atención especial al culto divino y a la formación litúrgica de sus fieles. Hemos adelantado mucho en algunos campos de la liturgia, sobre todo en el de la participación activa de los fieles; ahora tenemos que lograr que esta participación se realice con gran dignidad y crezca en belleza, es decir, en santidad, como nos lo enseña la santa Escritura: Al Señor, nuestro Dios, honor y majestad lo preceden, fuerza y esplendor están en su templo; la santidad es el adorno de su casa, magnificencia y belleza es su obra, pues Él es Santo (Cf. Ps 96,6; 111,3; 99,3). Somos los pastores los guardianes de la santidad de Dios, los depositarios de una riqueza inmensa que debemos vivir y poner a disposición de los fieles adquiridos no con oro o con plata, sino con la sangre preciosa del cordero inmaculado, Cristo (Cf. 1 Pe 1, 18s). Como nos advertía el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, y es bueno recordar, a nadie le está permitido infravalorar el Misterio confiado a nuestras manos: éste es demasiado grande para que alguien pueda permitirse tratarlo a su arbitrio personal, lo que no respetaría ni su carácter sagrado ni su dimensión universal (La Iglesia vive de la Eucaristía, Nº 52). Con estas intenciones les ofrezco los siguientes temas doctrinales invitándolos a profundizarlos y reflexionarlos en los grupos parroquiales, para que el Año de la Pastoral Litúrgica sea verdaderamente un avance hacia la cumbre y hacia la fuente de nuestra vida eclesial, la sagrada Liturgia.

 

II. TEMAS DE REFLEXIÓN

Triple ministerio

1. El Año de la Pastoral Litúrgica cierra el triple círculo de las pastorales que constituyen el ministerio mesiánico de Jesús y que ejerce la santa Iglesia en su misión pastoral: La pastoral profética, la pastoral social y, su cumbre y fuente (SC 10), la pastoral litúrgica. En efecto, Jesucristo es el Profeta de Dios, que tiene palabras de Dios y que anuncia la venida del Reino en su Evangelio; Él es el Rey-Pastor, fiel servidor que entrega su vida por sus ovejas; es, finalmente, el Gran Sacerdote que se ofreció al Padre en el altar de la Cruz y nos dejó su sacrificio como alianza eterna. Son los tres aspectos de su actividad mesiánica y salvadora. Nosotros ya hemos aprendido a no separar, y mucho menos a oponer, esta triple rama de la pastoral, sino a unirlas en el misterio de Cristo presente y actuante en la santa Iglesia. Lo que la Palabra anuncia, la Liturgia lo celebra y la Caridad lo vive. Lo ha dicho con meridiana claridad el Papa Benedicto XVI: La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyría), celebración de los Sacramentos (leiturgía) y servicio de la caridad (diakonía). Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse unas de otras (Dios es amor, Nº 25). No nos es lícito separar lo que Dios ha unido en su designio de salvación. Por eso hemos hecho de la Eclesiología de comunión una de las prioridades de nuestro Plan de Pastoral. La comunión es la fuerza de la Iglesia, la desunión su debilidad. Todos los agentes de la pastoral contribuyen por igual al bien de su parroquia y edifican en comunión la santa Iglesia.

Cuestionario:

  1. ¿Existen estas tres ramas de la pastoral en tu parroquia?
  2. ¿Qué relación existe entre ellas: distanciamiento, enfrentamiento o colaboración?
  3. Describe y comenta lo que entiendes por Eclesiología de comunión (Ver los números 43 y 45 de la carta apostólica “Al Comienzo del Nuevo Milenio”).

 

Imagen de la Iglesia 

2. La principal manifestación de la Iglesia se realiza en la participación plena y activa de todo el Pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones litúrgicas, particularmente en la Eucaristía en una misma Oración, junto al único Altar, donde preside el Obispo rodeado de su presbiterio y ministros (SC 41). Es importante notar que en la Liturgia tenemos la expresión “principal”, la más completa, del misterio de la Iglesia; la comunidad cristiana —pastores y fieles— en su forma de celebrar y vivir la sagrada Liturgia, expresa y manifiesta la experiencia que tiene de la Iglesia. En el modo cómo participa la comunidad, preside el celebrante, intervienen los ministros, se recitan los textos, se escogen y entonan los cantos; en las actitudes y comportamientos de la comunidad al celebrar los misterios santos, se expresa la fe de cada uno de los participantes y la imagen que tienen de la Iglesia y que trasmiten a los demás. Oramos de acuerdo a lo que creemos: Lex orandi,lex credendi.  Recordemos que toda la comunidad es pueblo sacerdotal y que, exceptuando la diferencia entre los ministros ordenados y no ordenados, todos los fieles laicos son actores activos en la celebración litúrgica gracias a su Bautismo y a la Confirmación. De la renovación de la pastoral litúrgica depende, en gran manera, la renovación de la Iglesia. En la correcta aplicación de la reforma litúrgica se renueva no sólo la Liturgia sino la Iglesia y la parroquia. El año de la Pastoral Litúrgica supone y complementa el de la pastoral profética y el de la pastoral social.

Cuestionario: 

  1. ¿Qué imagen de Iglesia expresa la Liturgia de su parroquia?
  2. Cuando se ha hecho algún cambio o escogen los textos o cantos, ¿se piensa en la Iglesia o en los propios gustos?
  3. Lea el texto del Concilio arriba citado (SC 41) y señale los elementos más importantes que contiene.

 

Índole comunitaria

3. Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es sacramento de unidad, es decir, pueblo santo, congregado y ordenado bajo la dirección de los Obispos. Por tanto, pertenecen a todo el Cuerpo de la Iglesia, influyen en él y lo manifiestan, pero afectan a cada miembro de este Cuerpo de  manera diferente, según la diversidad de órdenes, funciones y participación actual (SC 26). La participación activa y ordenada de los fieles en las acciones litúrgicas es un logro muy importante de la reforma conciliar. Tiene siempre primacía la participación comunitaria, sin negar la legitimidad de otras formas de vivir la Liturgia. En efecto, es necesario que todos, abrazados a la verdad crezcamos en caridad, llegándonos a Aquél que es nuestra Cabeza, Cristo, de quien todo el cuerpo, trabado y unido por todos los ligamentos que lo unen y nutren para la operación propia de cada miembro, crece y se perfecciona en la caridad (Eph 4, 15-16) (LG 30). Esta participación activa debe sustituir a la manera pasiva y muda de “asistir” a las celebraciones litúrgicas y ayudarnos a superar el individualismo, pues fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo que le confesara en verdad y le sirviera santamente (LG 9). Pero esta participación activa tiene que ser ordenada y el moderador de la Liturgia es el Obispo diocesano. La participación no debe confundirse con el activismo exterior, con un mero hacer cosas. Participar en las acciones litúrgicas no consiste en que todos hagan todo, o en hacer lo más posible, sino en que cada uno haga lo que le corresponde, en el lugar indicado y en el momento adecuado. Se participa presidiendo y escuchando, orado en silencio o cantando, sentado o de rodillas, leyendo o sirviendo, etcétera, pero cada uno en su orden y según sus atribuciones propias. Sobre todo se participa con la actitud interior de escucha, oración, adoración, meditación y alabanza. La creatividad litúrgica debe practicarse con prudencia y sabiduría, y por quien verdaderamente tenga el espíritu de la Liturgia, es decir, el Espíritu Santo. Por eso hay normas que orientan dicha creatividad, que no debe confundirse con invenciones o modas pasajeras. Fue el Espíritu Santo quien consagró sacerdote al Verbo eterno en el seno de la Virgen María y el que se le comunica a cada cristiano el día de su Bautismo y de su Confirmación para ser sacerdocio regio (Cf. 1 Pe 2,9), pueblo sacerdotal. La Liturgia no es espectáculo, sino celebración de fe, ejercicio del sacerdocio de Cristo, y don del Espíritu Santo.

Cuestionario:

  1. ¿Cuáles son los requisitos de una auténtica participación litúrgica? ¿Por qué tiene primacía la participación comunitaria?
  2. Describa el activismo litúrgico que Usted haya presenciado alguna vez.
  3. ¿Qué significa tener el espíritu de la liturgia y poseer el sacerdocio regio o común de los bautizados? Coméntelo.

 

Obra del Espíritu

4. En la Constitución sobre la sagrada Liturgia, primicia de aquella ‘gran gracia de la que se ha beneficiado la Iglesia en el siglo XX’, el Concilio Vaticano, el Espíritu Santo ha hablado a la Iglesia, sin dejar de guiar a los discípulos del Señor ‘a la verdad completa’ (Jn 16, 13), dijo el Papa Juan Pablo II (Const. Apost. Spiritus et Sponsa,1). Tanto el Concilio Vaticano II como su documento inicial, la Constitución Sacrosantum Concilium sobre la sagrada Liturgia, son un don del Espíritu Santo a la Iglesia. Este Espíritu Santo, que iluminó a los Padres conciliares, sigue guiando a la Iglesia y actuando en ella mediante la fiel escucha de la Palabra de Dios y la celebración de los misterios santos en los signos sacramentales. Era la primera vez que un concilio ecuménico dedicaba un documento específico a la sagrada Liturgia. Sólo quien tiene el Espíritu de Jesucristo, como lo tiene la Iglesia, pudo emprender una obra tan grande; y sólo quien tiene este mismo Espíritu puede aplicar correctamente y vivir fructuosamente este gran don. El Concilio pide una participación activa, interior y exterior, de los fieles (SC 19); participación consciente, piadosa y activa en la acción sagrada (SC 48), y esto no se logra sin la acción del Espíritu Santo. Un fruto excelente del Espíritu es la alegría, como lo expresa el Papa Pablo VI al presentar este primer documento conciliar: Exulta nuestro ánimo por este resultado. Reconocemos el obsequio en la escala de los valores y de los deberes: Dios en el primer lugar, la oración nuestra primera obligación; a Liturgia primera fuente divina comunicada a nosotros, primera escuela de vida espiritual, primer regalo que podemos hacer al pueblo cristiano, creyente y orante con nosotros, y primera invitación al mundo para que cambie en oración santa y veraz su lengua muda y sienta el inefable poder regenerador de cantar con nosotros las alabanzas divinas y las esperanzas humanas, por Cristo Señor en el Espíritu Santo (Discurso de clausura del segundo periodo del Concilio, 4 de Diciembre 1963). Esta alegría interior es fruto suave del Espíritu Santo, no gritería mundana ni ruido estrepitoso.

Cuestionario:

  1. ¿Por qué el Concilio y la Sacrosantum Concilium son dones del Espíritu Santo a la Iglesia?
  2. ¿Cómo se manifiesta la acción del Espíritu Santo en las celebraciones litúrgicas de su parroquia?
  3. ¿La participación en la Misa dominical está llena de santa alegría, fruto del Espíritu Santo, o de otro tipo de ‘alegría’? ¿Por qué muchos se aburren en Misa? Coméntelo.

 

El misterio pascual de Cristo

5. De dónde le viene a la Liturgia tan grande dignidad? ¿Cuál es su contenido? ¿Qué gracia nos comunica? A estas preguntas responde el Concilio: Por medio de la Liturgia se ejerce la obra de nuestra redención (SC 2). La obra redentora de Cristo, realizada en el Calvario una sola vez (Cf. Hb 10,10) y con valor infinito de salvación, no queda en el pasado, sino que se hace presente, se actualiza en favor nuestro mediante la sagrada Liturgia. Nosotros, al celebrar la santa Liturgia, en especial la Eucaristía, somos testigos presenciales y beneficiarios de su obra redentora. En efecto, esta obra de la redención humana y de la perfecta glorificación de Dios… Cristo la realizó principalmente por medio del misterio pascual de su bienaventurada pasión, resurrección de entre los muertos y gloriosa ascensión (SC 5). En la sagrada Liturgia se hace presente y operante para nosotros el misterio pascual de Cristo, con su doble movimiento: ascendente, de glorificación del Padre y, descendente, de santificación del hombre. Cristo, mediante las sagradas celebraciones litúrgicas, sigue presente en medio de nosotros; por Él damos culto al Padre en Espíritu y en Verdad (Jn  4, 23s) y somos purificados de nuestros pecados y santificados con su gracia salvadora. De aquí le viene a la Liturgia tan grande dignidad. Es verdaderamente opus Dei, es decir, obra de Dios entre nosotros mediante los signos sacramentales. Los signos sacramentales siempre son eficaces, pero entre más claros y transparentes sean, mejor relucirá la obra de Dios. La iniciativa salvadora siempre tiene su origen en Dios, y nosotros estamos llamados a asociarnos a ella, como explica el Concilio: Realmente, en esta obra tan grande, por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados, Cristo asocia siempre consigo a su amadísima esposa la Iglesia, que invoca a su Señor y por Él tributa culto al Padre Eterno (SC 7).

Cuestionario:

  1.  ¿En qué consiste el misterio pascual de Cristo?
  2. ¿Cuál es el doble movimiento de la acción litúrgica de la Iglesia y cómo se lleva a cabo en su parroquia?
  3. ¿Cuál es el termino final del culto cristiano? Coméntelo.

 

Las presencias de Cristo en la Liturgia

6. Esta presencia de Cristo en las acciones litúrgicas tiene distintos modos de manifestarse. Su presencia es tan rica, que necesita diversos signos para expresar su plenitud. El número 7 de la Constitución Sacrosantum Concilium es hermoso y consolador para nosotros: Para realizar una obra tan grande, Cristo está siempre presente a su Iglesia sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, ‘ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz’ (Conc. Trid., ses. 22), sea sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con su virtud en los sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza. Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla. Está presente, por último, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, él mismo lo prometió: ‘Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos’ (Mt 18, 20). Como la sagrada Liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia (SC 9), tampoco agota las presencias de Cristo; por eso Él ha querido hacerse presente, además, con especial ternura, en los hermanos más pobres, de modo que lo que con ellos hagamos a Él se lo hacemos, o se lo dejamos de hacer (Cf. Mt 28). A estas presencias de Cristo en la sagrada Liturgia debe añadirse la identificación de Cristo con el hermano pobre y necesitado (Cf. Iglesia en América, 12). Así, la pastoral social inspira y prolonga en la vida diaria la pastoral litúrgica: hace de toda la vida una ofrenda agradable a Dios. Verdaderamente Cristo es el Emmanuel, Dios con nosotros.

Cuestionario:  

  1. Enumere las diversas maneras de la presencia de Cristo en la Liturgia: ¿Cuál de todas estas presencias es la más singular?
  2. En las celebraciones litúrgicas de su parroquia, ¿se experimenta la presencia viva de Cristo?
  3. ¿Dónde encontramos a Cristo en nuestra vida diaria? Lea el Nº 49 de la carta “Al Comienzo del Nuevo Milenio”. Coméntelo.

 

El sacerdocio de Cristo

7.    El punto central sobre el cual gira toda la reforma litúrgica es el ejercicio del sacerdocio de Cristo. Los Apóstoles, después de haber recibido el Espíritu Santo en Pentecostés, no sólo predicaron el Evangelio con valentía sino que santificaron a los fieles con los sacramentos emanados de la Pascua: el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía (Cf. Hech 2, 14ss). No sólo proclamaron el misterio de la muerte y resurrección del Señor, sino que actualizaron su presencia salvadora mediante el sacrificio y los sacramentos en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica, la obra de la salvación que anunciaban (SC 6), es decir, mediante el ejercicio del sacerdocio de Cristo. Por eso añade el Concilio: Con razón, pues, se considera la Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. Y explica: En ella los signos sensibles significan y cada uno a su manera realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo místico de Jesucristo, es decir, su Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro. Y señala más adelante la grandeza de este misterio: En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia (SC 7).

Cuestionario:

  1.  ¿Puede usted elaborar una definición de Liturgia con lo antes dicho?
  2. ¿Cómo se ejerce el sacerdocio de Jesucristo en la Liturgia?
  3. ¿Puede haber alguna acción sagrada comparable a la Liturgia?
  4. ¿Cómo se expresa esa dignidad en la Liturgia parroquial? Coméntelo.

 

Liturgia celeste

8. Como bien sabemos, el año litúrgico se cierra con la solemnidad de Cristo Rey, el Señor de la gloria que viene a juzgar a los vivos y a los muertos. Este aspecto lleno de esperanza en la segunda venida de Cristo, es subrayado también al inicio del nuevo año litúrgico, en la primera parte del Adviento. Una aclamación después de la consagración en la Misa termina con el grito de la Esposa en el Apocalipsis ¡Ven, Señor Jesús! (Cf. Ap 22, 20) y en este mismo libro sagrado se nos refiere la Liturgia del cielo, donde el Cordero inmolado intercede ante el Padre eternamente por nosotros junto con todos los redimidos. Esta relación del culto cristiano que rendimos a Dios aquí en la tierra con la Liturgia del cielo, se conoce como el carácter escatológico de la Liturgia. Escatología quiere decir la ciencia de las cosas últimas, de lo que sucederá cuando tenga lugar la consumación final, al final de los tiempos. Nos enseña el Concilio: En la Liturgia terrena pregustamos y tomamos parte en aquella Liturgia celestial que se celebra en la ciudad santa de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos y donde Cristo está sentado a la diestra de Dios como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero (Cf. Apoc 21, 2; Hb 8,2) (SC 8). Por eso el sacerdote nos invita a levantar el corazón y a cantar el himno de los serafines con todos los coros de los ángeles y de los santos. Lo que sucedió en el Calvario de manera sangrienta se realiza ante el trono de Dios en el cielo de manera gloriosa y se hace presente en el altar sacramentalmente, mediante los signos del Pan y del Vino consagrados. Es el mismo e idéntico Cordero el que se inmola por nosotros en el altar, en el Calvario y ante el trono de Dios. En el altar de la iglesia se realiza el encuentro de la tierra con el cielo, del hombre con Dios por Cristo, con Cristo y en Cristo y el Padre recibe, por la acción del Espíritu Santo, el honor y gloria que le corresponden.

Cuestionario:

  1. ¿En qué consiste la índole escatológica de la Liturgia?
  2. ¿Cómo se hace presente el sacrificio de Cristo en el Calvario, en el Cielo y en el Altar?
  3. ¿Se experimenta en la Liturgia de su parroquia la presencia de la Liturgia del cielo? Coméntelo.

 

Cumbre y fuente

9. No debe, por tanto, extrañarnos la siguiente afirmación del Concilio sobre la Liturgia, que se ha hecho famosa: La Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza (SC 10). Como cumbre de la vida cristiana, dice el texto conciliar: Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y  el bautismo, todos se reúnan, alaben a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la Cena del Señor. Todos los trabajos de la semana y todas las actividades apostólicas adquieren su plenitud cuando en la Liturgia, especialmente en la santa Eucaristía, son ofrecidos con Cristo al Padre en el Espíritu Santo. El pan y el vino, fruto de la tierra y del trabajo del hombre y presentados junto con las demás ofrendas, son transformados en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo y ofrecidos al Padre y aceptados por Él. En la Misa del domingo, la vida cristiana diaria adquiere un valor de eternidad. Verdaderamente la Liturgia es la cumbre de la vida cristiana. Y, como fuente de gracia, la Liturgia misma impulsa a los fieles a que, saciados ‘con los sacramentos celestiales’, sean ‘concordes en la piedad’; ruega a Dios que ‘conserven en su vida lo que recibieron en la fe’, y la renovación de la alianza del Señor con los hombres en la Eucaristía enciende y arrastra a los fieles a la apremiante caridad de Cristo. Toda la vida cristiana recibe de la sagrada Liturgia la fuerza y el dinamismo para alcanzar la salvación. Remata el texto conciliar: Por tanto, de la Liturgia, sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin (SC 10).

Cuestionario:

  1.  ¿Por qué la Liturgia es cumbre y fuente de la vida cristiana?
  2. Explique cómo la vida de la semana adquiere todo su valor de la santa Eucaristía dominical
  3. ¿Qué piensa de los que no van a Misa el domingo, de los que dicen que Dios está en todas partes y eso basta?
  4. En su parroquia, ¿cómo aparece la Liturgia como cumbre y fuente de vida cristiana? Coméntelo.

 

No agota toda la riqueza de Cristo

10. No obstante tanta grandeza de la sagrada Liturgia, ésta no agota toda la actividad de la Iglesia (SC 9), pues la participación activa en la sagrada liturgia no abarca toda la vida espiritual, ya que existen otras formas de entrar en comunicación con Dios y participar de su gracia. En efecto, el cristiano, llamado a orar en común, debe, no obstante, entrar también en su cuarto para orar al Padre en secreto; más aún, debe orar sin tregua… llevar la mortificación de Jesús en su cuerpo… y hacer de su vida una ofrenda agradable a Dios (SC 12). Por eso se recomiendan también los ejercicios piadosos que acostumbra el pueblo cristiano, guiado por el Espíritu Santo y bajo la autoridad de sus Pastores. Es lo que nosotros conocemos como piedad, religiosidad  o  devoción  popular. El Documento de Puebla la describe así: Es el conjunto de hondas creencias selladas por Dios, de las actitudes básicas que de esas convicciones derivan y las expresiones que las manifiestan. Se trata de la forma o de la existencia cultural que la religión adopta en un pueblo determinado. La religión del pueblo latinoamericano, en su forma cultural más característica, es expresión de fe católica. Es un catolicismo popular (Nº 444). Es necesario que estos actos de la piedad popular vayan de acuerdo con la sagrada  Liturgia, en cierto modo deriven de ella y a ella conduzcan al pueblo, ya que la liturgia, por su naturaleza, está muy por encima de ellos (SC 13). Esta religiosidad popular deber ser siempre evangelizada, es decir, confrontada, purificada y vivificada por la palabra de Dios y por la sagrada Liturgia, para evitar su deterioro y degeneración. Los actos litúrgicos son los que se encuentran en los libros oficiales de la Iglesia y que garantizan la correcta celebración del culto y de los misterios de nuestra fe. Los actos de piedad popular o devociones deben inspirarse en la palabra de Dios y en la Liturgia  y como prolongarla por las casas en la vida diaria, pero nunca ir en contra de ella ni suplantarla.

Cuestionario: 

  1. ¿Por qué la Liturgia no agota la vida cristiana?
  2. ¿Cómo deben de ser las devociones para que sean auténticas?
  3. ¿Qué libros litúrgicos conoce usted? Pida a su párroco que se los enseñe.
  4. ¿Qué predomina en su parroquia (por ejemplo en el Semana Santa), la Liturgia o las devociones populares? Coméntelo.

 

Formación litúrgica

11. Como bien se ve, la celebración de la sagrada Liturgia necesita preparación y cuidado exquisito. Es indispensable una esmerada formación litúrgica tanto de los pastores como de los fieles. En la Liturgia nada se improvisa ni se inventa: se celebran los misterios de Dios y no los gustos de cada quien; por eso está bajo la vigilancia de la autoridad eclesiástica, como lo recuerda el Concilio: Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es ‘sacramento de unidad’, es decir, pueblo santo congregado y ordenado bajo la dirección de los Obispos (SC 26). El Obispo debe ser considerado como el gran sacerdote de su grey, de quien deriva y depende en cierto modo la vida en Cristo de sus fieles. La pastoral litúrgica debe jugar un papel de primera importancia en la renovación de la diócesis y de la parroquia. El Obispo, en su catedral, debe ofrecer celebraciones dignas, de manera que sirvan como de modelo e inspiración a todas las parroquias. Es el depositario y custodio de ese tesoro de la Iglesia que son las celebraciones litúrgicas y por eso, como enseña San Ignacio de Antioquia, que nadie, sin contar con la autorización del Obispo, haga nada de cuanto atañe a la Iglesia. Sólo aquella Eucaristía ha de tenerse por válida que se celebre por el Obispo o por quien tenga su autorización. Dondequiera que apareciere el Obispo, allí está la Iglesia, al modo que dondequiera que estuviere Jesucristo, allí está la Iglesia universal. Sin contar con el Obispo, no es lícito ni bautizar ni celebrar la Eucaristía (Carta a los Esmirniotas, VIII, 1-2). Sólo dentro de la comunión con la Iglesia, representada por el Obispo, se rinde verdadero culto a Dios. La presencia del Obispo en las fiestas patronales no es para darles brillo exterior, sino para confirmar la fe y hacer presente a la Iglesia en plenitud. La concelebración eucarística presidida por el Obispo, junto con el párroco y los sacerdotes y ministros asistentes y con la participación gozosa de la comunidad, esa es la verdadera solemnidad. En las parroquias, el párroco hace las veces del Obispo y, bajo su autoridad, es el responsable del culto divino y de la santificación de sus fieles. De aquí la necesidad de fomentar teórica y prácticamente entre los fieles y el clero la vida litúrgica parroquial y su relación con el Obispo. Hay que trabajar porque florezca el sentido comunitario parroquial sobre todo en la celebración de la Misa dominical (SC 42). Decía el Papa Juan Pablo II: La Liturgia nunca es propiedad privada de alguien, ni del celebrante ni de la comunidad en que se celebran los Misterios (Eccl de Euchar., Nº 52). Observar las normas litúrgicas es una manera silenciosa pero elocuente de manifestar el amor por la Iglesia (Ibíd.), de vivir la espiritualidad de comunión.

 Cuestionario:

  1. ¿Por qué es importante que  exista el sentido comunitario en su parroquia? ¿Existe de verdad?
  2. ¿Cuál es la importancia de la santa Iglesia Catedral?
  3. ¿Qué buscan más los fieles, sus gustos personales o la celebración de los misterios santos? Describa la celebración de un matrimonio en su parroquia.
  4. ¿Existe el equipo litúrgico en su parroquia? ¿Qué formación litúrgica ha recibido usted, los mayordomos, la comunidad?

 

La importancia de la Palabra de Dios

12. Hemos dicho que en la Iglesia lo que se proclama en la Palabra se celebra en la Liturgia y se vive en la Caridad, y el Concilio afirma con toda claridad que la importancia de la Sagrada Escritura en la celebración de la  liturgia es muy grande (SC 24). Hay, pues, una relación estrechísima entre la Sagrada Escritura y la Liturgia. Por eso los padres conciliares recomendaron que, si se quiere una verdadera reforma litúrgica, se debe fomentar aquel amor suave y vivo hacia la Sagrada Escritura que atestigua la venerable tradición de los ritos tanto orientales como occidentales (SC 24). En efecto, de la Sagrada Escritura se toman las lecturas que luego se explican en la homilía, las preces, oraciones e himnos litúrgicos están impregnados de su espíritu, y de ella reciben su significado las acciones y signos (Ibíd.). En otro documento conciliar, en la constitución Dei Verbum, se nos recuerda que la Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues sobre todo en la liturgia, nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo (Nº 21). La Liturgia es el lugar privilegiado donde se escucha, se celebra y se vive la Palabra de Dios presente tanto en la Sagrada Escritura como en la Tradición viva de la Iglesia. Los padres conciliares nos dicen que la Sagrada Escritura merece igual veneración  que el Cuerpo de Cristo y que la mesa donde se nutre el cristiano tiene dos panes, el Pan de la Palabra y el Pan de la Eucaristía. Por eso el Evangeliario se coloca sobre el altar, lo mismo que el Misal. Ningún otro libro más. El ambón es un espacio litúrgico; es la mesa donde se proclama y parte el pan de la Palabra de Dios y allí se coloca el Leccionario. Debe ser digno, fácilmente visible y estable y no un mero atril improvisado.

Cuestionario:  

  1. ¿Por qué es tan importante la Sagrada Escritura en la Liturgia?
  2. ¿Cómo se venera la Sagrada Escritura en su parroquia?
  3. ¿Cómo prepara el Señor la mesa del cristiano?
  4. ¿Hay escuela bíblica en su parroquia? Coméntelo.

 

La Palabra se cumple y se celebra

13. Nos vamos a fijar en una frase de la cita anterior: De la Sagrada Escritura reciben su significado las acciones y signos de la celebración litúrgica, es decir, lo que se celebra es lo que se anuncia y proclama en la Palabra, en la Historia de la Salvación. Lo que se celebra en la Liturgia son hechos salvíficos, acontecimientos salvadores que se narran en la Escritura y que se actualizan en la Liturgia. El bautismo, por ejemplo, es una nueva creación surgida del agua, del Espíritu y de la Palabra; un nuevo diluvio que sepulta al mundo pecador y salva en el arca (la Iglesia) al hombre; es el paso del mar Rojo y el paso del Jordán donde el hombre deja de ser esclavo, adquiere su verdadera libertad y entra a la tierra prometida, etcétera; todos estos hechos se cumplen en Cristo, en su muerte y resurrección, su misterio pascual, como enseña San Pablo: Todo eso acontecía en figura de lo que iba a venir (1 Cor 10,11). La Liturgia cristiana no celebra solsticios o equinoccios, a la madre tierra, a los signos del zodiaco o a los puntos cardinales, o gustos y sentimientos personales por más piadosos que sean, sino hechos históricos anunciados en el Antiguo Testamento, cumplidos en Cristo y continuados en la vida de la Iglesia. Celebramos las maravillas de Dios realizadas a favor de los hombres. Esta es la ley de la Historia de la Salvación y de la santa Liturgia. Las acciones y signos litúrgicos toman su significado de la Sagrada Escritura. Si se desconoce la santa Biblia no se entiende la Liturgia; por eso decía San Jerónimo que desconocer la Escritura es desconocer a Jesucristo (Comm. In Is. Prol.). Si se ignora la Sagrada Escritura, no se comprenden los signos y las acciones litúrgicas y de allí viene el aburrimiento como fruto de la ignorancia. Debemos de aprender a rezar con la historia. Por eso la Iglesia pide la catequesis litúrgica o mistagogia, la explicación y comprensión de los misterios santos revelados en la historia de la salvación.

Cuestionario:

  1. Enuncie usted los tres pasos de la historia de la salvación.
  2. ¿Cree usted que se puede rezar con la historia? Lea el Salmo 136(5).
  3. Tome usted las lecturas de un domingo y vea la relación que existe entre la primera lectura, el salmo responsorial, el evangelio y la antífona de la comunión. Vea como está hecho el Leccionario.
  4. ¿Hay catequesis litúrgica en su parroquia? Coméntelo.

 

Piedad popular y Liturgia

14. La piedad popular consiste en las diversas manifestaciones de índole cultural y religioso que expresan la fe y las creencias de un conglomerado humano, no con los ritos propios de la Liturgia sino con prácticas y formas particulares derivados del modo de ser y de la cultura de un pueblo. Cuando los contenidos dicen referencia a la fe cristiana y se inspiran en ella, estas expresiones adquieren un gran valor y deben ser tratadas con respeto y aprecio, pues manifiestan la fe del pueblo sencillo y conllevan a veces grandes sacrificios. Por otra parte, estas prácticas piadosas suelen dejarse contaminar con elementos supersticiosos y hasta contrarios a la dignidad humana y al recto sentido de Dios y de su Providencia. A veces se convierten en fuente de explotación. Por eso, la Iglesia nos invita a revisar y confrontar dichas prácticas religiosas con la Palabra de Dios y a relacionarlas siempre con las celebraciones litúrgicas. La auténtica piedad popular se inspira en la Liturgia y conduce a ella; no la contradice ni la suplanta, sino que la enriquece con su vitalidad. Cuando se deteriora la piedad popular esto se debe, según el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia, a tres causas principales: a) la escasa conciencia o disminución del sentido de la Pascua y del lugar central que ocupa la historia de la salvación, de la cual la Liturgia cristiana es la actualización;  b) la pérdida del sentido del sacerdocio universal en virtud del cual los fieles están habilitados para ‘ofrecer sacrificios agradables a Dios por medio de Jesucristo’ (1 Pe 2,5); y c) al desconocimiento del lenguaje propio de la Liturgia —el lenguaje de los signos, los símbolos, los gestos rituales… —, por los cuales los fieles pierden en gran medida el sentido de la celebración (Nº 48). Al no entender la naturaleza de la Liturgia, los contenidos, o sea, misterios santos que se celebran y los signos que los expresan, los fieles prefieren las prácticas sencillas de la piedad popular, para ellos más significativas, que poco a poco se van deteriorando y sustituyendo a la Liturgia. La piedad popular es un tesoro valioso, pero frágil, que hay que cuidar con esmero y celo pastoral.

Cuestionario:

  1.  Nombre los actos de piedad popular más significativos de su parroquia.
  2. Analice tres de ellos y vea si están de acuerdo con la Liturgia o no, por ejemplo la Semana Santa.
  3. ¿Cuáles son los defectos o abusos más sobresalientes, si los hay, y diga en dónde está la falla? Coméntelo.

 

El año litúrgico

15. Cristo ayer y hoy, Principio y fin, Alfa y Omega. Suyo es el tiempo y la eternidad, dice el sacerdote al adornar el cirio en la Vigilia pascual. Cristo es el Señor de la historia humana que, por Él y en Él, es historia de salvación. Por eso, los hechos más relevantes de esa historia de salvación, los celebra la Iglesia durante el Año Litúrgico. Oigamos al Concilio: La santa madre Iglesia considera deber suyo celebrar con sagrado recuerdo, en días determinados a través del año, la obra salvífica de su divino Esposo… En el círculo del año desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación y la Natividad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor (SC 102). La Iglesia celebra los hechos salvadores de Cristo, es decir, acontecimientos históricos de su vida, como son: el hecho de la Encarnación, su Pasión, muerte y resurrección, su Ascensión al cielo, la venida del Espíritu Santo, su Segunda venida gloriosa, etcétera. Conmemorando así los misterios de la redención, abre las riquezas del poder santificador y de los méritos del Señor, de tal manera que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo para que puedan los fieles  ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación (Ibid.). La celebración del año litúrgico actualiza toda la obra salvadora y santificadora de Cristo en favor nuestro. Es, dice el Concilio, un sagrado recuerdo o memorial, en el cual un hecho del pasado se hace presente en la celebración litúrgica y se actualiza su fuerza salvadora. Nos convierte en testigos presenciales y beneficiarios de su gracia. Si es estrecha la puerta que lleva a la salvación, es inmensa la gracia salvadora que se nos ofrece. El año litúrgico es como el río de la vida que brota del costado de Cristo e inunda toda la ciudad de Dios y las casas de los fieles.

Cuestionario:  

  1. ¿Qué celebra la Iglesia en el año litúrgico?
  2. ¿Cómo es que la historia humana es historia de salvación?
  3. ¿Para qué se celebran los hechos salvíficos? ¿Qué es un memorial?
  4. ¿Le parece exagerado que Dios le pida ser santo? Coméntelo.

 

La Pascua semanal

16. La santa Iglesia cada semana, en el día que llamó ‘del Señor’, conmemora su resurrección, que una vez al año celebra junto con su santa pasión, en la máxima solemnidad de la Pascua (SC 102). La mirada se centra en el domingo que, desde los inicios, los cristianos llamaron Día del Señor (Ap 1,10), día de Jesús resucitado, triunfador del pecado y de la muerte. El ritmo dominical lo marcó el mismo Jesucristo con su resurrección, con sus apariciones y con el envío del Espíritu Santo. Cada ocho días la santa Iglesia hace memoria agradecida y gozosa de la pasión, resurrección y gloria del Señor Jesús (SC 106), por lo cual el domingo es considerado como la fiesta primordial y verdadera Pascua semanal (SC 48), fundamento y núcleo de todo el año litúrgico (SC 106), cuya importancia testimoniaron los mártires que confesaron en presencia del tribuno antes de morir: Nosotros, sin la celebración del domingo, no podemos vivir (a. 304). El Papa Juan Pablo II nos regaló una carta apostólica intitulada El Día del Señor, donde nos señala que en el día Domingo los cristianos Celebramos la obra de Dios creador; el Día de la resurrección de Cristo; el Día de la venida del Espíritu Santo o Pentecostés; el Día de la Iglesia, reunida en asamblea de fiesta, el Día del hombre, día de descanso, de libertad y de solidaridad y el Día de los días, es decir, el día que da sentido al tiempo y a la existencia humana, y que la conecta con la eternidad. Sin celebración del Domingo no puede haber vida cristiana seria, ni una auténtica renovación de la vida parroquial. Opiniones como la que dice que todos los días son iguales o que van a Misa sólo cuando les nace, ignoran y destruyen la naturaleza de la vida cristiana, centrada en el día domingo.

Cuestionario: 

  1. ¿Por qué el Domingo es la pascua semanal?
  2. Enumere todo lo que los cristianos debemos celebrar el Domingo.
  3. Lea el Prefacio Dominical X y diga cómo será el último Domingo.
  4. ¿Cómo se celebra un Domingo en su parroquia? Coméntelo.

 

El Triduo pascual

17. Todos los años la Iglesia celebra, con especial fervor, los misterios centrales de nuestra fe en el llamado el Sacratísimo triduo del crucificado, del sepultado y del resucitado o Triduo Pascual, y que inicia el Jueves con la misa vespertina en la Cena del Señor hasta las vísperas del Domingo de la Resurrección. Triduo Pascual no significa tres días de preparación a la Pascua, sino que ésta se celebra en tres días en su totalidad, como el paso de Jesús por su pasión y muerte (viernes), su santa sepultura (sábado) hasta su gloriosa resurrección. El sábado santo es el día del gran silencio y la Iglesia lo pasa en vela, junto al sepulcro de su Señor. Es el día de la esperanza cristiana. Como nos enseña san Pablo Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado (I Cor 5,7) y, por eso, canta la Iglesia ¡Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo! (Ps 117(8), 24). A partir de este Domingo glorioso de la resurrección del Señor la Iglesia construyó el triduo de Cristo inmolado, de Cristo sepultado y de Cristo resucitado, cumbre y eje central del año litúrgico. Este día solemnísimo de Pascua se preparó con cuarenta días de oración y penitencia, la Cuaresma, y ahora se prolonga durante cincuenta días, el tiempo pascual, que debe celebrarse como si fuera un solo y único día festivo, más aún, como un gran domingo (NUALC 22), y que se cierra con Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia. La Pascua se actualizará cada Domingo, a lo largo del año, como pascua semanal. El Triduo Pascual es considerado, con toda razón, como la máxima solemnidad (SC 102) de la Iglesia. Puede decirse que esta celebración es como el termómetro para calibrar la calidad espiritual de la comunidad creyente.

Cuestionario:

  1. Describa el Triduo pascual en todos sus elementos.
  2. ¿Cómo se celebra el Triduo pascual en su parroquia? El sábado santo, ¿es un día vacío? ¿Qué se celebra y qué se hace en su parroquia?
  3. ¿Qué se celebra durante la cincuentena pascual? ¿Qué hizo Jesús resucitado en ese tiempo? ¿Cómo se celebra la Ascensión del Señor?
  4. ¿Qué se celebra en Pentecostés?

 

Dios, admirable en sus santos

18. La riqueza del poder santificador y de los méritos de Cristo se manifiesta en sus discípulos mediante frutos eximios y variados de santidad; por eso, en la celebración del círculo anual de los misterios de Cristo, la santa Iglesia venera con amor especial a la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María, unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo (SC 103). La Virgen Santísima es el fruto espléndido de la redención de su Hijo y, al mismo tiempo, la imagen purísima de lo que ella misma (la Iglesia), toda entera, espera ser. Al celebrar a la Virgen Santísima la Iglesia admira su santidad y espera llegar a ser toda entera como Ella. Además, la Iglesia introdujo en el círculo anual el recuerdo de los mártires y de los demás santos que, llegados a la perfección por la multiforme gracia de Dios y habiendo ya alcanzado la perfección eterna, cantan la perfecta alabanza a Dios en el cielo e interceden por nosotros (Ibid). En los mártires y en los santos se cumple el misterio pascual de Cristo, en toda su variada riqueza y en todo su esplendor: Los Patriarcas y los Profetas, san Juan Bautista, la santa Madre de Jesús y San José, los santos Apóstoles y los Testigos eximios de la fe: los mártires, las vírgenes y los confesores, esparcidos por todo el orbe de la tierra, y aquellos que nos han precedido en el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz… Todo este ejército glorioso es fruto de la obra redentora de Cristo, de su misterio pascual, modelos de vida e intercesores nuestros.

Cuestionario:

  1.  ¿Por qué venera la Iglesia a los santos?
  2. ¿Qué espera la Iglesia al venerar la memoria de la Virgen María?
  3. ¿Cómo se celebra en su parroquia la fiesta patronal y el 1° de noviembre?
  4. ¿Se advierte en la celebración el triunfo del misterio pascual de Cristo? Coméntelo.

 

Culto y belleza

19. En las celebraciones litúrgicas se manifiesta de muchas maneras la belleza de Dios: en la arquitectura, la música, la pintura, la escultura, los ornamentos, la poesía; a veces de manera suntuosa, como en las grandes catedrales, a veces de manera humilde, como en nuestras artes populares. La Iglesia aprecia y cultiva la belleza para gloria de Dios: Entre las actividades más nobles del ingenio humano se cuentan, con razón, las bellas artes, principalmente el arte religioso y su cumbre, que es el arte sacro… relacionado con la infinita belleza de Dios (SC 122). El arte sacro refleja la belleza de Dios y sirve al hombre para elevarse hasta Él. Dios hizo todas las cosas, y las hizo buenas y las hizo bellas. Él es la Belleza increada y la creación su reflejo. El arte y la belleza en la Liturgia no es un lujo, sino una necesidad. Esto no quiere decir que deba ser suntuoso, sino con noble decoro: Los Obispos, al promover y favorecer un arte auténticamente sacro, busquen una noble belleza más que la mera suntuosidad (SC 124). La belleza siempre comienza con el orden y la limpieza y es expresión del amor. ¿Qué es lo que hace bella la vida de Cristo? Sin duda que su amor; sus gestos sencillos de curar, perdonar, anunciar el Reino, caminar sobre el mar son bellos porque reflejan su amor compasivo y misericordioso. El siguiente criterio es importante de tener en cuenta: La Iglesia no consideró como propio estilo artístico alguno, sino que, acomodándose al carácter y condiciones de los pueblos y a las necesidades de los diversos ritos, aceptó las formas de cada tiempo, creando en el curso de los siglos un tesoro artístico digno de ser conservado cuidadosamente (SC 123). La Iglesia no tiene un arte propio, sino que asume y recrea todo lo noble y bello que existe en las culturas, a las que fecunda con la savia del Evangelio. En México, la Iglesia tomó, asimiló y ennobleció todas las manifestaciones artísticas de los pueblos autóctonos y dio por resultado la riqueza de nuestro arte religioso y popular. Esto se llama ahora inculturación del Evangelio.

Cuestionario:  

  1. ¿Por qué la Iglesia ama y cultiva la belleza en su Liturgia?
  2. Cite algunos ejemplos de arte inculturado entre nosotros.
  3. ¿Su templo parroquial y su Liturgia resplandece con la noble belleza que pide el Concilio? Las imágenes, ¿son dignas? Coméntelo.

La música litúrgica

20. La música  es un elemento de suma importancia en el culto cristiano, pues la acción litúrgica reviste una forma más noble cuando los oficios divinos se celebran solemnemente con canto (SC 113); en efecto, la tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro inestimable, que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la Liturgia solemne (SC 112). Aquí se dice algo muy importante: que la música sacra será tanto más santa cuanto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica (SC 112) y, por tanto, concorde con la Palabra de Dios, que es la que marca el sentido del misterio que se celebra. Lo importante es el misterio que se celebra y no el gusto o sentimiento de los participantes. Las expresiones musicales populares y regionales son válidas sólo si son capaces de expresar el misterio salvífico que anuncian los textos sagrados. La primacía la tiene siempre la Palabra de Dios, como expresión del misterio divino que se actualiza en la celebración. Por eso, la Iglesia reconoce el canto gregoriano como el propio de la liturgia romana; en igualdad de circunstancias hay que darle, por tanto, la primacía en las acciones litúrgicas. Los demás géneros de música sacra, y en particular la polifonía, de ninguna manera han de excluirse, siempre y cuando se salvaguarde la finalidad de la música sacra que es la gloria de Dios y la santificación de los fieles (SC 113) y nuca el gusto o el lucimiento personal. El canto sacro es una de las formas más nobles de la participación litúrgica y el órgano de tubos el instrumento que debe tenerse en mayor estima por ser el más apto para levantar poderosamente las almas hacia Dios (SC 120); son aceptados otros instrumentos musicales siempre y cuando sean aptos o puedan adaptarse al uso sagrado, convengan a la dignidad del templo y contribuyan realmente a la edificación de los fieles (Ibíd.). La música es el arte de los sonidos y, cuando se dice arte, se dice belleza, armonía, buen gusto, educación y hasta genialidad; por eso, el Concilio ordena que se de mucha importancia a la enseñanza y a la práctica musical en los seminarios… que se erijan institutos superiores de música sacra y que se ofrezca una genuina educación litúrgica a los compositores y cantores. Se debe evitar la improvisación y aquí no basta la buena voluntad.

Cuestionario:

  1.  ¿El coro o los cantores de su parroquia tienen preparación musical litúrgica?
  2. Los textos que se cantan en la Misa, ¿corresponden a los misterios que se celebran? ¿Quién escoge los cantos?
  3. ¿Se canta algo en gregoriano, o de polifonía?
  4. ¿Alguno ha estudiado en la Escuela Diocesana de Música Sacra?
  5. Diga cómo son las celebraciones en su parroquia: monótonas, aburridas, ruidosas… y qué se puede hacer para mejorarlas. Coméntelo.

 

Espacio, tiempo, acciones santas

21. En la Liturgia cristiana se conjugan el tiempo y el espacio, las palabras y las acciones, el silencio y el canto, los ritos y las oraciones que realizan las personas aptas para ese desempeño. Allí nada es fortuito, nada se improvisa, nada es al acaso; todo tiene su sentido y su significado. En una palabra, la Liturgia es armonía y es orden porque es belleza; y es belleza porque es manifestación, epifanía, de la santidad de Dios. En la Liturgia todo gesto y toda acción está acompañado de la palabra de Dios que se vuelve oración, súplica, alabanza, acción de gracias. Son ritos y oraciones (SC 48) que necesitan tiempo suficiente y espacio adecuado para desarrollarse y expresarse y que suponen educación, disciplina y normas que deben observarse. Las rúbricas tienen por finalidad mantener el espíritu de la liturgia, que no es obra humana sino de Dios, del Espíritu. Hemos ya superado el ritualismo y el rubricismo, ahora debemos vencer la improvisación y el atropello. Jesucristo necesitó de un tiempo suficiente y de un espacio apto para anunciar su mensaje, y de símbolos comprensibles para realizar las acciones salvíficas en favor de los hombres. Estas palabras y estas acciones de Cristo se actualizan en la Liturgia, en sus Sacramentos. Por tanto, la Liturgia es el espacio que Cristo necesita para expresar su santa voluntad e invitarnos a aceptar su salvación. Con toda verdad se afirma que los gestos que hace el sacerdote los realiza in persona Christi, como la misma persona de Cristo. La Liturgia terrena tiene que ser el anticipo de la que celebra la Iglesia triunfante en la Jerusalén celestial. Lo expresamos con las palabras de la carta a los Hebreos: Ustedes se han acercado al monte Sión y a la ciudad del Dios vivo, que es la Jerusalén celestial, al coro de millares de ángeles, a la asamblea de los primogénitos que están inscritos en el cielo, a Dios, juez universal, a los espíritus de los que viviendo rectamente han alcanzado la meta, a Jesús, el mediador de la nueva alianza, que nos ha rociado con una sangre que habla mejor que la de Abel (Hb 12, 22-24).

Cuestionario:  

  1. Al salir de Misa, ¿los fieles han experimentado un encuentro con Cristo vivo?
  2. ¿Conoce usted el significado de todos los gestos y acciones que hace el sacerdote en Misa?
  3. ¿Las celebraciones parroquiales son ordenadas, pausadas, devotas o son lo contrario? ¿Diría que Cristo se hace presente en la celebración de la Liturgia? Coméntelo.

La Iglesia vive de la Eucaristía

22. La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza constantemente, en múltiples formas, la promesa del Señor: ‘He aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo’ (Mt 28,20); en la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única, dice el Papa Juan Pablo II en su encíclica “La Iglesia vive de la Eucaristía” (Nº 1). Y añade: Con razón ha proclamado el Concilio Vaticano II que el Sacrificio eucarístico es ‘fuente y cumbre de toda la vida cristiana’ (LG 11). La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo (PO 5). Por tanto la mirada de la Iglesia se dirige continuamente a su Señor, presente en el Sacramento del altar, en el cual descubre la plena manifestación de su inmenso amor (Ibíd.). La primera comunidad cristiana comprendió desde el principio esta maravillosa verdad, por eso, los discípulos comenzaron a reunirse para escuchar las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del Pan y a las oraciones (Hech 2, 42). La Iglesia nació de la Eucaristía, de la Pascua del Señor, y vive de la Eucaristía, anunciando su muerte y proclamando su resurrección hasta su retorno glorioso. Y concluye el Papa: Anunciar la muerte del Señor ‘hasta que venga’ (1 Cor 11,16), comporta para los que participan en la Eucaristía el compromiso de transformar su vida, para que toda ella llegue a ser, en cierto modo eucarística (Ibíd. Nº 20).

Cuestionario: 

  1. ¿Por qué la santa Eucaristía es la “fuente y cumbre” de la Liturgia?
  2. ¿Qué significa la Fracción del Pan? ¿Qué otros nombres recibe la santa Eucaristía?
  3. ¿Por qué la renovación de la parroquia debe partir de la renovación eucarística? ¿Cómo puede usted hacer de su vida una “eucaristía”?
  4. ¿Cómo está en su parroquia la capilla del Santísimo Sacramento?

 

La Virgen María, Mujer “eucarística”

23. El Papa Juan Pablo II cierra su encíclica sobre la Eucaristía con un capítulo sobre la relación entre la Virgen María y la santa Eucaristía (Nos. 53 al 58). Dice el santo Padre que, si queremos descubrir en toda su riqueza la relación íntima que une Iglesia y Eucaristía, no podemos olvidar a María, Madre y modelo de la Iglesia. Aunque la Virgen Santísima no estuvo presente físicamente en la institución de la Eucaristía el jueves santo, toda su vida fue “eucarística”. En efecto, aparece ya en la primitiva comunidad cristiana con los Apóstoles concordes en la oración (Hech 1,14) y, por consiguiente, en las reuniones eucarísticas llamadas allí “Fracción del Pan” (Hech 2,42). Pero, toda la vida de María fue “eucarística”, porque Ella invita a hacer lo que Él os diga (Jn 2,5), y lo que Él ordena es haced esto en memoria mía (Lc 22, 19), es decir, a celebrar la Eucaristía: Él, que fue capaz de transformar el agua en vino, es igualmente capaz de hacer del pan y del vino su cuerpo y su sangre, cuerpo y sangre formados también en el seno de María, como canta la Iglesia: Ave verum corpus natum de María Virgine. La fe de María en su Hijo Jesucristo es total, y la santa Eucaristía es el Mysterium fidei, el misterio de fe, de la que María es el modelo eximio: ¡Dichosa tú, porque has creído! Además, en la cruz, la Virgen Santísima se ofreció juntamente con su Hijo bendito por nosotros, sacrificio que ya había en cierto modo anticipado al escuchar al anciano Simeón que le anunciaba que una espada de dolor atravesaría su alma, cuando estuvo en el templo para presentarle al Señor (Lc 2, 22). Finalmente, si la Eucaristía es un dar gracias a Dios por las maravillas realizadas en la historia de la salvación en vistas de Jesucristo y su obra salvadora, la Virgen Santísima en el Magnificat canta esas maravillas realizadas en Ella y alaba al Padre por Jesús, pero también en Jesús y con Jesús. Esto es precisamente una ‘actitud eucarística’. Y concluye el Papa: ¡La Eucaristía se nos ha dado para que nuestra vida sea, como la de María, toda ella un magnificat!

Cuestionario:  

  1. ¿Por qué podemos decir que María Santísima es “mujer eucarística”? Lea todo el capítulo VI de la encíclica “La Iglesia vive de la Eucaristía” (Nos. 53 a 58).
  2. ¿Cómo puede usted hacer que su vida sea un verdadero canto del “magnificat”?
  3. ¿Cómo se imagina usted a la Virgen Santísima en la Eucaristía de su parroquia? Coméntelo.

 

III. CONCLUSIÓN

La presente carta pastoral no pretende ser un curso sobre la Liturgia cristiana, ni abarcar un temario completo sobre sus contenidos, sino solamente subrayar los aspectos más importantes y significativos de la celebración litúrgica e invitar a los hermanos presbíteros y a las comisiones litúrgicas a poner todo su empeño por vivir lo que enseña la Iglesia, adoctrinada ciertamente por el Espíritu Santo, mediante las enseñanzas del Concilio Vaticano II y del posterior Magisterio pontificio. Invito a todos a repasar y poner a disposición de los fieles los documentos más importantes sobre la sagrada Liturgia, como son: La Constitución sobre la Sagrada LiturgiaSacrosantum Concilium, del concilio Vaticano II (1963); la carta encíclica Ecclesia de Eucaristía del Papa Juan Pablo II (2003); la Instrucción Redemptionis Sacramentum de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (2004); el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia de la misma Congregación (2001) y la carta apostólica Mane nobiscum Domine del Papa Juan Pablo II (2004), en cuyo honor y en señal de agradecimiento por sus enseñanzas y por el luminoso ejemplo que nos dio en las celebraciones litúrgicas que presidió tanto en Roma como en sus memorables viajes por todo el mundo, transcribo su magnífica introducción invitando a todos los fieles a hacer nuestros tan elevados deseos: ‘Quédate con nosotros, Señor, porque atardece y el día va de caída’(cf. Lc 24,29). Ésta fue la invitación apremiante que, la tarde misma del día de la resurrección, los dos discípulos que se dirigían hacia Emaús hicieron al Caminante que a lo largo del trayecto se había unido a ellos. Abrumados por tristes pensamientos, no se imaginaban que aquel desconocido fuera precisamente su Maestro, ya resucitado. No obstante, habían experimentado como ‘ardía’ su corazón (cf. V.32) mientras él les hablaba ‘explicando’ las Escrituras. La luz de la Palabra ablandaba la dureza de su corazón y ‘se les abrieron los ojos’ (Cf. Ibíd… 31). Entre la penumbra del crepúsculo y el ánimo sombrío que los embargaba, aquel Caminante era un rayo de luz que despertaba la esperanza y abría su espíritu al deseo de la plena luz. ‘Quédate con nosotros’, suplicaron, y Él aceptó. Poco después el rostro de Jesús desaparecería, pero el Maestro se había quedado verdaderamente en el ‘pan partido’, ante el cual se habían abierto sus ojos (No 1). Pedimos insistentemente el Señor Jesús que encienda nuestro corazón cuando leemos las Santas Escrituras, que abra nuestros ojos a su presencia consoladora  al Partir el Pan y que nos acompañe siempre en nuestro camino hacia la Casa del Padre.

Santiago de Querétaro, Qro., Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, 1° de Enero del 2007

† Mario de Gasperín Gasperín
Obispo de Querétaro
 
Hna. Lic. Ana Isabel Romero Ugalde, mjh
Secretaria Canciller

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